La actriz se refirió al trabajo de maquillaje y peinado para su rol en la segunda temporada de la serie carcelaria de Netflix (Video: Ángel responde/ Bondi Live)
El furor por el personaje de Verónica Llinás en la segunda temporada de En el barro sorprendió tanto a la audiencia como a la propia actriz. En diálogo con Ángel responde por Bondi Live, la intérprete relató cómo se gestó la caracterización extrema de La Gringa Casares, el papel que le valió elogios de la crítica y del público tras el éxito de la serie de Netflix.
Llinás reveló que se resistió desde el inicio a modificar su cabello, ya que teñirlo representaba para ella “un infierno”. Sebastián Ortega, en su rol de showrunner de la producción, insistió en teñirlo para aportar mayor crudeza al personaje, pero la actriz se negaba a ceder. “No me tiñas, dale, no me jodas”, recordó haberle dicho al realizador.
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La negociación entre Ortega y Llinás alcanzó tal tensión que terminó influyendo en la construcción del personaje. El apodo “Gringa” surgió como una solución para justificar el cabello rubio: “Entonces le pusieron ‘Gringa’ para que pudiera ser rubia”, explicó la actriz. Finalmente, Ortega la convenció con una frase decisiva: “No te la pierdas, porque es un personajón duro”. Esa definición inclinó la balanza y Llinás aceptó oscurecerse el cabello.

La transformación física implicó un corte de pelo que Llinás calificó como “horrible” y un maquillaje diseñado para endurecer sus facciones. “Me maquillaban las venitas explotadas y la rosácea en la nariz”, detalló sobre el trabajo del equipo de caracterización. Para lograr el efecto final, se añadió un postizo en la parte trasera del peinado, recurso que la actriz comparó con el estilo de Pocho La Pantera. Llinás destacó el aporte del equipo técnico y la dirección, subrayando la intensidad del proceso. “El pelo oscuro la hace ver más dramática todavía”, opinó Ángel de Brito.
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En el desarrollo de la serie, La Gringa Casares es presentada como una presa temible en el penal de La Quebrada. Su vínculo con Nicole, el personaje interpretado por la China Suárez, se caracteriza por la violencia y el abuso. Llinás subrayó que el aspecto físico fue determinante para potenciar la dimensión dominante y siniestra de su creación.
La actriz definió a su personaje como “un monstruo”, calificativo que resume el carácter extremo de su interpretación. La transformación radical buscó reforzar la verosimilitud de los vínculos y la atmósfera opresiva de la trama.
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La actuación de Llinás en En el barro recibió el reconocimiento de la crítica especializada y de los espectadores. “Me dio una alegría hermosa”, expresó en La noche de Mirtha (Eltrece) sobre los mensajes recibidos: “Yo te amo, pero te odié”.
Desde el estreno de la segunda temporada, la figura de La Gringa —la líder despiadada de la cárcel de mujeres— se volvió central en las conversaciones sobre la ficción. La propia Llinás reconoció: “Tenía mucho miedo de hacer eso, de exponerme de esa manera con toda mi fealdad al aire”.
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El papel de la actriz se construyó alrededor de una presencia dominante y oscura. Durante la entrevista, Llinás no dudó en definir a su personaje como un “monstruo” y una persona “asquerosa”. Relató la dinámica compleja en pantalla con el personaje de la China Suárez, a quien su rol trataba como “esclava sexual”.
Muchos espectadores le transmitieron que sentían “repulsión” al verla en pantalla. Incluso, algunos aseguraron que “le podían sentir el olor” al personaje a través de la televisión. Esta reacción visceral del público sorprendió y movilizó a la actriz, ya que su objetivo era mostrar la crudeza del personaje sin concesiones.
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Llinás confesó que asumir un papel tan extremo supuso un desafío personal por el temor a mostrar su faceta menos amable ante las cámaras. Reconoció que esta exposición la llevó a atravesar un proceso de transformación que la puso en contacto con aspectos incómodos de sí misma.
La incorporación de La Gringa Casares como figura central en la segunda temporada de En el barro modificó el eje dramático de la serie, según la producción de Netflix. El personaje, interpretado por Verónica Llinás, aportó una dinámica de tensión y violencia que fue clave para la recepción positiva tanto de la crítica como del público.
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