
El Segundo Imperio de México fue una etapa de la historia del país que duró tres años, de 1864 a 1867, y en la que estuvo al frente del país el emperador Maximiliano de Habsburgo.
El imperio se consolidó luego de la Segunda Intervención Francesa, ordenada por el entonces emperador de Francia Napoleón III. Tras la invasión, se logró llegar a la capital y tomar el control del país, por lo que el emperador francés comenzó a buscar a alguien que pudiera estar al frente de la nación en América.
Maximiliano le pareció una buena idea, por lo que le ofreció ser el emperador del país. Según algunas fuentes, Maximiliano de Habsburgo dijo que gobernaría solamente si los mexicanos querían que lo hiciera, por los que Napoleón falsificó boletas de votos donde se mostraba que la mayoría de los mexicanos lo querían como gobernante, cuando en realidad, quienes lo querían al frente del país eran los conservadores y el clero.
Durante el gobierno de Maximiliano, los republicanos pelearon contra las fuerzas imperialistas, lo que evitó la consolidación del gobierno imperial. Constantemente se registraban guerrillas, lo que obligó a las fuerzas intervencionistas francesas a pagar un alto costo material y humano. La imposibilidad de establecer un sistema financiero eficiente llevó a al agotamiento de los recursos del Imperio, y aunque las presiones internacionales contribuyeron de forma significativa, no fueron determinantes.

Luego de cuatro años de combatir a los invasores, las fuerzas de la República lograron acorralar a Maximiliano de Habsburgo y sus aliados en la ciudad de Querétaro. La estrategia militar de Mariano Escobedo consistió en cercar, atacar e impedir la salida de los sitiados y hostilizar al enemigo con la intención de desgastarlo. Luego de 72 días, y ante la falta de municiones, víveres, dinero y refuerzos, cayó el imperio.
Fue el 15 de mayo de 1867 que Maximiliano de Habsburgo entregó su espada a Mariano Escobedo, quedando prisioneros todos los generales, jefes, oficiales y tropas de las fuerzas imperialistas sitiadas en Querétaro.
Tras esto, Maximiliano junto a sus generales conservadores Miguel Miramón y Tomás Mejía, fueron fusilados el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas, en Querétaro, a las siete horas con cinco minutos. Maximiliano recibió cinco impactos de bala.
¿Quién fue Mariano Escobedo?
Mariano Escobedo, destacado militar y político mexicano, nació el 16 de enero de 1826 en San Pablo de los Labradores, hoy Galeana, Nuevo León. Hijo de Rita de la Peña y Manuel Escobedo, su vida se desenvolvió entre la agricultura, el comercio y la arriería hasta que en 1846, se alistó en la Guardia Nacional para participar en la defensa de México durante la Intervención Norteamericana.
Con el surgimiento del Plan de Ayutla en 1854, Escobedo se unió a las fuerzas de Santiago Vidaurri y Juan Zuazua, combatiendo contra las tropas de Antonio López de Santa Anna y desempeñándose más tarde en combates contra grupos indígenas nómadas en Nuevo León. Sin embargo, fue su participación en la Guerra de Reforma (1857-1860) y la Intervención Francesa (1862-1867), donde Escobedo consolidó su legado, destacando en batallas como las Cumbres de Acultzingo y el 5 de mayo en Puebla, que le valieron el ascenso a brigadier.
Bajo su mando, las tropas del noreste lograron importantes victorias en 1866, influenciando la retirada de las fuerzas francesas y conservadoras y marcando el avance hacia el centro del país. Como comandante supremo, Escobedo jugó un papel crucial en el sitio y captura de Querétaro en 1867, lo que resultó en la derrota definitiva del emperador Maximiliano.
Tras el triunfo de la república, Escobedo alternó su carrera entre la política y el ejército, desempeñando cargos de gobernador en San Luis Potosí y Nuevo León, presidente de la Suprema Corte de Justicia Militar y ministro de Guerra y Marina. A pesar de oponerse a Porfirio Díaz, y tras un exilio en Estados Unidos, fue amnistiado por Díaz, quien reconoció sus méritos permitiéndole regresar a México y continuar su carrera política.
Escobedo falleció el 22 de mayo de 1902 y sus restos reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres. En 1912, fue honrado en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados con una inscripción que reza: “Mariano Escobedo. A los vencedores de Querétaro en 1867″, sellando así su legado dentro de la historia mexicana.
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