
La pandemia y las consecuentes políticas de confinamiento que se tomaron para enfrentarla, significaron un aumento notable en todo el negocio de la logística y del e-commerce. Las estrictas medidas de aislamiento fueron, para este negocio, un gran aliado. Los productos esenciales que permitieron hacer frente a la pandemia, como los de las industrias alimenticia, farmacéutica y químicas y sus derivados, fueron los que más dinamizaron la demanda.
El comercio electrónico es una modalidad que fue creciendo sostenidamente hace años y durante 2019 se registró un incremento de 76% en términos de facturación, alcanzando $403.278 millones de pesos. Esta cifra surge del Estudio Anual de Comercio Electrónico en Argentina que realiza la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) junto a Kantar TNS. Vale destacar que según datos de la CACE, solo en Argentina el e-commerce creció un 124% en 2020 y esto tiene consecuencia directa en la logística, área principalmente involucrada.
La globalización logra que toda mejora de servicio en cualquier lugar del mundo, rápidamente se extrapole al resto. Esta explosión del e-commerce ha exigido que los procesos para quienes compran vía remota requieran de circuito logístico aceitado para poder realizar la entrega de la última milla, algo que se optimizó en sólo un año. Dentro de un radio de 100 kilómetros desde CABA, ya es común que el delivery de compras online lleguen en solo 24 horas.
En este sentido, el posicionamiento del comercio electrónico empujó la ocupación de los denominados depósitos de “última milla”, donde las empresas que realizan logística se encargan de almacenar y distribuir los productos que demandan los usuarios vía web.
Siguiendo esta línea, la logística marca el rumbo hacia ello con una mirada mucho más enfocada en B2C –business to customer– en comparación a lo que era la logística tradicional de B2B.
En lo que respecta a emprendedores y pymes, el covid-19 los obligó a adaptarse a la nueva normalidad. Al principio, la situación fue crítica, sobre todo para aquellos cuya operación dependía en su totalidad de la venta física. Con el transcurso del tiempo, los consumidores y empresas se adaptaron a las ventajas que ofrece el e-commerce. Generó que clientes no tradicionales del e-commerce conozcan y se familiaricen con la compra de productos vía web. Aunque, lo que hay que aclarar, es que en sí mismo no se produjo ningún fenómeno nuevo, sino que la pandemia significó una aceleración de tendencias que ya se venían desarrollando en el mercado previamente.
En términos de volumen, en América Latina se observó una explosión de consumo y ventas por internet, debido a que el volumen de ventas se multiplicó en promedio por 3 veces en el lapso de tiempo de unos pocos días (en el caso particular de Chazki Argentina, el volumen de procesamiento que en febrero de 2020 era de alrededor de 100.000 envíos por mes con un crecimiento a un ritmo de un 23% mes a mes).
En concreto, como se mencionaba anteriormente, este incremento tuvo su impacto en el mercado de la logística, fenómeno que no es sólo local, sino que se está observando en toda la región: 8 de cada 10 latinoamericanos compraron en línea al menos una vez en 2019. Para 2023, se estima que el e-commerce en América Latina tendrá tasas de suba muy altas.
Más allá de la pandemia, se estima que el mercado de la logística seguirá creciendo, de la mano de tecnologías e innovaciones como el blockchain, que se van perfeccionando. La logística, se metió en la sociedad de una manera totalmente horizontal. Hoy las personas conviven con la logística.
Es por ello, que el futuro del sector es muy alentador y ello tendrá impacto en toda la cadena de valor con saldo positivo para el consumidor.
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