
A dos meses de las elecciones generales, Bolivia está sumida en una ola de protestas y conflictos sociales por la crisis económica que enfrenta el país y la inhabilitación de Evo Morales para disputar los comicios del 17 de agosto.
Este martes se vivió una jornada de violencia en la localidad minera de Llallagua, en el departamento de Potosí (sudoeste), donde los pobladores enfrentaron a los manifestantes que mantenían puntos de bloqueo en la región.
“Los vecinos, transportistas y comerciantes, agobiados tras una semana de corte total en el suministro de combustible, gas y alimentos, decidieron tomar las calles para desbloquear por la fuerza la ruta que permanece cerrada por grupos identificados con el expresidente Morales”, señala el diario local El Potosí.
Según se observa en imágenes difundidas en redes sociales, en el enfrentamiento hubo detonaciones y gente corriendo en medio de gritos para protegerse de pedradas y golpes con palos.
El choque provocó 51 heridos con varias contusiones, heridas abiertas en la cabeza y miembros inferiores producto de pedradas y golpes.
El viceministro de Régimen Interior, Jhonny Aguilera, informó ayer que los manifestantes utilizaron armas de fuego. Sin embargo, no hay evidencia de su uso y en ninguno de los cuatro centros de salud y dos hospitales que recibieron heridos afimaron haber atendido lesiones de bala.

La violencia se instaló por más de siete horas en la localidad ubicada a 290 kilómetros al sur de La Paz. El conflicto surgió porque algunos pobladores instalaron bloqueos que mantienen aislada a la población, en reclamo por la crisis financiera, para exigir la renuncia del presidente Luis Arce y en respaldo al ex presidente Morales, que fue excluido de las elecciones generales de agosto por una sentencia constitucional que limita el ejercicio de la Presidencia a dos mandatos y Morales ya ocupó el cargo en tres periodos, entre 2006 y 2019.
Según Juan Carlos Enríquez, jefe de prensa de la Radio Pío XII, el conflicto acabó “por cansancio”. En entrevista con Infobae, relató que en el municipio de 41.000 habitantes solo hay 40 policías que fueron rebasados, y que contingentes militares y de la Policía no pudieron ingresar al centro de Llallagua por los bloqueos.
Enríquez indicó que las personas que se enfrentaron pertenecen al mismo municipio pero que tienen desacuerdos sobre la continuidad de la protesta. Mientras unos quieren mantener los piquetes, otros “están desesperados” por la falta de combustible, gas domiciliario y alimentos.
Este miércoles la tensión continuaba en la población andina, donde los vecinos instalaron barricadas con alambres de púa, calamina, pedazos de madera y fierros para protegerse de posibles enfrentamientos.

Bloqueos <i>evistas</i> y otras movilizaciones
A los conflictos en Llallagua se suman protestas de otros sectores que exigen acciones para resolver la crisis económica, frenar el alza de los precios y aumentar el suministro de combustible, en un nuevo periodo de escasez.
Los bloqueos se intensificaron hace diez días, cuando los seguidores de Morales radicalizaron sus medidas de presión. Este miércoles, la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) registra al menos 20 puntos de bloqueo en el país, la mayoría ubicados en la región cocalera, al centro del país, el bastión político del ex presidente.
En ese contexto, el presidente Arce descartó presentar su renuncia al cargo, responsabilizó a los partidarios de Morales por la violencia y anunció mano dura contra los movilizados.

“En nueve días de bloqueo no han escatimado, los seguidores de Evo Morales, en agredir a personal de salud, destruir una ambulancia, saquear comunidades, atacar a personal de prensa, arremeter contra policías y buscar muertes, entre otras tantas actividades delictivas. Sin embargo, lejos de condenar esos actos, Morales sale festejando los desmanes y habla de “batalla final”. ¿A qué “batalla final” se refiere? ¿“Final” de qué? ¿A quién le declara la “guerra”? ¿A bolivianas y bolivianos?”, escribió el jefe de Estado en sus redes sociales.
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