¿Te pasaste todo el año escondiéndote de vos misma? ¿Bajás las luces para estar a solas con tu propia imagen? ¿Pasás por el espejo haciendo acrobacia para evitar ver esas partes de tu cuerpo que no te gustan? Error.

Hubieras aprovechado el tiempo adorando tus rollos. Porque ahora, de un día para el otro, tu prima dice que hay asado con apertura oficial de la temporada de Pelopincho y toda esa hermosa exuberancia que quisiste ocultar hasta de vos va a tener que salir al sol en primer plano, mientras los nenes sacan fotos con celulares.

Y no te van a alcanzar las manos ni las reposeras ni los repasadores para taparte. Porque así, sin avisar, sin que terminaras de guardar las bufandas, hizo su aparición en escena la más temida: la malla. No conseguiste pasaje a 1997 para comprar un pareo floreado, las clases de gimnasia modeladora no llegaron a modelar nada más que el codo y ya te tenés que andar exponiendo blanca, radiante y blanda al sol.

Así, de urgencia, salimos las víctimas de la tiranía de la imagen a comprar una malla nueva con la esperanza de que esta vez, finalmente, estén de moda los trajes de buzo. No tanto, pero por suerte las bikinis vienen talle alto. Ojalá vinieran con mangas.

Cuando era chica usaba unas enterizas lo más amplias posible. No sé si estaban de moda, pero nunca fui muy it girl. Por suerte ahora siempre hay lindas enteras para las que se sienten más cómodas estando cubiertas. Aunque si seguimos teniendo un ideal de cuerpo absolutamente opuesto al nuestro, va a ser difícil que nos sintamos cómodas con algo.

Sería más negocio poner de moda cambiar la mirada, dejar de ser crueles con el cuerpo de otras mujeres, y finalmente con el nuestro. Empezar a adorar estos muslos que guardan una reserva que permitiría amamantar a un niño con escasez de alimentos, ya que nuestro cuerpo no está diseñado para lucir colares sin celulitis sino para que sobreviva la especie humana.

Podríamos declarar demodé la felicitación al que adelgazó, como si hubiera ganado un premio, sin saber si tiene un problema de salud, está depresivo o empastillado.

Yo sé que es lindo adelgazar, y vaya si lo intento. Es lindo porque es práctico: conseguís mejor ropa, en menos tiempo y es más barato. No tenés que tapar nada, podés sentarte de cualquier manera y no te ves obligado a que hablar del peso con gente que te quiere ayudar.

Algún día todo este sinsentido va a cambiar, porque es cultural y los cuerpos más rollizos estuvieron de moda y van a volver, y porque nuestros hijos son mejores y van a mejorar el mundo. Veo a mis alumnas de todos los talles con minishorts. Veo a Lena Dunham, actriz y autora de la serie Girls, que sin ser alta y delgada se toma el atrevimiento de ponerse en bolas en televisión, disfrutando y amando sus formas y haciéndonos amarlas. Veo que "flaca" va dejando de ser un elogio y tengo esperanza.

Por mi lado, mi aporte este verano va a ser exhibir mis formas en bikini con el mismo orgullo con que exhibo mis ideas. No son ni las mejores ni las peores, pero son mías, y ser yo misma es lo que a la larga mejor me va a salir.

por Julieta Otero @eschuli

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