
El reloj marca las 8:26 de la mañana de este miércoles cuando los empleados de un minimercado ubicado en el centro de Pinamar, sobre la Avenida Shaw —una de las principales de la ciudad—, terminan de acomodar los productos exhibidos en la vereda, mientras el sol radiante comienza a sentirse con más intensidad poco a poco. Les espera una jornada larga: en temporada, el negocio permanece abierto hasta cerca de la medianoche. En la vereda se exhiben sombrillas, reposeras, conservadoras, juegos y todo lo necesario para disfrutar de los días de playa.
Gonzalo, dueño del local, dice que la temporada comenzó con buen ritmo. “Hay trabajo, mejor que el verano pasado”, afirma. De inmediato, ofrece su balance del verano: “Vivo hace 33 años acá, el negocio lo tengo hace 30. Pinamar está explotado. Hay gente, y la gente tiene plata”.
En una recorrida por distintos locales céntricos, Infobae consultó precios para conocer a cuánto se venden los infaltables de playa y cuáles son los productos más demandados.

Uno de los artículos más buscados es el tejo, cuyos precios en general oscilan entre $7.000 y $12.000 dependiendo del material —goma o madera— y del tamaño, aunque incluso pueden ser más caros. Entre los juegos para niños, los sets básicos parten desde $4.000. Por ejemplo, una pala, un rastrillo y un balde cuesta $7.500. Y los flota flota en un supermercado de la zona se venden a $790.
Jugar a la paleta sigue siendo un clásico de la playa. Las de plástico con pelota cuestan $5.900, mientras que las de madera con pelota de goma se venden a $7.500. Las pelotas individuales pueden conseguirse por $1.890.

Los productos de playa están disponibles en comercios de todo tipo: kioscos, bazares, ferreterías, tiendas de artículos de pesca y camping, e incluso en puestos de diarios.
Néstor, un canillita que vive en Pinamar desde hace dos décadas, también ofrece algunos de estos artículos. En su puesto se venden pelotas de fútbol de goma a $9.000 y de cuero a $13.000. Las pelotas de vóley, populares entre los turistas, rondan los $12.000.
“Algo se vende”, comenta Néstor, aunque advierte: “La gente no está tan predispuesta al gasto. Si bien a Pinamar vienen turistas de buen poder adquisitivo, tampoco es que gastan a lo loco”. Según él, las ventas son más dinámicas los fines de semana, cuando llegan turistas por pocos días con un presupuesto limitado pero específico para combustible, comida y entretenimiento.

En el kit playero no pueden faltar las conservadoras o heladeritas. En un local cercano a la playa, ubicado en Avenida Bunge y el mar, se ofrecen en diferentes tamaños, con precios que van desde $30.900 hasta $43.900. En tanto, las esterillas aluminizadas pueden encontrarse por $7.500, aunque hay opciones más económicas.
Silvia, quien junto a su hermana maneja un negocio histórico con más de cinco décadas sobre Avenida Bunge, comenta que los precios, en general, se mantuvieron respecto al año pasado. “Si aumentaron, fue muy poco. No pasó como la temporada pasada, cuando la lista de precios cambiaba constantemente. Ahora los proveedores están desesperados por vender y uno también se cuida al reponer, lo hace de a poco porque febrero es más tranquilo, hay menos gente”, explica.

Coincidiendo con Néstor, Silvia señala que los turistas consumen menos que en años anteriores. “Antes se compraba más; ahora se cuidan mucho más”, dice. También destaca que las ventas de productos de playa dependen del clima. “Los días de malas condiciones meteorológicas nos juegan en contra, porque al no poder ir a la playa, los turistas no compran”. Esta temporada comenzó con varios días nublados, lo que complicó las ventas iniciales.
Entre los artículos más demandados, Silvia menciona los tirabuzones y los saca arena (los valores de ambos rondan los $8.500), además de los tejos. Sin embargo, aclara que las sillas y reposeras tienen menos salida porque los turistas suelen traer las suyas. Además, menciona la competencia con las cadenas de supermercados, que ofrecen descuentos en reposeras, y los vendedores ambulantes que recorren las playas ofreciendo sombrillas.

Uno de estos vendedores ambulantes es Diego, quien trabaja en la playa desde hace cinco temporadas. Su rutina comienza temprano en la mañana y recorre la costa hasta las 15 o 16 horas, dependiendo del clima. “Está difícil, se vende poco”, comenta. Las sombrillas de caño que ofrece cuestan entre $50.000 y $70.000 según el tamaño. Ese mismo rango de precio manejan los demás.
En un local del centro, la sombrilla más económica cuesta $72.000 y la más cara, hecha de aluminio y con cinco posiciones, alcanza los $84.000. Aunque hay más costosas: entre los negocios relevados por Infobae, la sombrilla más cara ascendía a los $149.000.

Las otras alternativas de sombra para los veraneantes están en los paradores. El alquiler de sombrillas por día varía ampliamente, con precios que van desde $35.000 hasta $97.000 en los lugares consultados por este medio.
Los valores más accesibles suelen encontrarse en los balnearios de Ostende. Por ejemplo, el alquiler de una carpa puede costar $35.000, e incluye cuatro sillas, una mesa, una reposera, baños exclusivos, servicio de mozos, guardavidas y descuentos en el restaurante.
Cabe señalar que los precios en los paradores abarcan distintos servicios, como recreación infantil, conexión wifi, duchas, baños, vestuarios y servicio de mozos, entre otros. Además, algunos ofrecen descuentos adicionales según las modalidades de pago.
Fotos: Pablo Kauffer
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