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México pierde sus selvas: casi el 90% del bosque tropical lluvioso ha desaparecido, revela la UNAM

El fenómeno de los bordes artificiales, como carreteras y caminos, genera lo que se denomina “efecto de borde”, alterando aún más el equilibrio ecológico

Se detectó la remoción de selva así como el uso de fuego, en un sitio próximo a la Reserva de la Biosfera de Calakmul.
Selvas en México (Profepa)
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Las selvas altas perennifolias de México, conocidas también como bosques tropicales lluviosos, conforman uno de los ecosistemas más ricos en especies del país.

Este tipo de vegetación se extiende por regiones de San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, la Península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero. A pesar de su relevancia biológica, estos ambientes han sufrido una intensa transformación debido a la acción humana.

Su alteración se debe principalmente a la tala, el cambio de uso del suelo, la urbanización y la introducción de especies exóticas. Como consecuencia, las poblaciones de flora y fauna nativas han disminuido, mientras que la presencia de plantas y animales foráneos ha aumentado, modificando la composición y las dinámicas del ambiente original.

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Actualmente, la fragmentación y degradación de estos espacios han provocado una serie de cambios ecológicos profundos, de acuerdo con la investigadora Julieta Benítez Malvido, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, quien ha dedicado más de treinta años a estudiar cómo la intervención humana altera el equilibrio y funcionamiento de estos ecosistemas.

Modificaciones en los bosques tropicales lluviosos

Las selvas tropicales mexicanas han perdido una considerable extensión. Según estimaciones de la especialista, entre 6 y 12% del área original permanece en pie, debido a que el proceso de transformación se aceleró en los años ochenta y noventa, cuando cerca del 48% de la cubierta vegetal nativa fue reemplazada por cultivos y pastizales, sobre todo en el sureste del país.

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En la actualidad, el paisaje de las zonas se caracteriza por una gran heterogeneidad: fragmentos se mezclan con espacios agrícolas y ganaderos, pero esta fragmentación afecta tanto la regeneración natural como la supervivencia de las especies.

El fenómeno de los bordes artificiales, como carreteras y caminos, genera lo que se denomina “efecto de borde”, donde las plantas que crecen cerca de estos límites se vuelven más vulnerables a enfermedades, alterando aún más el equilibrio ecológico. Además, la entrada de especies invasoras y el recambio de especies nativas generan una reducción en la diversidad del lugar.

Infografía con título. Imagen de selva verde, área deforestada, incendios, campos de cultivo con ganado. Dos columnas con texto, íconos y datos.
La degradación de las selvas tropicales mexicanas se representa en un paisaje donde los fragmentos de bosque coexisten con áreas deforestadas, cultivos y ganado, detallando su impacto. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cambios en la dinámica de las especies y enfermedades

Un ambiente modificado trae consigo variaciones en los factores físicos y biológicos que regulan la vida en el ecosistema, alterando la luz, la humedad y la temperatura, lo que a su vez afecta a los organismos que allí habitan. En los bosques secundarios que surgen tras la deforestación, se observa la llegada tanto de especies nativas como de exóticas, con consecuencias para la salud vegetal.

La académica ha documentado un aumento de hongos fitopatógenos en el follaje de plantas en hábitats alterados, así como una mayor abundancia de nemátodos patógenos en el suelo. Estas condiciones hacen que las plantas sean más susceptibles a enfermedades y que los animales también sufran cambios en sus hábitos y supervivencia.

Un caso particular es el de las heliconias, plantas características de los bosques tropicales. En ambientes perturbados, estas especies presentan menos flores, de menor tamaño y tallos más cortos, lo que afecta tanto a su reproducción como a la interacción con insectos, aves y otros animales que dependen de ellas para refugio o alimentación.

Estrategias para restaurar las selvas

Frente a la degradación de las selvas, la restauración ecológica surge como una alternativa. Este proceso busca recuperar las características originales del hábitat, aunque la propia doctora Benítez Malvido señaló que en muchas ocasiones esto resulta inviable por el nivel de deterioro y el tiempo necesario para lograrlo, que puede superar los dos siglos en áreas muy afectadas.

Existen dos enfoques principales para la restauración: la activa y la pasiva. La primera implica la intervención humana, como la plantación de especies nativas de cierto tamaño que puedan atraer fauna local y facilitar la regeneración. En cambio, la segunda consiste en eliminar el factor de perturbación, permitiendo que el ecosistema se recupere de forma natural, aunque de manera más lenta.

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