
El páncreas es un órgano fundamental para el correcto funcionamiento del cuerpo humano, aunque muchas veces pasa desapercibido hasta que presenta alguna alteración. Se encuentra ubicado en la parte superior del abdomen, detrás del estómago, y cumple funciones esenciales tanto en el proceso digestivo como en la regulación de los niveles de glucosa en la sangre.
Una de las principales funciones del páncreas es su participación en la digestión de los alimentos. Este órgano produce enzimas digestivas que se liberan en el intestino delgado y permiten descomponer grasas, proteínas y carbohidratos.
Gracias a estas enzimas, el organismo puede absorber los nutrientes necesarios para obtener energía y mantener sus funciones vitales. Cuando el páncreas no produce suficientes enzimas, pueden aparecer síntomas como dolor abdominal, hinchazón, diarrea o pérdida de peso involuntaria.

Además de su función digestiva, el páncreas desempeña un papel clave en el sistema endocrino. Produce hormonas como la insulina y el glucagón, responsables de regular la cantidad de glucosa en la sangre.
La insulina permite que el azúcar ingrese a las células para ser utilizada como energía, mientras que el glucagón actúa cuando los niveles de glucosa son bajos. Un mal funcionamiento en esta área puede provocar enfermedades como la diabetes, una de las afecciones crónicas más comunes a nivel mundial.
Entre las enfermedades más frecuentes relacionadas con el páncreas se encuentran la pancreatitis, la diabetes y el cáncer pancreático. La pancreatitis es una inflamación que puede ser aguda o crónica y suele estar asociada al consumo excesivo de alcohol o a cálculos biliares. Por su parte, el cáncer de páncreas es una enfermedad grave que en muchos casos se detecta en etapas avanzadas, lo que refuerza la importancia de la prevención.

Cuidar el páncreas es posible a través de hábitos saludables. Una alimentación equilibrada es uno de los pilares principales. Se recomienda reducir el consumo de grasas saturadas, azúcares refinados y alimentos ultraprocesados, ya que estos sobrecargan el trabajo del páncreas. En cambio, es preferible incluir frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y proteínas magras en la dieta diaria.
Evitar el consumo excesivo de alcohol es fundamental, ya que esta sustancia es una de las principales causas de inflamación pancreática. Asimismo, dejar de fumar reduce significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de páncreas y otras enfermedades asociadas.
La práctica regular de actividad física contribuye a mantener un peso saludable y mejora el control del la glucosa en la sangre, lo que disminuye el riesgo de diabetes tipo 2. Finalmente, acudir a revisiones médicas periódicas y prestar atención a síntomas persistentes como dolor abdominal o cambios digestivos puede ayudar a detectar a tiempo posibles alteraciones.
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