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La huella del renunciamiento de Evita: presiones de militares y la Iglesia, y el final del secretario de la CGT entre cárcel y exilio

Tras el clamor del Cabildo Abierto del Justicialismo, una decisión comunicada por cadena nacional cambió el tablero político. Para José Espejo, el hombre que organizó el acto, llegaron persecución, una acusación por traición y un regreso a sus primeras labores

el renunciamiento de Eva Perón el 22 de agosto de 1951
El Cabildo Abierto del Justicialismo del 22 de agosto de 1951 impulsó la candidatura de Eva Perón a la vicepresidencia para las elecciones de 1952
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“El 22 de agosto de 1951 es una fecha bisagra en la historia del peronismo y una de las más importantes del país”, dice Damian Ferraris, nieto de José Espejo, quien fuera secretario general de CGT, hombre de confianza de Eva Peron y organizador principal del memorable Cabildo Abierto del Justicialismo. Su abuelo fue uno de los principales oradores de una de las jornadas más significativas de la historia del peronismo: su discurso duró cuarenta minutos.

José Espejo es recordado especialmente por aquella intervención en la que, ante la multitud reunida, expresó: “La Sra. Evita nos pide dos horas de espera; nosotros no nos iremos de aquí hasta que su respuesta sea favorable”. Sin embargo, su participación en aquella jornada fue mucho más extensa y significativa.

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Tuvo un papel destacado en el Cabildo Abierto que promovió la candidatura de Eva Duarte a la vicepresidencia. Un año después, dejó su cargo, estuvo preso luego del golpe militar contra Peron en 1955, se fugó a Chile y terminó sus días vendiendo café y galletitas para subsistir. Más allá de los cargos que ocupó, el dirigente gremial se destacó por haber sido el hombre de consulta y de la mesa chica de decisiones políticas de María Eva Duarte de Perón.

Espejo inició su tarea gremial en la fábrica de galletitas Bagley, donde se desempeñó como delegado y, después de pasar por algunas funciones en el gremio de la alimentación, por recomendación del secretario de dicho gremio Raúl Costa, llegó a entablar un vínculo muy cercano con Eva Perón. “Mi abuelo fue aceptado por Evita, fue ella su primera impulsora. Su relación era de mucha confianza”, relata su nieto Damián Ferraris. Con este apoyo indispensable, y con el aval del resto de los sindicalistas, Espejo asumió como secretario general de la CGT en 1947.

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José Espejo CGT Eva Perón
José Espejo fue secretario general de la CGT, hombre de confianza de Eva Perón y uno de los organizadores centrales del Cabildo Abierto del Justicialismo de 1951

Su relación con Evita

Evita y Espejo forjaron un vínculo muy leal y de confianza tanto en la actividad social como en lo personal. En este sentido, Ferraris desmiente la versión que se muestra del sindicalista en la película Eva Perón: la verdadera historia: “Está mi abuelo aplaudiendo como un obsecuente y me da bronca porque no era así”, aclara.

El vínculo también se reflejaba en el plano personal y hasta familiar ya que la esposa de Perón fue una de las invitadas más especiales en el casamiento de Espejo con Beatriz Beverati, también muy querida por Evita. “Antes mi abuelo tenía otra mujer que no le caía bien a Evita y creo que eso influyó bastante en que no siguiera esa relación”, cuenta su nieto y agrega: “Con mi abuela hubo un buen sentimiento”.

Ferraris destaca cómo era el trato de Eva con los sindicalistas: “Cuando veía que alguno estaba pasando por arriba de sus ingresos o sus posibilidades, que alguno tenía más plata que la que tenían que tener, lo encaraba y le decía, ‘explicame, ¿en qué andás? ¿cómo hiciste para tener esto?’”.

Eva Perón renunciamiento.
Cerca de dos millones de peronistas se reunieron en la Avenida 9 de Julio para respaldar la fórmula Perón-Eva Perón convocada por la CGT

Cabildo Abierto

Para las elecciones del período 1952-1956, la CGT había decidido respaldar la reelección de Juan Domingo Perón. El 2 de agosto, sus directivos resolvieron proponer a Eva Perón para acompañar al presidente Peron en la fórmula Presidencial. Con el objetivo de expresar públicamente su apoyo, convocaron a un acto multitudinario: el Cabildo Abierto del Justicialismo, que se realizó el 22 de agosto de 1951.

El acto tuvo lugar en la Avenida 9 de Julio, donde cerca de dos millones de peronistas se congregaron para expresar su respaldo a la fórmula presidencial de cara a las elecciones de 1952. Desde el balcón del entonces Ministerio de Obras Públicas, hoy sede del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, la escena resultaba impactante. Con el respaldo de los trabajadores y de importantes dirigentes sindicales, Eva Perón buscaba convencer a Perón de aceptar la fórmula Perón-Perón, mientras la multitud reclamaba su incorporación como candidata a la vicepresidencia.

