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México abre debate sobre restringir celulares en escuelas, especialistas advierten que el reto va más allá de apagar la pantalla

La vida en línea no es esporádica, sino un lugar donde se aprende y se vive de manera cotidiana

Filas de pupitres escolares con cuadernos, libros y teléfonos celulares apagados. Al fondo, una pizarra verde, carteles educativos y ventanas.
Pupitres con libros, cuadernos y teléfonos celulares apagados se alinean en un aula de secundaria moderna en México, con una pizarra y carteles educativos al fondo en un espacio sin estudiantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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El posible replanteamiento del uso de celulares en las aulas ha reactivado un debate profundo entre autoridades educativas y legisladores mexicanos. El análisis surge en un contexto donde los jóvenes del país lideran la utilización a nivel mundial de teléfonos móviles, con un promedio diario de siete horas y media en línea, cifra que se asemeja a una jornada laboral. La preocupación va más allá de los minutos frente a la pantalla y apunta hacia el impacto de la vida digital en la formación de la identidad y la convivencia cotidiana.

Este tema ha cobrado relevancia al considerar cómo la tecnología ya no es una herramienta adicional, sino un espacio donde niños, niñas y adolescentes construyen vínculos, opiniones y formas de interpretar la realidad. En la actualidad, la pregunta central se ha desplazado: ya no se discute solo el tiempo de exposición, sino el significado de crecer inmerso en un entorno tan dominante.

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Desde la perspectiva de la Dra. Cimenna Chao Rebolledo, Directora de Planeación Estratégica e Innovación de la Universidad Iberoamericana, el smartphone y la inteligencia artificial han dejado de ser elementos ajenos al desarrollo de las nuevas generaciones. Según la especialista, la vida en línea no es esporádica, sino un lugar donde se aprende y se vive de manera cotidiana.

El desafío de la tecnología en las escuelas

En la discusión sobre la presencia de tecnología en las aulas, la académica propuso que la regulación debe tener un enfoque pedagógico, no solo técnico. La cuestión no es la cantidad de dispositivos, sino si su uso realmente enriquece el aprendizaje, fomenta la comprensión de fenómenos y estimula el pensamiento crítico en los estudiantes.

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Asimismo, la incorporación estas herramientas suele responder a modas o presiones externas más que a objetivos educativos bien definidos. Cuando las plataformas digitales sustituyen procesos cognitivos básicos, el aprendizaje se vuelve pasivo y limitado a la simple consulta o consumo de información rápida.

Infografía de aula dividida con estudiantes usando celulares y tabletas. Cuadros de texto explican datos sobre uso de móviles en escuelas de México. Logotipo Infobae.
Una infografía compara el impacto del uso de celulares en aulas mexicanas y propone enfoques de regulación pedagógica frente a la prohibición, señalando las 7.5 horas de conexión diaria de jóvenes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Dra. Chao sostuvo que los recursos actuales pueden ser un recurso valioso para potenciar capacidades intelectuales, pero para lograrlo es necesario establecer propósitos claros y una orientación didáctica adecuada.

Autoridades federales evalúan limitar el uso de celulares en escuelas mexicanas a partir del próximo ciclo escolar. Esta medida responde a la preocupación por el tiempo que los jóvenes invierten en los móviles, lo cual ha generado un debate sobre la necesidad de repensar cómo se relacionan las innovaciones con el ambiente escolar.

Más allá del tiempo de uso: impactos y propuestas para una regulación inteligente

La especialista consideró insuficiente reducir la problemática al número de horas frente al dispositivo. Señaló que el verdadero impacto radica en el efecto que existe sobre las actividades sociales, recreativas y familiares, especialmente desde la pandemia, cuando todo lo digital cobró aún mayor peso en la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes.

La llamada nomofobia —el temor intenso a no tener acceso al celular— es un ejemplo de las nuevas formas de dependencia que afectan la regulación emocional y la capacidad de desconexión. La simple prohibición no resolverá el fenómeno si no existen alternativas de convivencia y desarrollo fuera de la pantalla.

Por otro lado, la evidencia científica no condena todo su manejo, pero sí señala riesgos cuando el consumo es excesivo o está desregulado. Entre los principales efectos negativos se encuentran dificultades en la atención, la concentración y la autorregulación, así como impactos en la autoestima y la autoimagen, especialmente con plataformas que favorecen contenidos breves y personalizados.

Ante esto, Chao Rebolledo recomendó que antes de aplicar restricciones, se opte por una regulación inteligente basada en cuatro ejes:

  • Límites claros de tiempo y calidad
  • Alfabetización digital crítica
  • Introducción gradual de tecnología según la etapa de desarrollo
  • Excepciones para casos de salud o necesidades específicas

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