La pandemia de la Covid-19 determinó nuevos protocolos de bioseguirdad y menor ritmo de la actividad agregada
La pandemia de la Covid-19 determinó nuevos protocolos de bioseguirdad y menor ritmo de la actividad agregada

El impacto de la cuarentena extendida por la Covid-19 sobre la economía local necesita medirse día a día ante un ASPO que gradualmente cede, pero no sin antes ya dejar un efecto fuerte sobre la actividad, y una probabilidad muy baja de recuperación rápida, no sólo por el nuevo escenario sino también producto de la situación propia económica-financiera que ya se observaba desde antes.

De hecho, en este marco deben leerse los últimos resultados de 4 indicadores claves y sus proyecciones a futuro:

1. Recaudación impositiva

Las bajas nominales, y por ende reales de los recursos tributarios, fueron en abril peores a lo esperado derivado de una economía que aceleró su caída. Refuerza, por ende, la tendencia bajista del PBI. Un dato clave en esta foto es recordar que el 80% de los impuestos percibidos por la AFIP están vinculados a la actividad; y que el 40% de los impuestos cíclicos es el Impuesto al Valor Agregado que respondió a un marzo con dos tercios de actividad y un tercio con ASPO. Esto permite estimar un mayo con un peor registro del IVA por un abril con plena cuarentena, y marcada debilidad en el resto de los tributos (combustibles, internos, débitos y pocas ventas, y hasta el impacto por la falta de agua en el Río Paraná, para el movimiento de cargas y salida de exportaciones).

2. Déficit de las finanzas públicas

La emisión de pesos de origen fiscal lleva a una primera y rápida aproximación del desempeño del balance del gobierno. Sin ir más lejos, hay que recordar que entre enero y marzo tuvo lugar una fuerte expansión de la base monetaria que luego se confirmó con la secuencia alcista de desequilibrio primario informada oficialmente por la Secretaría de Hacienda. En esta coyuntura, PPI proyectó para abril que el déficit primario fue incluso mayor al de los meses precedentes, con un piso en $200 mil millones (0,8% del PBI) ante un aumento de los ingresos del 6% y de los gastos del 72% interanual. El rojo financiero, en este escenario, se habría estirado hasta $280 mil millones. Con esta proyección, el acumulado del déficit primario hasta abril se habría ubicado en unos $337 mil millones, equivalente a 1,3% del PBI.

Mientras que, una vez más y hacia delante, las expectativas son pobres, porque las previsiones ya muestran muy débiles niveles de actividad y de recaudación, consecuentemente con déficit primarios crecientes.

Las proyecciones son pobres, porque las previsiones ya muestran muy débiles niveles de actividad y de recaudación

3. Provincias

Los impuestos coparticipados constituyen el 65% de los ingresos de la AFIP, y reflejan la evolución del ciclo económico, de ahí que las transferencias a las provincias fueron doblemente afectadas en este escenario. En abril subieron 9% nominal en comparación con igual mes del año anterior, con lo que la caída real fue del 27%. No obstante, es una realidad que el gobierno nacional está asistiendo a las gobernaciones, ya que con buen tino no quiere agregar otro problema a la economía como sería la emisión de “cuasimonedas”.

El intercambio comercial disminuyó severamente, tanto por el lado de las exportaciones, como de las importaciones, y afectó la recaudación de la Aduana (Dino Calvo)
El intercambio comercial disminuyó severamente, tanto por el lado de las exportaciones, como de las importaciones, y afectó la recaudación de la Aduana (Dino Calvo)

4. Saldo comercial

El comercio exterior registró en marzo menores exportaciones, ante la doble combinación de contracción de volumen y caída de precios internacionales, tendencia que en 2020 se mantendrá de la mano de la baja global, sumado a una coyuntura de difícil logística local -aun con buena cosecha -. De ahí resultará un menor intercambio de bienes con el resto del mundo y mayor superávit.

Las retenciones y aranceles de abril -medidos en dólares- fueron USD 429 millones y USD 183 millones, acusaron una profunda caída de 22% y 9% interanual, respectivamente. De esta manera, se anticipa que las exportaciones e importaciones de abril no superaron los 5.000 y 3.200 millones de dólares, en cada caso. Por ende, el superávit se habría ubicado en torno a 1.500 y 1.800 millones de dólares.

En abril se habría registrado un superávit comercial en torno a 1.500 y 1.800 millones de dólares

Todo lo anterior describe un marco que sólo continúa alimentando la caída esperada de la actividad económica. De hecho, la utilización de algunos modelos matemáticos sanitarios pueden ayudar a intentar “predecir” el fin de la pandemia.

Si bien en cada país el modelo se alimenta de la evolución diaria de diferentes variables -por ejemplo, en las naciones con “curvas violentas” el final predictivo sería entre mayo y junio-, para la Argentina el modelo proyecta que podría ser hacia agosto. Ello daría pista para una recuperación de la actividad más “volcada” hacia el tercer trimestre, aunque aún faltarían datos sobre la forma de V, U o L, esto es caída brusca y rápida recuperación; baja, estancamiento y reactivación; o fuerte recesión y estabilidad en un nuevo piso.

El autor es Economista Jefe de PPI PPI Portfolio Personal Inversiones

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