A solas con Jairo: su Nochebuena frustrada con Perón en Puerta de Hierro, la cena con Cortázar en París y el pasaje de la Biblia que le dedicó Borges

A solas con Teleshow el prestigioso cantante repasa sus 50 años en la música, cuenta las dificultades que atravesó durante la cuarentena y comparte algunos de los encuentros con las figuras más emblemáticas de la historia y la cultura argentina

Jairo cuenta cómo fue su difícil año en pandemia

“Si todo lo que sobrevino en mi vida fue algo luminoso y extraordinario, es por la infancia que tuve”, dice Jairo, haciendo el recuento de un recorrido lleno de momentos increíbles.

Su historia en la música estuvo destinada desde muy chico. En su tierra natal -Cruz del Eje, Córdoba- dio sus primeros pasos como cantante en el colegio. Luego formó parte del grupo de rock & roll The Twisters Boys, y finalmente, aún como Marito González, triunfó en los concursos de los medios locales. Después de ser el niño mimado de toda una ciudad del Interior, poco tardó en dar el gran salto a Buenos Aires y conquistar el amor del público argentino.

En la actualidad, el cantante celebra medio siglo de carrera desde su primer trabajo con el nombre artístico que lo llevó a la popularidad internacional. Así es como Jairo presenta el primer volumen de 50 años con la música, un disco doble lleno de figuras invitadas como Abel Pintos, las integrantes de Eruka Sativa y Luciano Pereira, entre otros. Además, en esta entrevista con Teleshow, el compositor recuerda sus anécdotas con Perón, Julio Cortázar y otras personalidades destacadas de nuestra historia. Y como no podía ser de otra manera, cierra el encuentro con una canción.

—Un recorrido enorme. ¿Qué queda del nene héroe de un pueblo reconocido por su música?

—La gente en aquella época, las comunicaciones... Cómo eran, ¿no? Que un chico hubiera hecho pie en Buenos Aires, algo insignificante, era muchísimo para una ciudad provinciana. Una de las cosas que me decía Atahualpa Yupanqui era que le gustaba mucho venir a casa porque era una cosa muy provinciana. Lo tomé como un elogio. Pensaba mucho en mi vida de niño en Cruz del Eje: tuve una infancia muy feliz. Eso me permitió mirar las cosas de una manera determinada y es lo que tengo que agradecerle siempre a mis padres y a la gente de Cruz del Eje, que me trató siempre como alguien especial y con mucho cariño.

—Finalmente se viene el disco, después de un año dificilísimo para todos. ¿Cómo viviste la cuarentena?

—Llevo una cuarentena, supongo que habrá mucha gente en mi situación, que no es común porque tengo a mi mujer enferma con internación domiciliaria. Hay entradas y salidas de la gente, médicos, enfermeros, las 24 horas del día. Nunca he estado completamente solo. He tratado de estar del lado de la casa de menor circulación para cuidarme un poco, pero era inevitable el contacto con otras personas. He salido muy poco, cosa que a mí no me cuesta porque soy muy huraño, soy casi un anacoreta (risas). Tengo en mi casa las cosas que me gustan: leer, pintar. Pero cuando se trata de una obligación, cuando estás encerrado porque tenés que estarlo sí o sí, vas perdiendo el entusiasmo.

—Entiendo que también pasaste por momentos de ansiedad.

—Tuve momentos de ansiedad por la situación familiar que tenemos y por el hecho de la pandemia, de no poder hacer nada, no encontrar solución para la continuidad de la grabación del disco. Todo ese tipo de cosas me provocaron ese estado. Ansiedad fue el diagnóstico final de la psiquiatra con la que hablé, pero antes tuve un principio de ACV que, afortunadamente, me vieron en Favaloro y me tuvieron ahí guardado toda una noche, para hacerme todo tipo de estudios. No me dejó ningún tipo de secuela, pero tuve varios síntomas muy claros.

—Fue un año de poner mucho foco en la salud física, pero nos fuimos dando cuenta de que también había que prestar atención a la salud mental.

—En todo el mundo se ha expandido este asunto de los problemas mentales a los que estamos expuestos por la situación. Es una pandemia que deja secuelas para siempre, ese es el problema. O puede dejarlas. Ese es el peligro mayor porque una pandemia, una vez dominada con la vacuna o algún remedio que se encuentre… Sobre todo con una vacuna, como todos los virus, que se dé anualmente y se tenga controlada. Se va a llegar a eso en la medida en que haya vacunas y posibilidades de hacerlo, pero lo otro es algo que ya te quedó en el cuerpo.

—¿Estás mejor hoy con el tratamiento? ¿Está controlada la situación?

