
El 25 de diciembre, reconocido mundialmente como el día de Navidad, ha sido adoptado como la fecha que conmemora el nacimiento de Jesucristo, pese a que no hay registros bíblicos que confirmen esta fecha como su nacimiento real. Tradicionalmente, se le considera una figura esencial en las religiones cristianas, influenciando la espiritualidad y las prácticas de fe en diversas partes del mundo. No obstante, la falta de evidencia bíblica y las teorías de historiadores sobre un nacimiento en marzo o abril dejan abiertas interrogantes sobre la elección de ese día como la fecha de celebración.
¿Por qué se estableció el 25 de diciembre como el nacimiento de Jesús de Nazareth? La designación de esta fecha tiene su origen en una antigua festividad pagana del Imperio Romano, relacionada con el culto al Sol. Una celebración que se superpuso con el relato cristiano del nacimiento de Cristo, lo cual representó una sinergia entre tradiciones y una estrategia para la cristianización de ritos preexistentes. La siguiente es la verdadera historia de la Navidad.
El origen histórico de la Navidad

Antes de que el cristianismo se estableciera como la religión predominante en todo el mundo, los Romanos festejaban en el mes de diciembre lo que se conocía como Las saturnales. Una celebración con la que el imperio romano daba la bienvenida al invierno y festejaba el renacimiento del Sol.
De acuerdo con BBC Mundo, Las saturnales se celebraban para conmemorar lo que los romanos denominaban el “renacimiento” del año coincidiendo con el solsticio de invierno el 25 de diciembre del calendario juliano. Aunque el festival comenzaba el 17 de diciembre, culminaba en una fecha que hoy asocia el mundo occidental con la Navidad.
Fue una época en la que se relajaban las normas sociales y se solía intercambiar regalos, similar a otras tradiciones festivas contemporáneas. El festejo era de suma importancia para la cultura romana y su necesidad de honrar al dios Saturno.

Durante las costumbres de las saturnales, los participantes desafiaban el orden establecido con actos como los hombres vistiendo ropas de mujeres y los amos adoptando roles de sirvientes. Decoraciones con vegetación, iluminación con velas y el intercambio de regalos constituían otros de los rituales de la época.
Algunos relatos de aquellos tiempos señalan que durante aquellos festejos eran comunes todo tipo de excesos, especialmente relacionados con la ingerencia de alcohol y las relaciones sexuales. Se construía un ambiente carnavalesco con tintes orgiásticos en donde todo era permitido.
La festividad no sólo modificaba conductas cotidianas sino que también servía para aplacar a Saturno, la principal deidad para los romanos, el cual era venerado como el dios del tiempo, la agricultura y lo sobrenatural, y el cual se alimentaba de las emociones intensas y exaltadas producto de las celebraciones.
Dado que en aquellos días de invierno los días se acortaban y la “tierra moría de forma simbólica”, era vital mantener la benevolencia de Saturno para garantizar la continuidad de la vida.
Las saturnales concluían con otra festividad románica de relevancia que era la dedicada al Natalis Solis Invicti, también celebrada el 25 de diciembre. Según el Calendario de Filocalus del siglo IV, esta conmemoración puede ser identificada con la adoración al Sol Invicto, una deidad solar que no era conquistada por la oscuridad del invierno.
Las similitudes de las saturnales con tradiciones actuales como la Navidad reflejan un remanente cultural que ha trascendido siglos, mostrando cómo las prácticas de intercambio de regalos poseen un linaje histórico notable.

Cuando los romanos se dieron cuenta que el cristianismo adquiría mayor relevancia, decidieron finalmente tomar dicha religión como la única y verdadera en el Imperio. Para hacer la transición más amable para todos sus ciudadanos se llegó al acuerdo que el 25 de diciembre se fijara como la fecha del nacimiento de Cristo, para así hacer coincidir ambas celebraciones.
El argumento histórico y teológico para asociar el nacimiento de Jesús con el Sol y el Dios Saturno, fueron algunos pasajes clave de La Biblia, a pesar de que en dichos textos nunca se menciona la fecha exacta de su nacimiento.
“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá luz y vida”, son palabras dichas por Jesús que se pueden leer en el Evangelio de Juan (8, 12).
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