En el imponente escenario se encontraba José Espejo, secretario general de la CGT y uno de los principales impulsores de la candidatura de Evita. Junto con Isaías Santín, el metalúrgico Armando Cabo y Florencio Soto, integraba el denominado “Cuadrunvirato” de la CGT, el grupo de dirigentes sindicales que rodeaba y respaldaba a Eva Perón.

Dos enormes retratos del presidente y su esposa habían sido colocados en los extremos del palco, ubicado frente al Ministerio de Obras Públicas. Sobre ellos podía leerse la consigna: “Perón-Eva Perón, la fórmula de la Patria, CGT”. Perón permanece de pie y sonreía de manera forzada, mientras que Evita lo observaba fijamente y busca persuadirlo de que la presencia de semejante multitud era suficiente para anunciar allí mismo la fórmula.

A las 17:20, Perón llegó al palco acompañado por sus ministros, legisladores y dirigentes del Consejo Superior del Partido Peronista y de la CGT. Espejo fue uno de los primeros oradores. Dirigiéndose al general Perón, comenzó su discurso: “Mi general: he aquí al pueblo de la Patria, reunido en Cabildo Abierto del Justicialismo, que viene a decirle a usted, su único líder, como en todas las grandes horas: ‘Presente, mi general’”.

Luego hizo referencia a la ausencia de Eva Perón: “Mi general: notamos una ausencia, la ausencia de vuestra esposa: la de Eva Perón; sin par en el mundo, en la historia, en el cariño y en la veneración del pueblo argentino. Compañeros: tal vez su modestia, que es quizás su más grande galardón, le haya impedido que se encuentre aquí presente; pero este Cabildo Abierto no podrá continuar sin la presencia de la compañera Eva Perón”.

Espejo pidió entonces autorización a Perón para que una delegación de la CGT fuera en busca de Evita y la llevara hasta el palco: “Permítanos, mi general, que miembros del Consejo directivo de la Confederación General del Trabajo vayan a buscarla para que esté aquí presente en esta Nueva Argentina, patria del Justicialismo”.

Eva Perón Renunciamiento
El Cabildo Abierto del Justicialismo del 22 de agosto de 1951 impulsó la candidatura de Eva Perón a la vicepresidencia para las elecciones de 1952

Finalmente, volvió a dirigirse a Perón para pedirle que continuara al frente del movimiento: “A usted, general, le pedimos que siga a nuestro frente —la gente grita: ‘¡Perón, Perón!’— en esta otra etapa, para que nada ni nadie nunca pueda volver a sumergirnos en la oprobiosa y humillante explotación a la que nos había condenado la oligarquía descastada y vendepatria. Sabemos, general, que nuestro pedido entraña un sacrificio. Pero también sabemos que usted es de los que no piensan en sacrificio cuando está de por medio la felicidad del pueblo de la patria. Por eso, hoy, la consigna es una: ¡Nadie se moverá de aquí! Estaremos a pie firme y con los corazones en alto y las voluntades en suprema tensión”.

Perón observaba a Espejo con evidente disgusto, mientras el dirigente sindical le sostenía la mirada con actitud desafiante. Evita abrazó a Perón y tomó la palabra, aunque sus primeras palabras no trajeron la definición que la multitud esperaba. Frente al reclamo de más de dos millones de personas, Espejo intervino: “Compañeros, la compañera nos pide dos horas de espera”, pero el público respondió con un contundente “No, no, no”.

Lejos de disolver la concentración, Espejo insistió: “Nosotros nos quedamos aquí. Aquí esperamos su decisión. No nos moveremos hasta que nos dé la respuesta favorable a la decisión del pueblo”.

La multitud reaccionó con una enorme ovación al escuchar al locutor anunciar que Evita se dirigiría a los cientos de miles de manifestantes. Eran las 18:30 cuando la “abanderada de los humildes” se acercó al micrófono y, visiblemente emocionada, comenzó su discurso: “Excelentísimo Señor Presidente; mis queridos descamisados de la patria. Es para mí una gran emoción encontrarme otra vez con los descamisados, como el 17 de octubre y en todas las fechas en las que el pueblo estuvo presente. Hoy, mi General, en este Cabildo, el Justicialismo, el pueblo que en 1810 se reunió para preguntar de qué se trataba, se reúne para decir que quiere que el general Perón siga dirigiendo los destinos de la patria. Yo siempre haré lo que diga el pueblo; pero yo les digo a los compañeros trabajadores que, así como hace cinco años dije que prefería ser Evita antes de ser la esposa del presidente, si ese Evita era dicho para calmar un dolor en algún lugar de mi patria, hoy digo que prefiero ser Evita, porque siendo Evita sé que siempre me llevarán muy dentro de su corazón”.