—Me duró nada, una semana anduve medio mal y asustado, sobre todo, pero pasó. No dejó ningún tipo de secuela.

Jairo: “Algunos de los personajes con los que he tenido el privilegio de cruzarme en el camino están entre los más importantes”

Jairo se define a sí mismo como huraño, alguien que no tiene muchos amigos. Sin embargo, a lo largo de su carrera ha sabido cultivar vínculos con personalidades de las más destacadas y queridas de la Argentina. Desde figuras entrañables de la cultura hasta los políticos más poderosos de la historia del país. “Algunos de los personajes con los que he tenido el privilegio de cruzarme en el camino están entre los más importantes”, dice, y encuentra una explicación para su fortuna: “Hay una tendencia a juntarse cuando vivís lejos, nos juntábamos en París todos los argentinos, éramos muchos los que trabajábamos dentro del mundo de la cultura”.

A continuación: ¿Cómo llega Julio Cortázar a dedicarle Rayuela al cantante? ¿Qué hacía horas antes de la Nochebuena en Puerta de Hierro hablando con Perón? Su vínculo con Mercedes Sosa y la canción que escribió para un poema de Jorge Luis Borges, entre otras anécdotas que marcaron la vida del compositor.

Una noche extraordinaria con Cortázar en Francia

“Cuando fui por primera vez a París asociaba esa ciudad a Cortázar. Sobre todo por Rayuela. Buscaba algunas de las callecitas donde transcurrían las escenas de la novela, donde vivían los personajes, donde caminaban. No me iba a encontrar con los personajes, pero a lo mejor me cruzaba con él, ¿por qué no? ¡Han pasado cosas más insólitas en mi vida! Había ido por un cumpleaños de María Elena Walsh y le conté a Pepe Fernández, a María Elena y a María Emilia Avellaneda. Pepe lo conocía mucho a Julio y lo invitó esa noche, y cuando llegó me dijeron que fuera a abrir la puerta. Me quedé, empecé a retroceder, fue mi primer gesto. No sabía qué decir, me quedé sin palabras. Le tuvieron que explicar de qué se trataba mi reacción. Era un encanto de persona, un tipo muy simpático, muy agradable y, sobre todo, muy generoso. Enseguida se hizo cargo de la situación y estuvimos hablando mucho tiempo, pasamos una noche inolvidable. Una de las más extraordinarias que he vivido en París”.

Ástor Piazolla, un tipo que deja huella

“Piazzolla me marcó mucho. No conocía a un artista con esa personalidad, con lo estricto de su trabajo, su capacidad, el nivel de sacrificio que tenía. Escribía todo el tiempo, era impresionante, era una máquina. Una cosa asombrosa. A Piazzolla le dio el ataque cerebral cuando tenía 69 años, muy joven. Antes de esto, había hablado con él y me dijo que estaba trabajando en una ópera sobre Gardel. Se la había encargado Plácido Domingo. ‘El nombre que tengo es Gardel, ópera en tres actos’, dijo y cuando le pregunté cómo iba a ser, respondió: “Como un Puccini porteño” (risas). Me honró con su amistad. Hemos pasado momentos inolvidables, nos moríamos de risa, tenía un humor fuerte, oscuro. Era un tano de estos medio leche hervida, pero él lo reconocía. Tenía algo que tenían varias de las grandes personalidades que he conocido, Atahualpa Yupanqui, Jorge Luis Borges, Piazzolla: eran tipos frontales. Te decían las cosas tal cual le pasaban por la cabeza. Eso a veces puede resultar agradable y a veces no. Tipos desprovistos totalmente de hipocresía”.

La imprudencia de componer una canción para un poema de Borges

“La editorial Lagos publicó un libro de música, una labor extraordinaria la de Rómulo Lagos. Tenían una edición de 12 poemas de Borges y decidieron ponerle música de 12 compositores argentinos. Cometieron la imprudencia de llamarme a mí también, que era un intruso ahí porque era muy joven. A Borges le gustó lo que estábamos haciendo. Le mandé la canción que había hecho, una música sobre uno de los poemas que dedicó a Buenos Aires, el que termina con el famoso verso: ‘No nos une el amor sino el espanto, será por eso que la quiero tanto’, y le gustó cuando la escuchó. Cuando me lo presentan y le dicen: ‘Él es Jairo’, enseguida me empezó a hablar y me recitó el versículo de la Biblia, del Nuevo Testamento, en el que aparece Jairo. Una cosa asombrosa”.

Mercedes Sosa, la voz más singular

Muy generosa, la Negra. A ella le gustaba mucho el timbre de mi voz y era recíproco. El timbre de la voz de Mercedes Sosa es el más singular y extraordinario de cuantos intérpretes haya tenido la Argentina. Tenía esas voces que, en cuanto abría la boca, te conmovía. Un timbre con una coloratura perfecta”.

