El 9 de noviembre de 1989 el mundo cambió para siempre. Cayó el Muro de Berlín, ya no había divisiones y tras 28 años, Alemania volvía a ser una. Claro que la unificación no fue de un día para el otro. Quienes transitaban las calles berlinesas durante 1990 aún debían esquivar los pedazos de concreto que continuaban en el suelo y una simple mirada alcanzaba para diferenciar los paisajes del Este y del Oeste.

La actriz y directora teatral Karina K tenía 24 años cuando visitó Berlín dos semanas para presentarse con la compañía teatral que integraba en Barcelona, Las Catalíticas. Aunque en tiempo fue corta, aquella experiencia la marcó para toda su vida: aún guarda recuerdos, aprendizaje que plasma en su trabajo como lo hizo en su obra Mamapunk e imágenes que quedaron para siempre en su retina.

Karina K en Berlín, en 1990
Karina K en Berlín, en 1990

“Llegué en noviembre de 1990, recién se había cumplido un año de la caída del Muro”, recordó la actriz quien encontró la Berlín del Este prácticamente igual a cómo (le contaron) era antes de la unificación, salvo por algunos detalles: “Recuerdo que había un Mc. Donald’s y muchos sex shop, uno estaba en lo que antes era un supermercado, me llamó la atención que estaban las góndolas aún”.

Karina, sus tres compañeras de elenco y un amigo de ellas que era francés y oficiaba de traductor (ellas, argentinas y españolas, se manejaban con el ingles) fueron convocados por una agrupación coordinadora gay de Alemania para actuar en el circuito alternativo que, en tiempos de transición, recién estaba empezando a resurgir.

“Habían visto en Barcelona nuestro grupo de neo cabaret y nos llamaron. Nos pagamos nuestros pasajes y ellos nos dieron la estadía”, dijo y recordó que como no había dinero, los hospedaron en una casa tomada en Alemania del Este, ya que durante el período que estuvo erguido el Muro, mucha gente decidió abandonar sus hogares para cruzar hacia el otro lado de Berlín.

Karina K en Berlín, en 1990
Karina K en Berlín, en 1990

“Era un lugar muy under. Nos agasajaban todo el tiempo, no tenían solvencia económica, pero nos llevaban el desayuno y una olla de comida. Nos llevaron a un circuito de teatro alternativo porque lo que querían era compartir con el público de Berlín de Este, que no tenía acceso a esas actividades culturales y que recién empezaba a encontrarse con otra propuesta artística”, contó. Por la poca cantidad de lugares que había para actuar en la parte Oriental, la mayoría de los shows (actuaban todos los días), los hicieron en el lado Occidental.

Con poco presupuesto, pero muchas ganas de actuar y vivir la experiencia, no conocer el idioma no detuvo a Las Catalíticas cuyo slogan era “calientan pero no queman” por su espectáculo subido de tono. Si en el lugar había poca luz, los dueños las alumbraban con linternas. El idioma tampoco fue obstáculo y su amigo francés se convirtió de manera obligada en actor: “Se travistió y lo pusimos con un atril en el show. era una sátira”.

Las imágenes del dolor

En las dos semanas que estuvo en Berlín su cabeza se llenó de imágenes que grafican a la perfección la historia. “Aunque había pasado un año, era impactante la división, ver los fragmentos del Muro que ya no estaba, los restos en el piso, y mirar para un lado y ver luces y colores y a la derecha todo gris, los cochecitos turquesa que quedaron de la Berlín Oriental”, recordó sobre aquella fotografía.

Karina K en Europa, en los '90
Karina K en Europa, en los '90

“Era una gama de grises que me quedó muy grabada” y contó una anécdota: “Una noche terminé un show y salimos a los bares y era saltar de un lado al otro con los restos del Muro que quedaron en el piso, lo vivíamos como algo hasta romántico y poético pero, ¡cuánto sufrimiento! Eso que estábamos haciendo era impensable dos años atrás, ese juego costaba vidas y nosotros celebrábamos así la caída del Muro”.

Karina contó que había fragmentos del Muro tirados en el piso y otros aún de pie: “Llevó tiempo, eso hoy queda como testimonio. Eran sorprendentes del lado Occidental los grafitis. Pero sin dudas lo que más impactó fue el contraste, no podés derribar todo el Muro de concreto de un día para el otro”.

Shutterstock
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“Lo interesante era que no tenia mucha mas información antes de llegar. Me impresionó que quedaban restos grandes del Muro. Estaba todo como detenido en el tiempo, muy como había quedado", recordó sobre los días fríos que pasó en Berlín.

En el momento que ella pisó Alemania, la gente de ambos lados comenzaba a juntarse nuevamente: “Recuerdo una fábrica que había en el este que se transformó en discoteca y la tomaron los artistas, que usaron la estética y la llenaron de luces, quedamos impactadísimos. Se mezclaba lo industrial y austero con las luces y los lásers”.

Aún un año después seguía habiendo en la ciudad grupos neonazis extremos: “Llegamos a ver skinheads con bates de baseball que estaban en contra de los inmigrantes, tenían remeras que decían ‘construyan el Muro’. Un cambio social es un cambio lento, con la caída del Muro los países bloqueados se tuvieron que adaptar a un capitalismo que arrasaba, es una deconstrucción para una construcción".

La mayoría del tiempo ensayaban, pero cuando podían salían a caminar: “Me acuerdo que andábamos mucho en subte y nos llamaba la atención que los perros pudieran viajar en él. El resto del tiempo, todo era vértigo por actuar y actuar”.

Un viaje que dejó marcas

Karina K en Mamapunk (Gabriel Machado)
Karina K en Mamapunk (Gabriel Machado)

Las gamas de grises, los contrastes, los teatros under donde actuó la inspiraron para hacer su espectáculo Mamapunk, que el próximo 6 de diciembre se presentará en en el Festival de Arte QUEER en Casa Brandon (Luis María Drago 236) y protagonizado por su esposa, Cinthia Manzi: “Todo lo que vi lo usé para la escenografía, era mi estética”.

Cinthia Manzi en Mamapunk (Gabriel Machado)
Cinthia Manzi en Mamapunk (Gabriel Machado)

Su show está basado en la vida de la artista alemana Nina Hagen: “Ella cantó en la caída del Muro. Ella era una artista rupturista y hablaba del desarme, del medio ambiente y de cosas que en su época eran como nuestra grieta de hoy. Hoy hay que transformar ese pensamiento de Nina, ella es un símbolo humanístico”.

Desde ese momento hasta hoy, Karina que también hace la obra ¿Qué hacemos con Walter? no pudo volver a Berlín, pero uno de sus objetivos es regresar con su pareja para mostrarle los paisajes que la inspiraron para hacer la obra que tantas satisfacciones les trajo como equipo en la vida y en el trabajo.

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