La ciencia revela por qué una buena explicación hace más confiables los recuerdos

Los investigadores observaron cómo cambian —o no— los relatos cuando pasa el tiempo entre un hecho y su evocación. Por qué estos datos podrían influir en la manera en que se valoran testimonios y declaraciones

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El estudio de la Universidad
El estudio de la Universidad Ben-Gurión del Néguev revela que la calidad de las justificaciones de los recuerdos se mantiene estable con el tiempo (Imagen Ilustrativa Infobae)

¿Es posible confiar en un recuerdo cuando pasaron meses o incluso años desde que ocurrió un hecho? La memoria suele fallar, distorsionar detalles o borrar fragmentos completos de una experiencia. Sin embargo, una investigación reciente revela que hay algo que se mantiene sorprendentemente estable con el paso del tiempo: las explicaciones que las personas dan para justificar por qué creen que un recuerdo es verdadero.

El hallazgo pertenece a un equipo de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, en Israel, y fue publicado en la revista científica Communications Psychology. Según los autores, aunque la cantidad de recuerdos disminuye con el tiempo, la calidad y el nivel de detalle de las justificaciones permanecen prácticamente intactos cuando el recuerdo logra recuperarse.

El estudio estuvo liderado por la doctora Talya Sadeh, junto a Avi Gamoran y Zohar Raz Groman. El objetivo fue analizar cómo se comportan las explicaciones que respaldan un recuerdo y qué papel cumplen a la hora de evaluar su credibilidad, un aspecto clave tanto en la vida cotidiana como en contextos legales y judiciales.

La investigación, publicada en Communications
La investigación, publicada en Communications Psychology, analizó la relación entre memoria, explicaciones y credibilidad en declaraciones (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Cuando la memoria se recuperaba, la justificación se mantenía rica y bien estructurada”, explicó Raz Groman al referirse a los resultados. El paso del tiempo redujo la probabilidad de recordar, pero no deterioró la calidad de las explicaciones.

Cómo se realizó el experimento

La investigación contó con la participación de 421 adultos jóvenes, de entre 18 y 35 años. Cada persona realizó tareas de memoria en dos momentos diferentes: una prueba con un intervalo de 90 segundos y otra con 24 horas.

En ambos casos, los participantes debían recuperar ciertos estímulos de la memoria y luego escribir una justificación explicando por qué consideraban que ese recuerdo era auténtico. En total, se recopilaron más de 4.000 textos, que fueron analizados mediante herramientas conductuales y lingüísticas.

Los resultados mostraron una diferencia clara entre ambas condiciones. Después del retraso corto, la mayoría de los estímulos seguía presente en la memoria. Tras 24 horas, en cambio, la cantidad de recuerdos disminuía de manera significativa. Sin embargo, cuando los participantes lograban evocar un hecho, la estructura, el contenido y el nivel de detalle de sus justificaciones se mantenían estables.

El experimento con 421 adultos
El experimento con 421 adultos jóvenes demostró que aunque disminuyen los recuerdos, las explicaciones asociadas conservan su riqueza y estructura (Imagen Ilustrativa Infobae)

El único cambio detectado fue un leve aumento en expresiones de duda, como formulaciones más cautelosas o lenguaje atenuante. Aun así, ese matiz no afectó la solidez del contenido ni su valor como indicador de confiabilidad.

El fenómeno puede observarse fácilmente en la vida diaria. Una persona puede decir: “Estoy segura de que esa reunión fue un martes, porque ese día siempre salía antes del trabajo y recuerdo haber pasado por el supermercado”. Con el paso del tiempo, tal vez ya no recuerde el horario exacto o quiénes estaban presentes, pero la lógica que sostiene ese recuerdo —el contexto, los hábitos, los detalles asociados— suele mantenerse.

Según el estudio, esa coherencia en las explicaciones es un indicador más robusto de credibilidad que la simple confianza subjetiva con la que alguien afirma recordar algo.

Más que seguridad, calidad de la explicación

El análisis lingüístico mostró que la calidad de las justificaciones predice mejor la confiabilidad de un recuerdo que la seguridad expresada por la persona. En otras palabras, no alcanza con que alguien esté convencido: lo que importa es cómo fundamenta lo que recuerda.

El fenómeno descubierto respalda el
El fenómeno descubierto respalda el modelo del olvido 'todo o nada': o el recuerdo es acompañado de una explicación sólida o no se recupera (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este resultado respalda el modelo conocido como “todo o nada” del olvido: o el recuerdo aparece acompañado de una explicación sólida, o directamente no se recupera.

Desde la Universidad Ben-Gurión del Néguev destacaron que las justificaciones funcionan como una ventana estable hacia la memoria episódica, es decir, la memoria de los eventos personales.

Impacto en la justicia y la vida social

Las conclusiones tienen un impacto directo en ámbitos como la psicología forense, la educación y los procesos judiciales. En muchos casos, la credibilidad de un testimonio se evalúa en función de la seguridad con la que una persona declara. El estudio propone un cambio de enfoque: priorizar la riqueza de las explicaciones y los detalles, por encima de la certeza subjetiva.

Para jueces, abogados y peritos, esto podría traducirse en una evaluación más fina de los relatos, especialmente cuando existe un largo intervalo entre el hecho y su declaración. Insistir en la elaboración de justificaciones detalladas permitiría reducir errores y mejorar la valoración de la evidencia testimonial.

Además, los autores sugieren que fomentar explicaciones escritas y estructuradas puede fortalecer la llamada “vigilancia epistemológica”, es decir, la capacidad institucional de evaluar la confiabilidad de la información.

El estudio aporta una mirada novedosa sobre la memoria humana: aunque los recuerdos puedan debilitarse con el tiempo, las razones que usamos para sostenerlos conservan su solidez, ofreciendo una herramienta valiosa para comprender, evaluar y confiar —o no— en lo que creemos recordar.