Agregar Infobae enGoogle

La lección de Elvia Martínez, próxima graduada de la UNAM a los 71 años: “Sólo es garra y ganas de salir adelante, nunca es tarde”

Retomó una meta aplazada durante décadas, superó barreras tecnológicas y ahora planea especializarse en Neurociencias después de obtener su título

Hay metas que parecen quedar atrás con el paso de los años. Sin embargo, para algunas personas el tiempo no es una barrera, sino un aliado que fortalece la determinación. Este video presenta a Elvia Martínez, una mujer de 71 años de edad, estudiante de la carrera de Psicología en la Facultad de Estudios Superiores Iztacala de la UNAM. Regresó a las aulas, venció sus miedos y demostró que nunca es tarde para aprender, graduarse y seguir soñando.
Guardar

A los 71 años, Elvia Martínez está cerca de cumplir uno de los sueños que conserva desde su adolescencia: graduarse de la carrera de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Su historia ha estado marcada por las jornadas de estudio, los largos traslados y el desafío de adaptarse a las herramientas digitales.

La alumna de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala se prepara para concluir sus estudios y posteriormente comenzar el proceso de titulación. Sin embargo, sus planes académicos no terminan ahí, pues desea continuar su preparación mediante una maestría en Neurociencias.

De acuerdo con una historia publicada por Gaceta UNAM, Elvia tuvo que vencer distintos temores para avanzar en su formación. Uno de los principales fue enfrentarse a la tecnología, debido a que al inicio necesitaba la ayuda de sus compañeros para utilizar las plataformas requeridas en sus clases.

PUBLICIDAD

Elvia Martínez superó el miedo a la tecnología para continuar sus estudios

“Al principio me daba pavor enfrentarme a este mundo digital; muchas veces requería el apoyo de mis compañeros para que me ayudaran”, relató la próxima egresada.

Aunque el aprendizaje de las herramientas digitales representó un reto, Elvia consiguió adaptarse y encontró en el teléfono celular a uno de sus principales aliados. Desde ese dispositivo comenzó a realizar tareas en una plataforma que le permitía guardar, editar y compartir documentos.

La estudiante consideraba que todavía enfrentaba dificultades; no obstante, sus profesores reconocían su capacidad para resolver los problemas. “Elvia, a ti nada se te complica”, le decían.

Hablar frente a otras personas también le provocaba temor. Durante las exposiciones solía ponerse nerviosa, pero poco a poco logró controlar esa sensación y realizar sus presentaciones con éxito.

PUBLICIDAD

El esfuerzo le permitió adquirir conocimientos y herramientas que considera valiosos para su desarrollo. También cambió su manera de pensar y fortaleció su percepción sobre el papel que puede desempeñar dentro de la sociedad.

“Esto es lo más grandioso que jamás me hubiera imaginado. He adquirido habilidades de forma y pensamiento”, expresó.

Una carta de aceptación de la UNAM que guardó durante décadas

La relación de Elvia Martínez con la UNAM comenzó en 1982, cuando tenía 28 años. En ese momento acudió con su hermana a presentar el examen de ingreso, aunque pensaba que no tendría la oportunidad de convertirse en universitaria.

Para su sorpresa, fue aceptada. Después de conocer las instalaciones de la institución quedó encantada, pero sus circunstancias familiares y laborales le impidieron continuar con el proyecto.

En aquella época trabajaba para ayudar a sus padres y a sus ocho hermanos. Solicitó permiso en su empleo para estudiar, pero no recibió la oportunidad que necesitaba. Ante esta situación, guardó su carta de aceptación durante años como si fuera un tesoro.

El tiempo pasó hasta que ya no pudo trabajar regularmente. Entonces, por recomendación de una sobrina, acudió al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) plantel Sur para consultar su situación académica.

Ahí descubrió que su registro seguía vigente. Posteriormente se dirigió al área correspondiente del Archivo General, donde localizaron su expediente. El hallazgo le permitió retomar su preparación, concluir el bachillerato e ingresar a la licenciatura en Psicología de la FES Iztacala.

Elvia se incorporó nuevamente a la vida académica en 2012. Desde entonces, asegura que no ha faltado a ninguna clase de las materias cursadas. Para acercarse a su objetivo ha tenido que levantarse temprano y, en algunas ocasiones, estudiar hasta la medianoche.

Traslados de cuatro horas y el desafío de sentirse parte de la comunidad

Durante su paso por el CCH Sur, la estudiante también tuvo que enfrentar recorridos prolongados. Desde su casa, ubicada en la colonia San Martín Xochinahuac, en la alcaldía Azcapotzalco, tomaba un camión, después el Metro y finalmente otro autobús para llegar al plantel.

El trayecto tenía una duración aproximada de dos horas de ida y otras dos horas de regreso. Al volver a su domicilio se encontraba tan cansada que se quedaba dormida; más tarde despertaba para cumplir con sus tareas.

Otro desafío fue la diferencia de edad con sus compañeros. Aunque recibió apoyo de ellos, durante un periodo llegó a sentirse aislada y pensó que no pertenecía a la comunidad universitaria.

Sus profesores escucharon esa preocupación y le recordaron que formaba parte de la institución desde el momento en que obtuvo un número de cuenta y comenzó a estudiar. También subrayaron que sus avances eran resultado de su propio esfuerzo.

Con el paso del tiempo, las experiencias compartidas y el respaldo de alumnos, docentes y autoridades ayudaron a Elvia a fortalecer su sentido de pertenencia. Ahora agradece el acompañamiento que recibió tanto en el CCH Sur como en la FES Iztacala.

Después de Psicología, Elvia quiere estudiar una maestría en Neurociencias

A pesar de estar próxima a terminar la licenciatura, Elvia considera que todavía necesita prepararse antes de ejercer profesionalmente. Su objetivo inmediato es graduarse y posteriormente obtener el título universitario.

Después quiere ingresar a una maestría en Neurociencias. Algunas personas le han advertido que se trata de un campo complicado, pero ella está decidida a intentarlo y no considera que la edad sea una barrera.

Su experiencia también se convirtió en un mensaje para quienes abandonaron o pospusieron una carrera. Elvia recomienda acercarse a la institución educativa correspondiente para conocer el estado del expediente y analizar las posibilidades disponibles para retomar los estudios.

Su historia demuestra que una meta aplazada puede recuperarse incluso después de varias décadas. Para ella, la clave se encuentra en la determinación: “Sólo es garra y ganas de salir adelante, porque nunca es tarde para hacerlo”.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD