
Con el paso de los años las relaciones humanas, así como las sexuales han evolucionado, hoy en día hay mayor apertura para todo tipo de composiciones que van más allá del habitual vínculo mujer-hombre.
Bajo tal contexto, surge el hotwifing, quizá, una forma moderna de voyeurismo, el acto de espiar que produce excitación, una versión consensuada que está en auge en las redes sociales y diversos portales.
¿Adiós a la monotonía?
La mecánica del hotwifing consiste en que un hombre heterosexual y casado anima a su esposa a tener un encuentro sexual con otra persona, mientras él observa, un matrimonio abierto, en donde se aprueba “una infidelidad consentida” con el propósito de “avivar la llama de la pasión”.
En terminos coloquiales, es como prestarle el auto o la bicicleta al amigo o compadre.
Se trata de una práctica sexual que cada día tiene más adeptos, donde una mujer casada o en pareja estable tiene sexo con otros hombres, siendo informada y, algunas veces, consentida e incluso animada emocional o físicamente por su marido o pareja.
A diferencia de otras dinámicas abiertas, aquí el énfasis suele estar en la excitación compartida y en el “empoderamiento sexual” de la mujer dentro de un marco de “respeto y comunicación”, en lo que confiere al hombre, tiende a ser activo y partícipe, ya sea observando, grabando o apoyando emocionalmente a su pareja.
Aunque para muchos es polémico, quienes lo practican aseguran que les da libertad, seguridad y mucho deseo renovado e incluso la salvación de un matrimonio monótono. No obstante, los detractores de tal ejercicio, enfatizan que el erotismo, el sexo y el amor son cosas completamente distintas, y tal praxis no es ni lo uno ni lo otro, sino un acto descarado de pornografía disfrazado de “apertura amorosa”.
No confundir
En estos ámbitos de la sexualidad hay una línea muy delgada para definir tal o cual, y con el hotwifing (esposa caliente) no es la excepción ya que a menudo se le confunde con el cuckolding (cornudo). El primero se enfoca en el empoderamiento sexual de la esposa, muchas veces sin humillación o sumisión del esposo; el segundo, suele incluir elementos de sumisión o fetichismo de humillación hacia el marido.
Por ello, cualquiera que sean las filias o atracciones sexuales, lo más conveniente es comunicarlo y encontrar la disposición en la contraparte, para disfrute placentero de los involucradas(os).

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