
Creo que ni cuando tuve que escribir mi primer nota en el diario La Nación, que no tenía mi firma, hace ya más de 25 años, me costó tanto encontrar este primer párrafo. Esta vez no voy hacer una crónica, ni una entrevista, ni voy a relatar una negociación secreta, ni tampoco retrataré a algún personaje del poder. No voy a escribir de política ni de políticos. Voy a escribir sobre mi padre.
Y lo hago justo hoy que arranca el 2020 y mi papá Francisco Nabor Juárez cumple 84 años. Ni se imagina que hoy esta nota se va a publicar en Infobae.
Decidí hacerlo después de regresar de un viaje relámpago a Bariloche, el mes pasado. Mi padre presentó en el Club Andino Bariloche el documental, que el mismo dirigió, y que recrea la expedición que realizó junto con cuatro compañeros más en 1962 a las cataratas del Vodudahue, en Chile. Esos jóvenes aventureros reiteraron la hazaña del franciscano Menéndez, quien fue el primero en llegar, en busca de la ciudad de los Césares a fines de siglo XVIII.
Desde que soy chica, al igual que mi madre Cristina y mis hermanas Mónica y Valeria, escuché muchas veces el relato de la expedición que había hecho mi papá cuando era joven. Además del periodismo, la otra pasión de mi papá es la montaña. Casi sin hablarlo me transfirió esas dos pasiones, que nos unieron aún mas del amor entre padre e hija.
Le había propuesto matrimonio a mi mamá y luego anunció que se iba a una expedición que iba a durar 14 días. La expedición terminó durando 26 días y pudo terminar en tragedia. Casi se mueren. Se habían quedado sin alimentos y en una balsa los hallaron. Ellos ya pensaban en la muerte y les salvaron la vida. Después si hubo boda y fuimos con los años llegando nosotras, sus tres hijas. Cuando se embarcó en lo que sería la aventura de su vida, mi padre tenía entonces 27 años.
Tantos años después, estar sentada entre hombres de montaña, grandes y jóvenes allí en el Club Andino Bariloche y ver la emoción de mi padre presentando ese documental que tanto se empeñó en producir, con la gran ayuda de Diego Sethson, fue una experiencia que valía la pena compartir.

¿Cuándo un padre deja de enseñarle cosas a un hijo? Nunca. Y lo confirmé una vez más frente mi padre, contando cómo hizo el documental y contestando las preguntas de varios montañistas interesados en cómo en 1962 se lanzaron a esa aventura que no tenía el éxito asegurado. La respuesta a todo es la convicción, el esfuerzo, la disciplina y tener metas en la vida.
Mi padre las tuvo siempre de joven y las tiene aún hoy a su edad en la que jamás dejó de trabajar, de escribir, de soñar y tener proyectos para realizar. ¨Quiero hacer tantas cosas que no me alcanza el tiempo¨, suele decir siempre cuando los domingos se distiende un poco. Es es el asador que está dispuesto a atender a sus hijas y a sus nietos. Siempre trae, además de sus relatos, su infaltable palta con ajo para la picada.
Me dije a mi misma: quiero hacer una nota. No puedo dejar pasar de escribir sobre el documental “Vodudhaue” de 26 minutos que hizo mi padre y compartir con quiera tomar la enseñanza que deja la expedición, y el hecho mismo de seguir a los 84 años haciendo, proyectando.
Mi papá siempre nos enseñó y nos enseña con el ejemplo, con los hechos. Es cierto que de chicas podía darnos sus ¨sermones¨ si llegabamos tarde, pero la enseñanza verdadera siempre era sin palabras, silenciosa, con el testimonio.

Aprendí a trabajar, a esforzarme y a tener disciplina por verlo a él. Primero en su máquina de escribir, después horas y horas frente a su computadora. Jamás me dijo ni sugirió que estudiara periodismo, pero cuando decidí hacerlo sé que disfrutó más que yo cada cosa que hice. También nos enseñó a amar el Sur, la montaña. Pero no nos hablaba, nos llevaba a subir hasta el refugio Frey y nos cocinaba arroz con queso al lado de un arroyo. No todo era lindo, nos costaba, nos cansábamos, pero siempre seguimos adelante. Y cuando llegábamos a la cima, sentíamos la felicidad del logro obtenido. Eso nos enseñó.
Y volvió a hacerlo hace poco cuando vimos juntos ¨Vodudahue¨, documental de la gran experiencia de su vida, fuera de la profesión. Mi padre siempre dijo que ésa expedición no sólo fue el redescubrimiento de la cascada, sino de ellos mismos, como seres humanos.
En 1961, mi padre y sus amigos habían conocido la historia de las cascadas de Vodudahue, que a criterio del investigador Jorge Marticorena, eran uno de los “últimos misterios de la Patagonia”.

Y así fue como Arnaldo Gramajo, Oscar Palacios, ¨Manolo¨ Puente, Enrique Bush, y Francisco Juárez, mi padre, se embarcaron en enero de 1962 desde Playa Bonita hasta Puerto Blest. Querían encontrar las cascadas. Llevaron 14 kilos de comida, raciones contempladas para dos semanas, pero el viaje duró casi el doble.
La primer parte fue todo un desafío porque en la selva valdiviana había que abrir camino con machetes, y hacerse su propia “picada” (que es el camino de montaña) para después buscar las cosas, y seguir un camino que por montaña fue de 128 kilómetros. Encontraron la cascada al día 14, cuando ya casi no les quedaban raciones de comida. Había mucha lluvia, y tomaron la decisión de imitar a Menéndez y cruzar la cordillera hacia la Argentina. Antes de partir comieron entre todos la última comida, un puñado de lentejas. Tuvieron nueve días de marcha sin comida.
Mi padre, que en ese entonces era flaco, contaba que la ropa se le caía y su preocupación era el anillo de compromiso con mi mamá: le quedaba grande por la pérdida de peso. Por eso se lo ató con una soga y se lo colgó al cuello. Si bien no hablaban del tema, empezaron a pensar en que la muerte era una posibilidad, pero si se salvaban no quería perder el anillo.
Abandonaron todos los objetos que les pesaban. Navegaron en una balsa precaria que ellos mismos construyeron. Tenían alucinaciones y mareos por el hambre. Las olas eran enormes y los temores también.
Hasta que un día vieron un punto blanco, que era una lancha. “Nos salvamos”, fue el pensamiento de todos. Y así fue.
Tremenda historia que los marcó para siempre. A ellos, y a nosotros que como familia escuchamos el relato durante años y que ahora en el documental, disfrutamos y muchos pueden compartir la experiencia. Lo importante del testimonio.
Después de los aplausos y alguna lágrima contenida ése anochecer en Bariloche le pregunté a mi papá: ¿Cuál pensás que es la enseñanza que deja el documental ¨Vodudahue¨? “El mensaje está implícito, aunque uno no trabaje concientemente para dar un mensaje, el mensaje surge solo. Es mostrar algo que tiene fases dramáticas, costó mucho esfuerzo y tuvo resultados. Lo fundamental es tener proyecto y buscar la metodología con que uno va a buscar eso y lo va a lograr. Con el triunfo en la mano, uno pasa a ser la posta de algún ejemplo para los más jóvenes”, me respondió.
Recomiendo que lo vean, obvio que no soy objetiva, pero es realmente inspirador.
Mi padre es esto y mucho más. Les comparto esta parte. Y de paso les cuento que se quedó dos días más Bariloche porque está preparando otro documental, de otra historia que no es suya. Pero ahí está en pleno trabajo.
Feliz Cumpleaños Papá.
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