Más allá del adiestramiento: por qué la genética es clave en el entrenamiento de perros de servicio

El desafío de cubrir la demanda global obliga a combinar ciencia y experiencia práctica para enfrentar los múltiples factores que dificultan el éxito en la selección y formación de animales de asistencia

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Investigadores implementan análisis genómicos y
Investigadores implementan análisis genómicos y pruebas cognitivas científicas sobre miles de perros con el objetivo de optimizar la asignación de animales a personas con discapacidad

En todo el mundo, millones de personas con discapacidad podrían ver aliviadas sus dificultades con la ayuda de un perro de servicio. Sin embargo, la “oferta” está muy lejos de cubrir la demanda: según la revista Science, actualmente existen solo unos 40,000 perros de servicio en todo el planeta.

En este contexto, más de 200 organizaciones especializadas, entre ellas Canine Companions, dedican grandes esfuerzos en criarlos y entrenarlos, invirtiendo decenas de miles de dólares.

Los animales seleccionados reciben una formación rigurosa: tras dos años de instrucción básica, pasan a una etapa de especialización donde aprenden a asistir a personas afectadas por más de 60 tipos de discapacidades, incluyendo distrofia muscular y trisomía 21 (síndrome de Down).

Algunos entrenan para cubrir a niños con autismo y ayudarlos a calmarse, otros intervienen en episodios de ansiedad de veteranos con trastorno de estrés postraumático, mientras que un tercer grupo se prepara para alertar sobre sonidos a personas con discapacidad auditiva.

Los perros de servicio se
Los perros de servicio se especializan para asistir a personas con más de 60 tipos de discapacidades (Imagen Ilustrativa Infobae)

A pesar de estos esfuerzos, la realidad demuestra que los resultados no siempre cumplen las expectativas. Más de la mitad de los cachorros que ingresan a los programas nunca logran graduarse. Las listas de espera se tornan insostenibles y los recursos, insuficientes.

Entre las causas principales de este bajo porcentaje de graduación figuran los problemas de salud congénitos, como la displasia de codo y cadera, y las dificultades conductuales, como la falta de control de impulsos.

Además, durante años, la selección de los mejores ejemplares se basó en listas de verificación de comportamiento, que incluían parámetros como la ansiedad o la tendencia a encorvarse. Estas evaluaciones, sin embargo, resultaban subjetivas y su relación con el éxito futuro no era clara: “Las puntuaciones —que evalúan desde la ansiedad hasta el encorvamiento excesivo— son subjetivas, y no está claro cuáles están vinculadas al éxito futuro”.

Frente a estas limitaciones, algunas organizaciones comenzaron a implementar valores genéticos estimados (EBV). Este método, adoptado desde la década de 2000 por programas como Guiding Eyes for the Blind, utiliza cálculos estadísticos sobre el pedigrí y datos de salud y comportamiento para seleccionar reproductores con mayor probabilidad de transmitir rasgos deseados.

La implementación de EBV ha
La implementación de EBV ha reducido problemas de salud congénitos y mejorado la tasa de graduación (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según Jane Russenberger, quien lideró el área de cría y genética, “al criar sistemáticamente perros con puntuaciones de EBV más altas en la calidad del codo y la cadera que sus padres, afirma haber reducido la incidencia de ambas afecciones a ‘casi nada’ en unos 10 años”.

Además, hoy la mitad de los cachorros de Guiding Eyes logran graduarse, frente a uno de cada cinco en los inicios del programa. Este avance concreto es el que, hasta el momento, ha permitido mejorar la tasa de éxito y reducir problemas de salud en los perros de trabajo.

Sin embargo, el EBV también encuentra límites, sobre todo al intentar predecir enfermedades complejas o de aparición tardía, y ciertos comportamientos difíciles de rastrear solo con datos de pedigrí. Para superar estas barreras, la investigación se orienta ahora a los valores genéticos estimados mejorados genómicamente (GEBV).

Este método utiliza marcadores de ADN distribuidos por todo el genoma del perro para estimar el riesgo hereditario real y la probabilidad de transmitir tanto enfermedades como rasgos de comportamiento. La genetista Frances Chen, de la Universidad de Massachusetts, lidera esta línea de trabajo y ya ha recopilado información de 1,000 perros.

El modelado preliminar indica que los GEBV “podrían ser dos veces más precisos que los EBV, revelando asociaciones que, de otro modo, requerirían varias camadas para descubrirse”. No obstante, la fuente remarca que aún se necesita una cantidad mucho mayor de datos genómicos para que esta herramienta alcance todo su potencial predictivo y práctico.

Investigadores desarrollan baterías de pruebas
Investigadores desarrollan baterías de pruebas cognitivas científicas para predecir objetivamente el potencial de éxito de los perros de trabajo

En paralelo a los avances genéticos, la ciencia explora caminos alternativos para predecir el éxito de los perros de trabajo mediante baterías de pruebas cognitivas científicas. Impulsadas por el equipo de Brian Hare en la Universidad de Duke y continuadas por Emily Bray en la Universidad de Arizona, estas pruebas buscan evaluar objetivamente rasgos como el control de impulsos, la capacidad de buscar ayuda humana ante un reto inalcanzable y la reacción ante estímulos desconocidos.

Aunque estos métodos aún están en etapas iniciales, los investigadores esperan que en el futuro puedan generar “una puntuación maestra” para predecir el éxito de los perros en el programa.

A pesar de las promesas de estas metodologías, los expertos advierten sobre sus límites. Adam Miklósi, etólogo cognitivo de la Universidad Eötvös Loránd, señala que “dada la complejidad del comportamiento y la genética canina, es improbable que cualquier enfoque, incluyendo las baterías de pruebas cognitivas y los GEBV, pueda aumentar drásticamente la eficiencia del proceso de selección de perros de trabajo”. Según Miklósi, “quizás se puedan reducir las tasas de abandono entre un 20 % y un 30 % como máximo”.

Por su parte, Kennedy, de Canine Companions, sostiene que incluso una mejora modesta tendría un impacto relevante: “Llegar al 60% o 65% marcaría una gran diferencia. Eso significa utilizar mejor nuestros recursos y asignar más perros a más personas”. Así, mientras la ciencia avanza, el objetivo de formar perros de trabajo cada vez más capaces se mantiene en el centro de la escena, sabiendo que los desafíos aún están lejos de resolverse por completo.