Hacia el final de su discurso, Evita volvió a dirigirse a los trabajadores: “Compañeros: yo quiero que todos ustedes, los del interior, los del Gran Buenos Aires, los de la Capital, en fin, los de los cuatro puntos cardinales de la Patria, les digan a los descamisados que todo lo que soy, que todo lo que tengo, que todo lo que hago, que todo lo que haré, que todo lo que pienso, que todo lo que poseo no me pertenece: es de Perón, porque él me lo dio todo, porque él, al descender hasta una humilde mujer de la Patria, la elevó hacia las alturas y la puso en el corazón del pueblo argentino”.

“Yo, mi general, con la plenipotencia espiritual que me dan los descamisados de la Patria proclamo, antes que el pueblo lo vote el 11 de noviembre, presidente de todos los argentinos. La patria está salvada, porque está en manos del general Perón. A ustedes, descamisados de mi patria, y a todos los que me escuchan, los estrecho, simbólicamente, muy, pero muy fuerte sobre mi corazón”, continuó.

Conmovida, Evita tomó un pañuelo para secarse las lágrimas. Luego lo levantó en alto y, desde el palco, quedó rodeada por los miles de pañuelos blancos que agitaba la multitud en señal de afecto y despedida. Ante la presión de la multitud, Evita finalmente respondió: “Como dijo el general Perón, yo haré lo que diga el pueblo”.

nota Evitismo
Eva Perón afirmó en el acto que haría lo que dijera el pueblo, pero el 31 de agosto anunció por cadena nacional su renunciamiento a la candidatura

El renunciamiento de Evita

A pesar del clamor popular, sectores militares y de la iglesia presionaron para que Eva no aceptara el cargo, y lo lograron. Sin embargo, renunció a los honores, pero no a la lucha manifestó desde su lecha de enferma. El 31 de agosto comunicó por LRA Radio del Estado y la Cadena Nacional de Radiodifusión a las 21.00 horas su “decisión irrevocable y definitiva de renunciar al honor con que los trabajadores y el pueblo de mi patria quisieron brindarme en el histórico cabildo abierto del 22 de agosto”.

“Estoy segura de que el pueblo argentino y el movimiento peronista que me lleva en su corazón, que me quiere y que me comprende, acepta mi decisión porque es irrevocable. Y por eso me siento inmensamente feliz, y a todos les dejo mi corazón”, continuó. Asimismo, manifestó que su decisión había sido tomada en total libertad.

Los últimos años de Espejo

Ferraris relata que Evita le dijo a su abuelo que se fuera porque toda la vida lo iban a perseguir por haber estado tan cerca de ella. Y así fue. José Espejo renunció a su cargo en la CGT al año siguiente de la muerte de Eva Perón, se compró un camión y hasta 1955 vendió vinos, lejos del primer plano y de la exposición que había tenido durante sus años al frente de la Confederación General del Trabajo. “Mi abuelo decía que había terminado su cargo y volvía a ser un trabajador. Siempre defendió el trabajo y a los trabajadores. Él decía que volvía al llano”.

Tras la caída de Perón, se refugió en la embajada de Haití, de donde escapó para organizar la huelga general contra la dictadura de Aramburu, la autodenominada Revolución Libertadora. Cuando fracasó la huelga, Espejo fue detenido el 19 de noviembre y acusado junto a Perón de traición a la patria por el juez Botet.

José Espejo CGT Eva Perón
Tras la caída de Perón en 1955, José Espejo fue detenido, escapó de Río Gallegos, se exilió en Chile y terminó trabajando como vendedor para subsistir

Declinación y caída

Con la muerte de Evita en 1952, el liderazgo de Espejo se debilitó. Las disputas internas dentro del movimiento fueron erosionando las bases de su poder y, durante el acto del 17 de octubre de 1953, no logró pronunciar su discurso debido a los silbidos que recibió.

Posteriormente, fue reemplazado en la CGT y su nombre comenzó a desaparecer de las crónicas gremiales y políticas. Tras el golpe de 1955, fue detenido por la Revolución Libertadora y permaneció preso en distintos lugares: la Penitenciaría Nacional, un barco, Ushuaia y, finalmente, Río Gallegos. Desde allí logró escapar junto con John William Cooke, Héctor Cámpora, Patricio Kelly y otros dirigentes.

Cuando Arturo Frondizi asumió la Presidencia, regresó de su exilio en Chile. Debido a la falta de recursos económicos, tuvo que trabajar como vendedor de galletitas y vinos de mesa. Realizó esta actividad por cuenta propia, ya que las empresas lo despedían cuando descubrían su identidad.

Al momento de su muerte, el 19 de diciembre de 1980, percibía una jubilación modesta como trabajador de la industria de la alimentación.

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