El día que tocó una canción frente al papa Francisco

“Lo conocí circunstancialmente. Presentaban una revista y me pidieron que fuera a cantar. Había gente relacionada con la Iglesia de varios países de Latinoamérica. Cuando terminé, estaba charlando y pasó Bergoglio, todavía era obispo de Buenos Aires, y me saludó y me dijo: ‘Linda canción’”.

Cómo fue el encuentro de Jairo con Perón en Puerta de hierro

Casi una Nochebuena con Perón, en Puerta de Hierro

“Había ido a llevarle un encargo que le habían hecho a Luis Aguilé, mi productor discográfico en ese momento, en un viaje a la Argentina. Era 24 de diciembre, así que sería un saludo de Navidad. Fuimos con Teresa (Sainz de Los Terreros, su esposa). Éramos muy jóvenes, no nos dejaban entrar al principio porque era un día muy especial, había una guardia montada en el portón de entrada en Puerta de Hierro, la famosa residencia. Tenía un camino de lajas y nos estaba esperando completamente solo. Nos quedamos varias horas y nos invitó a cenar. ‘Va a venir un matrimonio amigo mío, viejos como yo’, nos dijo. ‘Un poco de juventud a la mesa le vendría bien’. Yo tenía un compromiso, les había dicho que sí a los padres de Teresa. Me habían invitado a la cena de Nochebuena, que era un símbolo en la relación que empezaba. Cuando se lo comenté, me dice: ‘No, esté ahí’ (risas)”.

La historia sigue: “Muchos años después me llamaron de la oficina de Mario Pergolini para decirme que ellos habían comprado el lote de discos de Perón y tenía varios míos. Tenía discos míos y de Leonardo Favio. Lo de Leonardo Favio se explica porque ideológicamente era muy peronista y admiraba mucho a Perón. Me sorprendió que después de esa charla se hubiera hecho con algunos discos”.

—Sos de las pocas personas que pasó unas horas con Perón en Puerta de Hierro. Es un pedazo de historia.

—Sí. Desprovisto de cualquier ribete político. Hizo algunos comentarios. Por ejemplo, Teresa le preguntó cómo hacía para vivir ahí, en una especie de bunker, sobre todo ese día por la vigilancia que había. Y Perón le dice: “Y bueno, yo salgo poco pero salgo, eh, no estoy todo el tiempo encerrado. Me gustan mucho los caballos. Voy a ver alguna competencia y cosas de caballos”. Y dijo una cosa extraordinaria: “Además, yo tengo un pacto con los de acá”. No decía el gobierno de Franco ni nada de eso; decía “con los de acá”. “Tengo un pacto de no agitar las aguas.” Es decir, de no hacer ruido, ¿no? Él sabía que era un líder, una persona muy importante y que podía provocar de repente alguna situación extraña, y el régimen de Franco era un régimen tremendamente estricto.

—¿Te sedujo Perón en ese momento?

—Sí, me pareció una persona encantadora. Muy simpático, muy simpático, pero desprovisto de toda connotación política. Desde lo ideológico, el peronismo nunca ha sido lo mío.

Un corazón radicheta para Illia y Alfonsín

“Soy más bien radicheta, radical, por una cuestión relacionada con mi historia personal. Soy de Cruz del Eje, donde ejerció muchísimos años su profesión de médico Arturo Illia. Lo conocí cuando era niño y estaba en la ciudad el día que lo eligieron Presidente de la República. Me marcó mucho. Había una multitud, gente de todas partes, coches por todos lados. Y un amigo me dice: ‘¿Viste que cuando uno es honesto y tiene premio?’. Nunca me voy a olvidar. A partir de ese momento, dije: ‘Soy de estos’. Después, lo ratificó completamente Raúl Alfonsín. Nos conocimos en París, bastante antes de las elecciones del 83. Fui a una tanguería, Las veredas de Buenos Aires, a la que íbamos muchos argentinos a escuchar tango, a juntarnos, comer empanadas y hablar de las noticias que llegaban, casi siempre muy tristes, muy oscuras. Estábamos llegando ya al final de la dictadura, se sabían las fechas de las elecciones. Me crucé con Antonio Seguí, el pintor, y dice: ‘¿Sabés con quién estuve ayer? Con el candidato de los radicales’. ‘¿Y qué tal?’. ‘Bien, me causó muy buena impresión’, me dijo, con ese tono tan amable que tiene. ‘Va a hacer una reunión dentro de dos días’. Fuimos con Teresa y lo conocimos. Y, a partir de entonces, muchas veces”.

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