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Los búlgaros no curan enfermedades: UNAM aclara que no hay pruebas concluyentes sobre corazón ni huesos

La literatura científica citada por la universidad apunta a efectos vinculados con el sistema digestivo

Granos de kéfir en un cuenco y una cuchara de madera, un frasco con tela, un vaso y un cuenco pequeño, todo sobre una mesa de madera con un paño a cuadros.
El consumo de kéfir puede causar gases, distensión abdominal o molestias digestivas al inicio, por lo que se recomienda incorporarlo de manera gradual. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El kéfir (también conocidos como búlgaros) puede favorecer la microbiota intestinal y mejorar la tolerancia a la lactosa en algunas personas, pero no cura enfermedades ni tiene pruebas concluyentes de proteger el corazón o fortalecer los huesos por una vía distinta a la de otros lácteos, de acuerdo con una explicación difundida por UNAM Global con base en la especialista de la FES Zaragoza Mariana Valdés Moreno.

Los ensayos clínicos disponibles suelen usar entre 180 y 250 mililitros al día, una cantidad equivalente a un vaso pequeño. Hasta ahora, no hay evidencia de que tomar más aporte beneficios adicionales, y al inicio algunas personas pueden presentar gases, distensión abdominal o molestias digestivas.

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El punto central, según la maestra Mariana Valdés Moreno, jefa de la Carrera de Nutriología de la FES Zaragoza de la UNAM, es que esta bebida fermentada puede integrarse a una alimentación saludable, pero no debe verse como un producto milagro. Su posible utilidad se entiende dentro de un conjunto de hábitos que incluye fibra, actividad física regular y descanso suficiente.

El kéfir se distingue por su comunidad de bacterias y levaduras

Siete alimentos que tienen más probióticos que el yogur, según expertos
El kéfir se obtiene al fermentar leche con gránulos que concentran una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras, como Lactococcus y Saccharomyces. (VisualesIA)

Los búlgaros se obtienen al fermentar leche con gránulos formados por una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras. Esos gránulos contienen una matriz de polisacáridos y proteínas que alberga microorganismos de géneros como Lactococcus y Saccharomyces, entre otros.

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Esa composición le da un perfil microbiano distinto al de otros productos lácteos fermentados. También explica sus características sensoriales: sabor más ácido que el yogur, menor espesor y, en ocasiones, una ligera efervescencia por la actividad de los microorganismos durante la fermentación.

Valdés Moreno explicó a la publicación que la principal fortaleza del kéfir no está en un microorganismo aislado, sino en la diversidad de bacterias y levaduras que aporta al intestino. La evidencia científica disponible indica que esa diversidad puede favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal.

Cuando esa microbiota mantiene un equilibrio funcional se habla de eubiosis, un estado de convivencia estable entre microorganismos que contribuye al funcionamiento del organismo. Cuando ese equilibrio se altera aparece la disbiosis, una condición asociada con procesos inflamatorios, trastornos digestivos y algunas infecciones.

Evidencia más sólida se concentra en la salud digestiva

Ilustración 3D de un cuerpo humano translúcido con esqueleto azul brillante. Muestra el sistema digestivo verde y turquesa, microorganismos y un escudo en el abdomen.
La evidencia más sólida del kéfir se concentra en la salud digestiva, con asociaciones a mejor salud gastrointestinal, regulación del tránsito e integridad de la barrera intestinal. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación ha estudiado sobre todo los posibles efectos del kéfir en el sistema digestivo. De acuerdo con la literatura científica citada por el medio, su consumo se ha asociado con equilibrio de la microbiota intestinal, mejor salud gastrointestinal, regulación del tránsito intestinal, mayor integridad de la barrera intestinal y producción de ácidos grasos de cadena corta.

Esos compuestos sirven como fuente de energía para las células del colon y contribuyen al equilibrio intestinal. La bebida también participa en la modulación de procesos inflamatorios relacionados con el sistema inmunitario.

En cambio, otros beneficios que suelen circular en internet no tienen el mismo nivel de respaldo. En el caso de los huesos, la especialista precisó que el kéfir aporta calcio por ser un derivado de la leche, pero no existe evidencia de que fortalezca la salud ósea mediante un mecanismo diferente al de otros alimentos ricos en ese mineral.

Con la lactosa sí hay una explicación más concreta. Durante la fermentación, los microorganismos consumen parte del azúcar presente en la leche, por lo que el producto final contiene menos lactosa y algunas personas con intolerancia pueden tolerarlo mejor que la leche convencional, aunque la respuesta varía entre individuos.

El efecto sobre inmunidad y corazón sigue bajo estudio

Gránulos de kéfir sobre una tabla de madera. Al fondo, un frasco con kéfir líquido y una cuchara de madera con más gránulos. Un paño azul y blanco.
UNAM indicó que no hay evidencia concluyente de que el kéfir proteja el corazón o fortalezca los huesos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sobre el sistema inmunitario, distintos estudios sugieren que el kéfir puede beneficiar de forma indirecta su funcionamiento al modificar la composición de la microbiota intestinal. Esos cambios se han asociado con mejor regulación de procesos inflamatorios y con mayor integridad de la mucosa intestinal.

La propia UNAM aclaró, a partir de la explicación de Valdés Moreno, que buena parte de esa evidencia proviene de estudios experimentales y preclínicos. Las investigaciones en seres humanos todavía son limitadas, por lo que no puede establecerse una relación de causa y efecto de manera concluyente.

Algo similar ocurre con la salud cardiovascular. La literatura científica disponible no demuestra con suficiente solidez que el consumo de los búlgaros prevenga o trate enfermedades del corazón y los vasos sanguíneos.

Ilustración del torso humano con el cerebro, el estómago y los intestinos iluminados en rojo y naranja; líneas negras emergen de los intestinos; un gráfico de pulso rojo sobre el cerebro.
La mejora de la microbiota intestinal depende también de fibra, actividad física y descanso, mientras que estrés, alcohol, ultraprocesados y sedentarismo pueden alterarla. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La recomendación de la especialista es incorporarlo de manera gradual. El motivo es que, durante los primeros días, puede causar malestar digestivo en algunas personas.

Valdés Moreno también señaló que el kéfir no es el único fermentado con potencial para favorecer la diversidad de la microbiota. El yogur y otros productos fermentados contienen microorganismos que pueden ofrecer beneficios similares.

La especialista añadió que el equilibrio de la microbiota también depende de una dieta rica en fibra, presente en frutas, verduras, leguminosas y cereales integrales. Factores como el estrés, la falta de sueño, el consumo excesivo de alcohol, los alimentos ultraprocesados y el sedentarismo también pueden alterarlo.

Por eso, los posibles efectos del kéfir deben entenderse como parte de una alimentación equilibrada y de hábitos saludables más amplios. Ningún alimento por sí solo puede prevenir o tratar enfermedades.

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