Crisis educativa en Filipinas tras dos cursos con las escuelas cerradas

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Empieza el curso escolar en Filipinas, pero las aulas siguen en silencio. Por segundo año consecutivo, millones de niños realizarán el aprendizaje a distancia desde sus casas, agravando la crisis educativa del país.

Mientras la mayoría de países del mundo reabrieron parcial o totalmente sus colegios, en Filipinas están cerradas desde el inicio de la pandemia por los temores del presidente Rodrigo Duterte de que los alumnos lleven el covid-19 a sus casas.

"Quiero ir a la escuela", dice a la AFP Kylie Larrobis.

Con siete años, todavía no sabe leer tras un año de clases preescolares en línea desde su minúsculo apartamento en una barriada de Manila, donde conviven siete personas.

"No sé cómo es una clase, nunca he visto una", lamenta la niña.

Kylie, que este año comienza la educación primaria, llora de frustración cuando no entiende las lecciones en línea que sigue a través de un teléfono inteligente, explica su madre, Jessielyn Genel.

Para colmo, los niños tienen prohibido jugar al aire libre.

"Lo que está pasando no es bueno", declaró Jessi Genel que, sin embargo, se opone a un retorno presencial mientras la variante delta esté en circulación.

- Abandono escolar -

En octubre se lanzó un programa de "aprendizaje mixto" que contenía cursos en línea, documentos impresos y lecciones por la televisión, pero ocasionó muchos problemas porque la mayoría de estudiantes no tienen ordenador o internet en casa.

Más del 80% de padres filipinos temen que sus niños "aprendan menos", declaró Isy Faingold, responsable de educación de UNICEF en Filipinas, citando una encuesta reciente.

Y casi dos tercios apoyan la reapertura de clases en las zonas donde hay poca transmisión del virus.

"El aprendizaje a distancia no puede sustituir al presencial", dijo Faingold. "Ya había una crisis educativa antes del covid (...) Ahora será peor", añadió.

Los estudiantes filipinos de 15 años ya se encontraban en la cola en lectura, matemáticas o ciencias, según los datos de la OCDE.

La mayoría acuden a escuelas públicas con muchos alumnos por clase, métodos pedagógicos desfasados y pocas inversiones.

El número de escolarizados, que había disminuido a 26,9 millones en septiembre de 2020, ha caído en otros cinco millones desde entonces, según datos oficiales.

Y Faingold teme que muchos "no volverán jamás".

Las clases a distancia también pasan factura en la salud mental de los jóvenes.

"Con la perturbación del aprendizaje presencial y de la interacción social, observamos una regresión en competencias que ya tenían adquiridas", dice Rhodora Concepcion, de la sociedad filipina de psiquiatría infantil.

- "El desarrollo nacional" en juego -

En la diminuta y oscura pieza que comparte con sus hijos de nueve y diez años, Petronilo Pacayra se preocupa por su futuro.

"Sus competencias en lectura se han deteriorado mucho", explica este padre de 64 años, que intenta ayudarles cuando sus dos trabajos se lo permiten.

La directora de su escuela, Josefina Almarez, defiende que "no se ha dejado atrás a ningún niño" durante el primer curso de enseñanza en remoto, pero admite que algunos "necesitan atención especial".

Los más jóvenes pueden notar más las consecuencias del cierre porque los primeros años de escuela son "fundamentales", señala Faingold.

"Si no tienes una base sólida en cálculo y lectura, será muy difícil aprender otras materias", afirma.

Mercedes Arzadon, profesora de educación en la universidad de Filipinas, cree "ridículo" mantener las escuelas cerradas indefinidamente cuando otros países como Indonesia han demostrado que es posible reabrirlas con toda seguridad.

"Están en juego el futuro y el bienestar de nuestros jóvenes, así como el desarrollo nacional", defendió en un comunicado.

En un "escenario optimista", las escuelas filipinas podrán reabrir el año próximo, opina Faingold.

Pero esto dependerá del ritmo de vacunación que, por ahora, solo ha llegado a un 20% de la población objetivo.

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