Un religioso rompió su voto por amor y terminó por desatar una tragedia que marcó una calle del Centro Histórico

Una antigua leyenda narra cómo la convivencia de un clérigo con una mujer desemboca en un crimen que nadie logra explicar

(foto: Héctor Zagal/Twitter)
(foto: Héctor Zagal/Twitter)
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Una mula herrada de madrugada y una mujer encontrada muerta con herraduras clavadas en manos y pies marcan el núcleo de una de las leyendas más perturbadoras del Centro Histórico de la Ciudad de México, la de “la mujer herrada”, que cada temporada de Día de Muertos vuelve a circular entre quienes recorren la actual calle República del Perú.

La historia se ubica entre 1670 y 1680, en lo que entonces se llamaba la Puerta Falsa de Santo Domingo. Ahí vivía un clérigo que, pese a su vocación religiosa, decidió compartir su vida con una mujer, una decisión que su mejor amigo, un herrero devoto, jamás aprobó.

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(foto:México de Ayer Oficial/Twitter)
(foto:México de Ayer Oficial/Twitter)

El herrero insistía en que el clérigo abandonara su vocación por la mujer

El herrero vivía a pocas calles, en lo que se conocía como Rejas de Balbanera. Cada vez que veía a su compadre, le insistía en que dejara a la mujer y retomara su camino eclesiástico.

El clérigo se negaba una y otra vez. La relación entre ambos amigos se mantuvo tensa, aunque ninguno rompió el trato que los unía desde hacía años.

Dos hombres tocaron la puerta del herrero a mitad de la noche con una mula atada

Una madrugada cualquiera, golpes fuertes despertaron al herrero. Al abrir, encontró a dos hombres desconocidos con una mula atada, que afirmaron haber sido enviados por el clérigo para que la herrara antes del amanecer.

(foto: Jorge García/Twitter)
(foto: Jorge García/Twitter)

El encargo debía estar listo antes de que saliera el sol, porque el religioso emprendería un viaje urgente. Pese a un presentimiento extraño, el herrero colocó las herraduras en las patas del animal y los mensajeros se marcharon dándole golpes a la mula.

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El clérigo negó haber enviado a los mensajeros que pidieron herrar la mula

Al amanecer, el herrero corrió hasta la casa de su compadre para preguntar por el viaje. Lo encontró todavía dormido, sin planes de salir a ningún lado.

(foto:Chuy “El muy, muy” Campos/Twitter)
(foto:Chuy “El muy, muy” Campos/Twitter)

El clérigo aseguró que nunca había enviado a nadie durante la noche. Ambos amigos interpretaron el episodio como una broma extraña y decidieron no darle mayor importancia, hasta que se acercaron a la habitación donde dormía la mujer.

La mujer apareció muerta con las mismas herraduras clavadas en pies y manos

Al retirar la cobija que cubría a la mujer, los dos hombres encontraron un cuerpo sin vida. En las manos y en los pies tenía clavadas las mismas herraduras que, horas antes, el herrero había colocado en la mula.

El hallazgo convenció a ambos de que se trataba de un castigo divino contra la relación que mantenían el clérigo y la mujer. Ninguno dudó en vincular la aparición de los mensajeros nocturnos con una fuerza sobrenatural.

El cuerpo fue enterrado en secreto dentro de la misma casa de la calle

Los dos hombres avisaron al cura de la Parroquia de Santa Catarina, con quien decidieron cavar un hoyo dentro de la vivienda para enterrar el cuerpo sin dejar rastro. El pacto de silencio se mantuvo entre los tres.

Según las letras de Luis González Obregón en su libro Las Calles de México, aquel mismo día los dos amigos salieron de la casa decididos a cambiar de vida. El clérigo desapareció sin que nadie volviera a saber su paradero, mientras que el cura que participó en el entierro terminó por ingresar a la Compañía de Jesús.

La casa marcada con el número 100 conserva el peso de la historia

La vivienda donde ocurrieron los hechos corresponde actualmente al número 100 de la calle República del Perú, antes conocida como Puerta Falsa de Santo Domingo. El inmueble sigue siendo punto de referencia para quienes narran la leyenda en recorridos por el Centro Histórico.

Cada Día de Muertos, la historia de “la mujer herrada” regresa como una de las narraciones orales que explican por qué ciertas calles del centro capitalino cargan un peso distinto al resto, transmitida de generación en generación sin registro oficial que confirme los hechos.

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