El conflicto histórico es entre Israel e Irán. El geopolítico, entre EEUU y China por el control de los recursos energéticos. La pelea de fondo, que podría ser un factor desequilibrante, es entre las culturas de las diversas civilizaciones.
Israel-Irán
La histórica oposición de Irán a la existencia del Estado de Israel es combatida por el gobierno israelí, encabezado por Netanyahu y figuras de la extrema derecha como Ben-Gvir, Smotrich y Lior. Este gobierno, respaldado por el lobby israelí en Estados Unidos, se presenta como una voz independiente dentro de un Occidente fragmentado y sostiene que es el momento oportuno para destruir a Irán e impedir el avance de su industria misilística y su programa nuclear militar. Para ello, influye sobre Estados Unidos, sin cuyo apoyo no podría avanzar en sus objetivos. La intención de crear el denominado Gran Israel, desde Gaza hasta Cisjordania, aún cuenta con la resistencia de Donald Trump y el rechazo explícito de la Unión Europea y el Reino Unido, aunque la publicación de los archivos de Epstein parecería haber reforzado su influencia global.
Estados Unidos-China
Si Irán fuese derrotado por EEUU, podría ser venezolizado (verbo que gusta expresar Trump), y esto significaría que las más importantes reservas de petróleo global podrían ser controladas por EEUU, lo que le daría un fabuloso poder de negociación sobre el resto de los nodos de poder, incluido China. ¿Habrán hablado de esto Trump y Putin en Alaska? Trump estaría más que satisfecho de encontrar un gobierno iraní que entre en ese juego, dado que resultaría imposible a EEUU ocuparlo por medios militares. Para ello trata de armar a las múltiples etnias (kurdos, azeríes, baluches) iraníes, en la hipótesis de fraccionar internamente a Irán y lograr un gobierno adicto a Washington. Una táctica con grandes incógnitas.

Los conflictos entre tácticas, estrategias y renovados sistemas de armas
Irán se va quedando sin Armada y sin Fuerza Aérea. Depende de un gran número de drones baratos, misiles y pequeñas embarcaciones. Todos blancos móviles, que siguen funcionando pese a los intensos bombardeos israelíes que, aunque logran disminuir su producción y su lanzamiento, todavía siguen logrando impactar en bases militares norteamericanos, en ciudades israelíes, en infraestructura (ductos petroleros, plantas desalinizadoras de agua de mar, plantas petroquímicas) y en barcos, civiles o militares, averiados con drones marítimos.
Si bien Irán podría enfrentar escasez de misiles avanzados y propulsores sólidos, su capacidad de producir y operar drones sigue siendo significativa. Si Irán logra mantener esa situación durante las próximas semanas, el curso de la guerra entrará necesariamente en un impasse negociador. Israel/EEUU ataca y se defiende con costosos sistemas de armas, radares, misiles y sensores, no fáciles de ser reemplazados rápidamente, ya que, durante la globalización financiera, EEUU abandonó su tradicional política industrial, descentralizando la producción de armamento, y eso no resulta ocioso. La producción de misiles de un año entero para sistemas como el THAAD y el PATRIOT se está agotando en tan solo una semana. Además del alto costo de esos sistemas de armas (las empresas productoras están felices), frente al menor gasto que realiza Irán.
En la nueva economía de guerra, lo barato supera a lo caro, la cantidad supera a la precisión, y la velocidad supera a la calidad, lo que permite traspasar los costosos sistemas de defensa tradicionales. Cualquier éxito defensivo, hoy sale demasiado caro. La visión occidental de un ataque militar tecnológicamente superior, rápido y limpio está empezando a ser cuestionada. Hasta victorias tácticas podrían resultar en derrotas estratégicas.
Los iraníes utilizaron inicialmente sus misiles antiguos y lentos, y drones de sacrificio que fueron dirigidos hacia las baterías PATRIOT y los sistemas THAAD, para gastarles rápidamente sus interceptores defensivos (tres PATRIOTS -9 millones de dólares- para detener un misil balístico iraní). El ejército norteamericano está diseñado para invadir países, utilizando su fuerza aérea para dominar los cielos y dar cobertura a la artillería y la infantería mientras conquista territorio; casi imposible en el caso iraní. La táctica iraní se basa en que EEUU/Israel no podrían reabastecerse de forma rápida y económica. El enfoque militar actual de Irán no consiste en derrotar a EEUU o a Israel en una guerra convencional, sino en hacer que este conflicto sea de desgaste, prolongado, regionalmente disperso y económicamente costoso. Sin duda mantener este ritmo de combate será cada vez más difícil para ambos bandos a medida que la guerra continúe. La durabilidad de la estrategia iraní podría depender de la cohesión interna, es decir del fraccionamiento de su élite política o de las FFAA/Guardia Revolucionaria, que es lo que alienta y esperan los EEUU.
