
Melania Trump regresa este próximo lunes a la Casa Blanca con, según ha dicho, "más experiencia y mucho más conocimiento" que en su anterior vez, reivindicando su independencia con respecto a su marido en una de las pocas y medidas declaraciones que ha concedido durante unos años en los que se especuló incluso con el divorcio.
Será la segunda mujer en la historia de Estados Unidos que ejerza como primera dama en dos mandatos no consecutivos tras Frances Cleveland. Melania, de 54 años y origen esloveno, ha confirmado estos días que residirá gran parte del tiempo en la Casa Blanca, acabando así con otro rumor recurrente: el de alejarse de Trump.
A lo largo de la campaña, y a diferencia de Douglas Emhoff --esposo de Kamala Harris--, Melania ha optado por permanecer en un segundo plano y apenas ha participado, salvo dejándose ver junto a su esposo o pronunciando unas breves palabras en el mitin del Madison Square Garden de Nueva York.
Su discreción sólo se ha visto interrumpida en momentos muy concretos estos últimos años, como el intento de asesinato de su marido, o para mostrarse favorable al aborto --un tema espinoso dentro del Partido Republicano y que su marido deja en manos de los gobiernos locales-- en medio de la publicación de su libro.
Hace unos días, en vísperas de la vuelta de los Trump a la Casa Blanca y coincidiendo con el inicio de la promoción de un documental sobre su vida que se estrenará a lo largo de 2025, Melania concedió una entrevista para Fox News en la que habló sobre la que espera que sea una etapa mucho más productiva para ella.
"No tuve mucho apoyo", confesó la futura primera dama, quien lamentó algunos simplemente la vieran como la esposa del presidente. "Soy independiente y me valgo por mí misma. Tengo mis propias ideas, mis propios síes y noes", reivindicó.
"Es un momento emocionante", afirmó en la citada entrevista, en la que reprochó no haber contado con la ayuda suficiente para sacar adelante su proyecto sobre salud mental y la lucha contra el acoso en redes entre los más jóvenes y que espera ahora renovar como parte de su identidad como primera dama en este nuevo mandato.
LA APARENTE ANTÍTESIS DE TRUMP
De puertas para dentro, Melania ha ofrecido siempre una imagen de serenidad y ajena a las polémicas, que dista mucho de la proyectada por su marido, un bravucón Donald Trump salpicado por varios escándalos por sus presuntos excesos con mujeres, entre ellos una agresión sexual a la periodista Elizabeth Jean Carroll.
El más mediático de todos ellos ha sido el de la actriz de cine para adultos Stormy Daniels, que ha supuesto que Trump pase a la historia, entre otras cosas, por ser el primer presidente convicto de Estados Unidos al quedar probado que pagó para que los intérprete no desvelara un supuesto encuentro sexual cuando estaba casado y ante el temor de que esto le pudiera costar las elecciones de 2016.
Melania tampoco se ha destapado como una primera dama con excesivo interés por la política, como sí hicieron algunas de sus predecesoras como Hillary Clinton, aunque algunas de sus ideas sobre ciertos temas no distarían mucho de las de su esposo, tal y como ha dejado entrever en algunas entrevistas y declaraciones.
En su libro 'Melania', defiende con ahínco el derecho al aborto, pero también simpatiza con las teorías de fraude electoral en las que Trump insiste a día de hoy. "No soy la única persona que cuestiona los resultados", dice, al mismo tiempo que afirma que no llegó a comprender la magnitud de los disturbios del 6 de enero.
Cuestionada en alguna ocasión si sentía cómoda con las políticas y la agresiva retórica antinmigración de su marido teniendo en cuenta su origen y el de su familia, ella contesta que llegó a Estados Unidos de forma legal.
Sin embargo, no está exenta de polémica la forma en cómo Melania consiguió la residencia permanente. En 2018, se supo que en 2000 --cuando era novia de Trump y aún portaba el apellido Knauss-- solicitó y obtuvo la conocida como 'visa Einstein', que suele reconocer a extranjeros con "capacidades extraordinarias".
No está claro cómo el Gobierno de Estados Unidos concedió a una modelo eslovena la residencia a través de un programa que suele beneficiar a académicos reconocidos, deportistas de élite, actores de cine premiados, o altos ejecutivos.
Aquello vino precedido después de que se especulara cómo sus padres lograron también la residencia permanente en Estados Unidos y si fue mediante el proceso de reunificación familiar que Trump quiso eliminar y que calificó de "migración en cadena".
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