
Había que preparar la entrevista a Ismael “El Mayo” Zambada ―algo que sólo Julio Scherer había conseguido― cuando el teléfono sonó. De un lado de la bocina se encontraba el periodista Diego Enrique Osorno. Del otro, un enlace del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) con una propuesta: cruzar el Océano Atlántico en un velero para difundir la lucha indígena que se libra en Chiapas. Había poco que pensar, pero era necesario hacer una aclaración:
-“Estoy en malas condiciones físicas y, para colmo, no sé nadar”, expresó Osorno.
-“No te preocupes ―respondieron―, algunos de los enviados zapatistas ni siquiera han visto el mar. (...) Iremos en La Montaña”.
Hay varios simbolismos en La Montaña. Uno de ellos, el lanzarse a Europa, el viejo continente y tierra de los conquistadores que llegaron a América 500 años en el pasado, pero ahora en dirección contraria para que los protagonistas de la resistencia indígena sean quienes den las novedades y hagan que su voz se escuche en todo el mundo. Otro simbolismo lo describió Enrique Florescano en su libro Memora indígena:
“En el corazón de la población levantaron una réplica de la primera montaña que surgió de las aguas primordiales el día inaugural del cosmos. Esta colina que los mayas llamaban Yax Hal Witz, Primera Montaña Verdadera, y los nahuas Tonacatépetl, el Cerro de los Mantenimientos, fue el símbolo del surgimiento de la tierra y su creación con los tres niveles del cosmos: inframundo, superficie terrestre y el cielo (...) La primera Montaña Verdadera fue también un símbolo de la fertilidad: la tierra que guardaba en su interior las semillas nutricias y las aguas fertilizadoras que alimentaron a los primeros seres humanos”.
Así navegó La montaña (primigenia) por el Atlántico a mitad de la pandemia de Covid-19: con un testigo (periodista) y un grupo de representantes del EZLN para actualizar la crónica del movimiento armado que estalló el 1 de enero de 1994. También para recordar que el movimiento zapatista sigue siendo uno de los máximos dolores de cabeza del gobierno actual. Las madres buscadoras y los periodistas, son otros dos.
“Muy en su consciencia lo saben. El zapatismo les recuerda lo que los gobiernos en el poder están traicionando”, refiere Diego Enrique Osorno al recordar su viaje por el Atlántico. Sin saber nadar.

De cara con El Mayo Zambada
“El Mayo Zambada estaba sentado frente a mí y le empecé a contar quien era yo. El exlíder del Cártel de Sinaloa (arrestado el 25 de julio de 2024) estaba desesperado porque un wey le estaba contando su vida. Le estaba quitando su tiempo ―me habían dado 30 minutos para la entrevista― y lo estaba poniendo muy ansioso. Fue hasta que mencioné a Julio Scherer cuando se interesó, se paró y se acomodó: ‘lástima que no lo podemos revivir’, me dijo. Luego hablamos por tres horas”, recuerda Osorno durante la presentación de su libro En la montaña.
La entrevista con El Mayo Zambada ocurrió a mitad de la pandemia (2021) y también fue necesario ir a una montaña, pero ahora en Sinaloa, corazón de la organización criminal más grande del mundo y hoy epicentro de una guerra civil que se ha extendido por casi siete meses y ha cobrado la vida de más de 900 personas. Dicen que Los Chapitos traicionaron a Zambada y La Mayiza respondió con “plomo”.
Es pandemia y Osorno piensa si es necesario llevar cubrebocas a su encuentro con El Mayo Zambada ―la precaución no es menor, más de 800 mil personas murieron por Covid-19, según un informe de la Comisión Independiente de Investigación―. El capo aparece y la imagen no es distinta a la fotografía con Julio Scherer: “Pantalón de mezclilla, camiseta tipo polo, cinto piteado, botas y sombrero”. Sobre todo sombrero, como los dejados por los sicarios de Los Chapitos sobre los cuerpos esparcidos en Culiacán.
El Mayo Zambada y Diego Enrique Osorno platican de Julio Scherer, de la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón, de música norteña, de narcocorridos en honor al Señor del Sombrero o El Quinto mes; también hablan de la paz. “La paz no se dice, la paz se hace. La paz surge de la lealtad”, lanza el capo sin saber que tres años después una supuesta traición de Los Chapitos le dará un pase directo a una cárcel de Estados Unidos.

En la montaña, por Diego Enrique Osorno
“Hacemos periodismo con el culo en la mano ―decía Javier Valdez―. No, Javier, con la mano en el culo ―corregía Ismael Bojórquez―”, escribe Osorno en su libro.
Porque sí, también es un libro para recordar y exigir justicia para Javier Valdez, silenciado por el Cártel de Sinaloa ―aún bajo el mando del “Mayo” Zambada― una “maldita” tarde de mayo de 2017. En la montaña es un recordatorio de todo lo que incomoda al gobierno. Lo que la sociedad y los periodistas no debemos olvidar: es un libro para no caer en la “pornografía del terror y en el espectáculo de la tragedia”. Un libro para recordar que “ser realista en estos tiempos, es ser pesimista”.
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