
La decisión de Lyn May de alejarse de los funerales de sus colegas no responde a una simple preferencia personal, sino a una serie de vivencias que, según relata, la han marcado profundamente.
En una reciente conversación para el canal Creepypastas Everywhere, la vedette mexicana compartió que, tras maquillar los cuerpos de Rossy Mendoza y Sasha Montenegro después de su fallecimiento, comenzó a experimentar fenómenos que alteraron su percepción de la muerte y la llevaron a buscar ayuda psicológica.
A pesar de declararse escéptica respecto a lo paranormal, Lyn May relató que su vínculo con el mundo de los muertos se intensificó a partir de su amistad con Carmen Salinas.

La relación entre ambas trascendió los escenarios, y el afecto se extendió al hijo de Salinas, Pedro Plascencia, quien llegó a llamarla “tía”. Cuando a Plascencia le diagnosticaron cáncer, Lyn May fue la primera en acompañarlo en la búsqueda de segundas opiniones médicas.
Tras su fallecimiento, la vedette asumió la tarea de maquillarlo para su despedida. “Cuando se murió su hijo lo maquillé yo porque ella era un mar de llanto... yo le maquillé a su hijo. Era tan lindo, era mi arreglista, él me hacía mis arreglos de mis canciones”, recordó.
El acto de maquillar a sus amigas y colegas no se limitó a un gesto profesional. Lyn May explicó que, en el caso de Rossy Mendoza y Sasha Montenegro, lo vivió como un homenaje y una muestra de cariño.
“Yo las maquillo a todas, maquillé a Sasha Montenegro y a Rossy Mendoza, las maquillo porque las quiero... lo hago por amor [...] De que las maquillé me quedó una cosa fea en la cabeza. Veía yo que todo se movía, que había un hombre ahí, que había otro hombre allá... Veía personas que se movían, soñaba con monstruos... Fue una cosa terrible”, confesó la artista.
Estas experiencias, lejos de ser anecdóticas, tuvieron consecuencias duraderas. Lyn May admitió que, incluso dos meses después de los hechos, continuaba percibiendo presencias y soñando con figuras monstruosas, lo que atribuye directamente al hecho de haber maquillado a dos de sus amigas más queridas.
Esta situación la llevó a evitar los funerales de otras compañeras del medio artístico. “Ahora que me dicen “ya murió alguna artista” ya no voy (al funeral). Han fallecido varias de mis compañeras últimamente y no he ido porque me quedó eso de estarlas maquillando, de estar con ellas... de quererlas tanto”, explicó.
La vedette también relató que, pese a intentar distraerse con otras actividades, como las clases de baile, las manifestaciones no cesaron. Afirmó que, en ocasiones, percibía siluetas moviéndose y riéndose, aunque nunca recibió mensajes directos de esas presencias.

“Me llamaban para que fuera con ellos y veía muchas cosas, sobre todo hombres [...] Yo sufrí mucho con Rossy Mendoza porque corríamos en el parque juntas; con Sasha hicimos muchísimas películas juntas [...] Con todas mis compañeras he convivido mucho y cuando se van me quedo mal”, confirmó.
El testimonio de Lyn May revela cómo el duelo y el cariño hacia sus amigas se transformaron en una experiencia que la llevó a replantear su relación con la muerte y a buscar apoyo profesional para sobrellevar las secuelas emocionales de estos episodios.
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