Irán no cerró el Estrecho de Ormuz. Fueron las Aseguradoras de Riesgo. Pero Irán sigue cortando metódicamente cada arteria energética, la infraestructura del Golfo y los oleoductos del Cáucaso, como es el caso del de Azerbaiyán a Turquía. Secuencia tácticamente sus ataques, cuidando sus misiles. Aun podría dañar el oleoducto saudí Este-Oeste que rodea Ormuz, las plataformas de carga marítimas iraquíes en aguas territoriales iraníes que manejan 3,5 millones de barriles diarios, y el centro de procesamiento de Abqaiq, que maneja la mayor parte del crudo saudí antes de que llegue a cualquier terminal de exportación. Sorprendentemente, o no, el precio del petróleo no se disparó arriba de los 100 dólares el barril. Eso sólo se explicaría si el mercado descuenta que la guerra tendrá un límite alrededor de las cuatro semanas y que no se extendería más. Pero todo puede fallar, como siempre se dijo. La prolongación de la guerra más allá de esos tiempos y el aumento del precio del petróleo, dependerá del equilibrio militar en el campo de batalla, del incremento de la presión iraní sobre las infraestructuras descritas anteriormente, de las reservas que dispongan los países importadores, del caos económico que pueda desarrollarse en los países productores por la destrucción de instalaciones o la falta de embarques (países del Golfo, Irán) o en los importadores por alta inflación, parálisis de la cadena de suministros y otros (Japón, Corea del sur, India, Australia y Europa). China siempre acumula muchas reservas y puede incrementar las importaciones desde Rusia o Asia Central y puede usar carbón. En resumen, todo se reduce a una victoria militar total vs. el colapso económico de varios actores importantes que presionarían para frenar la guerra.

El conflicto entre las culturas de las diversas civilizaciones
La cultura occidental está organizada preponderantemente alrededor del mercado y del individualismo. Europa ha desistido de respetar su origen en la Roma cristiana y se ha entregado al globalismo financiero. Otras culturas, más visible en Oriente, si bien el mercado y el consumo son importantes, lo matizan con otros conceptos, como la noción del sacrificio del individuo a favor de la armonía social (China, Japón, Corea), o conceptos religiosos altamente populares (países musulmanes), o bien el respeto a las tradiciones y a la historia (Rusia). No es que en todo Occidente no existan esos mismos valores, pero proporcionalmente domina el dios dinero. No es casualidad que en EEUU haya una batalla interna muy feroz entre los que defienden las tradiciones patrióticas y religiosas y los defensores de la City financiera. En los países más débiles, cuando son atacados por los más fuertes, afloran conceptos tradicionalistas o religiosos, con actitudes que pueden desequilibrar las relaciones de fuerza. Se vuelven más capaces de resistir ante la adversidad; tienen mayor resiliencia. El caso más destacado es el de Vietnam, que les ganó la batalla final a los franceses, a los norteamericanos y a los chinos, ya que luego de la retirada de EEUU en 1974, China volvió a invadir Vietnam, de acuerdo a lo acordado en la famosa reunión de Kissinger, Nixon y Mao Zedong y fue nuevamente rechazada frente a la extrema debilidad de la situación vietnamita.
Cuando la guerra deja de ser continuación de la política por otros medios, puede convertirse en cuestiones religiosas, culturales o patrióticas, y allí la tecnología no pasa a ser el factor decisivo. El martirio de los musulmanes no encaja en ninguna lógica occidental, porque siendo la billetera el órgano más sensible del hombre, es el menos dispuesto al sacrificio. Cada guerra o conflicto es un choque de sistemas de armas o de tácticas diferentes, pero que fácilmente puede llegar a convertirse en choques de dimensiones civilizatorias, una basada en la fe y otra en los negocios. Una emotiva y otra racional. Hoy está demostrado que al final las emociones gobiernan el mundo.
Implicancias para Argentina
Si la crisis se prolongara mucho tiempo podría posicionarse a Vaca Muerta como activo estratégico y Argentina podría convertirse en un nodo de estabilidad atlántica, ofreciendo seguridad de suministro frente a la volatilidad euroasiática. Pero el actual panorama no permite asegurar eso. Si bien existe un potencial superávit energético de USD 30.000 millones anuales hacia 2030, la tradicional inestabilidad e imprevisibilidad argentina no ofrecen rápidas garantías para acelerar ese proceso. También las consecuencias de la furiosa alineación automática con EEUU e Israel no ayudan, mirando hacia el futuro o a largo plazo. Las grandes inversiones se radican cuando hay proyectos sólidos, de entendimiento nacional interno, con gobiernos experimentados y no de aventuras extravagantes.
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