Encontrando soluciones para el problema del clima en un pueblo español

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Especial para Infobae de The New York Times.

LA ALMUNIA DE DOÑA GODINA, España — Atravesado por canales de riego —uno de los cuales fue construido por los árabes en la Edad Media— y rodeado de campos repletos de melocotoneros, manzanos y cerezos, este lugar, a primera vista, es un tradicional pueblo frutícola del noreste de España.

Sin embargo, en junio del año pasado, La Almunia recibió una distinción inesperada para un pueblo de unos 8000 habitantes: el gobierno español la nombró “Ciudad de la Ciencia y la Innovación”. Este título se concede anualmente desde 2010 a ciudades y pueblos que promueven la investigación y el desarrollo en los sectores público y privado. Las ciudades galardonadas forman una red en la que se comparten ideas y se muestran innovaciones. Además, cada ciudad recibe una subvención anual, renovable cada cuatro años, para contratar a “responsables de innovación” capaces de identificar oportunidades de desarrollo tecnológico local.

Marta Gracia Blanco, alcaldesa de La Almunia, afirmó que el título, concedido el año pasado a veinte municipios del país, entre ellos cuatro localidades de menos de 20.000 habitantes, estaba más que justificado. Tras su fachada rural, La Almunia es un centro de innovación tecnológica sustentable.

En una granja avícola a las afueras del pueblo, una empresa emergente afirma haber hecho funcionar el primer tractor del mundo con biometano producido totalmente a partir de excrementos de gallina. Un laboratorio de la planta de tratamiento hídrico depura las aguas residuales con plantas acuáticas ecológicas. Y en la escuela preescolar de la localidad, la nueva bomba de calor de fuente de aire alimentada por energía solar, que genera calefacción por suelo radiante, es un éxito entre los más pequeños del pueblo.

“A los niños les gusta tocar el suelo y acostarse ahí”, comentó María José Díaz, profesora de 63 años.

La Almunia es un pueblo pequeño que hace lo que puede por utilizar la tecnología de nuevas formas con el fin de hacer frente al cambio climático, uno de los temas que se debatieron en la reunión de líderes empresariales, científicos, culturales y políticos que se celebró el jueves y el viernes en Busan, Corea del Sur, con motivo de una conferencia de The New York Times titulada “Un nuevo clima”.

“Aquí hay mucha innovación porque somos el único pueblo de España que tiene su propia universidad pública”, afirmó Gracia Blanco.

Fundada hace 56 años por una orden religiosa, la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia (EUPLA) pasó a manos del ayuntamiento en 1980. En la actualidad, la universidad cuenta con alrededor de 650 estudiantes universitarios —todos ellos de disciplinas relacionadas con la ingeniería— y un próspero departamento de investigación.

Para su proyecto de titulación, Jesús Sancho, de 23 años, que se licenció el año pasado en Mecatrónica en la EUPLA, ayudó a diseñar una máquina que, de construirse, podría automatizar la toma de muestras de lodo y oxígeno en las aguas residuales y aumentar la eficiencia energética de las plantas de tratamiento. Ahora trabaja en la depuradora de aguas residuales de La Almunia.

Se alegra de no tener que trabajar en una ciudad, como tantos jóvenes en España. “La vida es mejor en un pueblo si eres capaz de encontrar un trabajo con alto nivel de satisfacción”, aseguró. “Sobre todo uno que ayude a mejorar el medioambiente”.

El año pasado, el aumento de los precios de la electricidad tras la invasión rusa de Ucrania hizo que se multiplicaran por diez las peticiones al ayuntamiento del pueblo de licencias para instalar paneles solares. Según Gracia Blanco, la mayoría de las 46 solicitudes recibidas desde febrero de 2022 fueron realizadas por fruticultores, con la esperanza de abaratar el costo del bombeo del agua de riego de sus pozos.

Víctor Manuel Martínez, fruticultor de 53 años, instaló paneles solares en su finca de 25 hectáreas, situada en un terreno elevado a las afueras de la ciudad y sin canales de riego. Durante siglos, se cultivaron vides aquí para producir vino de mesa. Sin embargo, con la posibilidad de utilizar electricidad para bombear el agua subterránea a la superficie, los agricultores empezaron a cambiar al cultivo más rentable de cerezas, manzanas y melocotones en la década de 1970.

Martínez solía regar sus árboles frutales por la noche, cuando la electricidad de la red era más barata. Pero ahora, si el sol brilla —y así suele ser—, obtiene toda la energía que necesita de los paneles solares durante el día.

Explicó que el nuevo sistema no solo le ahorra dinero, sino que también le permite controlar el riego en distintos sectores de su finca desde su celular.

Los esfuerzos de los fruticultores locales por obtener energía renovable le dieron una idea a Gracia Blanco. Decidió ofrecer los tejados de los edificios municipales —incluyendo la residencia de ancianos y el albergue juvenil— a familias locales que no podían invertir en energía solar porque, a diferencia de los agricultores, no disponían de espacio para instalar paneles.

Con la ayuda de Carlos Pesqué, responsable de comunidades energéticas de Ecodes, una organización medioambiental sin fines de lucro con sede en Zaragoza, España, Gracia Blanco está poniendo en marcha un plan que ofrece a los vecinos la posibilidad de invertir en función de sus necesidades de consumo.

“Invertir en dos paneles podría costar cerca de 1000 euros [casi 1100 dólares] y generaría un paquete energético de 1200 a 1500 kilovatios-hora al año”, explicó Pesqué. “Eso podría cubrir las necesidades diurnas de una familia de cuatro miembros”.

Aunque la electricidad de las instalaciones en tejados municipales se canalizaría hacia la red, los participantes en el plan verían una reducción de hasta el 40 por ciento en sus facturas de energía durante 25 años, según la actual legislación española de distribución de energía, y podrían esperar recuperar su inversión inicial en cuatro o cinco años, señaló Pesqué.

“Es una oportunidad muy buena”, recalcó Sergio Callejas, de 52 años, propietario de una librería en el centro de La Almunia. Quiere invertir en paquetes de energía para su tienda y su casa, que está arriba de la tienda, donde vive con su mujer y sus dos hijos.

Entusiasmado por participar en un nuevo modelo energético basado en el consumo colectivo, Callejas no se opondría a pagar una prima ligeramente superior para que las familias con rentas bajas pudieran inscribirse de manera gratuita al plan. “Todos deberíamos tener derecho a una energía barata”, comentó. “El sol está ahí para todos”.

Gracia Blanco, la alcaldesa, entiende el valor de probar nuevos modelos sustentables, aunque sea a pequeña escala.

“Somos un pueblo, así que no vamos a detener el cambio climático”, afirmó. “Pero podemos servir de ejemplo”.

Víctor Manuel Martínez, fruticultor de 53 años, instala paneles solares en su finca de 25 hectáreas en La Almunia de Doña Godina, España, el 14 de mayo de 2023. (Emilio Parra Doiztua/The New York Times)

Una refinería piloto de biogás construida por BiogasDT en la mayor granja avícola de La Almunia, Grupo Bailón, en España, el 16 de mayo de 2023. (Emilio Parra Doiztua/The New York Times)