El episodio final del siempre recordado y vigente programa de televisión llamado El Chavo del 8, denominado “La lavadora”, se emitió el 7 de enero de 1980, marcando el cierre de una de las series más reconocidas en la televisión de habla hispana.
A lo largo de sus 312 episodios, el programa, creado y protagonizado por Roberto Gómez Bolaños —conocido como Chespirito (Little Shakespeare)—, narró las peripecias de un grupo de personajes que compartían la vida cotidiana en una humilde vecindad mexicana. La última entrega, sin anuncios ni ceremonias de despedida, presentó una trama cotidiana y cómica, alineada con el tono habitual que caracterizó a la serie durante sus siete años de transmisión.
La historia central del episodio que se emitió hace 46 años, se construyó alrededor de la compra de un lavarropas por parte de Doña Florinda (Florinda Meza). Tras protagonizar una discusión con Doña Clotilde (interpretada por Angelines Fernández) y Doña Nieves (papel encarnado por María Antonieta de las Nieves), por el uso del único lavadero disponible en la vecindad, Doña Florinda decidió resolver la pelea adquiriendo una lavadora.
Dos hombres transportaron el voluminoso electrodoméstico hasta su departamento, despertando la curiosidad habitual de los habitantes del lugar, en particular la de Doña Clotilde, conocida como la “Bruja del 71”.
Motivada por el deseo de saber qué contenía la misteriosa caja, Doña Clotilde recurrió al Chavo para indagar. El niño —papel interpretado por el propio Gómez Bolaños— se presentó en la vivienda de Doña Florinda, donde fue recibido por el Profesor Jirafales. El Chavo explicó que traía la ropa que Doña Florinda había dejado en el patio tras la discusión, logrando así entrar al departamento. Allí, el Profesor Jirafales le mostró el nuevo lavarropas, lo que causó una enorme sorpresa en El Chavo. Es que en el mundo de pobreza en al que vivía El Chavo no abundaban los electrodomésticos.
En línea con la dinámica de enredos y accidentes que caracterizaba la serie, el Profesor Jirafales sugirió que era adecuado que el Chavo aprendiera a utilizar ese moderno aparato. Doña Florinda accedió, permitiendo la lección. Sin embargo, el Chavo cometió el error de verter la totalidad del detergente en polvo dentro de la máquina, lo que provocó que esta comenzara a desbordar espuma por toda la habitación. Al intentar solucionar el problema, el niño extrajo la manguera y, “sin querer queriendo”, terminó mojando a todos los presentes en la vecindad. El resultado fue que Doña Florinda se vio obligada a devolver la lavadora y regresar al uso comunitario del lavadero, cerrando el capítulo fiel a la estructura de confusiones que marcó la esencia de la serie.
En ese episodio aparecieron, además de los personajes ya mencionados, Doña Clotilde, Doña Nieves, Jaimito El Cartero, y el Profesor Jirafales. Quico (Carlos Villagrán) y Don Ramón (Ramón Valdés), dos de los personajes más populares, ya no formaban parte del elenco para ese entonces. Quico había dejado la serie en 1978 y Don Ramón en 1979, ambos debido a diferencias personales y profesionales con Gómez Bolaños.
El formato del episodio final no incluyó referencias explícitas a la conclusión del programa ni despedidas emotivas. El capítulo se presentó como uno más dentro de la rutina de la vecindad, sin anuncios ni señales de cierre definitivo. La decisión de concluir la serie de esa manera fue coherente con la costumbre de la producción, que no solía enfatizar la idea de un “gran final”.
La serie El Chavo del 8 se transmitió por primera vez como programa independiente el 23 de febrero de 1973 a través de Canal 2 de México, aunque sus orígenes se remontan a un bloque dentro del programa “Chespirito”. Su éxito fue inmediato, logrando captar la atención del público mexicano y, con el tiempo, de toda Latinoamérica y España. El programa se mantuvo en el aire hasta el 7 de enero de 1980, acumulando un total de 312 episodios, que posteriormente fueron doblados a más de 50 idiomas, incluyendo inglés, alemán, japonés, portugués y coreano. Los episodios, retransmitidos durante décadas, permitieron que nuevas generaciones, no solo aquella contemporánea a los siete años de producción, accedieran a las historias de la vecindad.
El final de El Chavo del 8 como serie independiente aquel 7 de enero de 1980, no significó el fin absoluto del personaje. Continuó hasta el 12 de junio de 1992, cuando se emitió un último sketch como parte del programa “Chespirito”. En esa oportunidad, los personajes restantes se reunieron en la escuelita: La Chilindrina, Godínez, Popis y el Profesor Jirafales. No participaron Doña Florinda, la “Bruja del 71” ni el Señor Barriga, ya que el actor Edgar Vivar debió abandonar las grabaciones ese año por motivos de salud, y la clásica vecindad ya no apareció en escena.
María Antonieta de las Nieves reveló alguna vez que el elenco nunca fue notificado oficialmente del final del programa. La Chilindrina, como millones de personas, simplemente se dio cuenta de que El Chavo del 8 había desaparecido de la programación. “Un día no hubo sketch de El Chavo, y dijimos ‘bueno, lo reponemos la semana que entra’”, contó María Antonieta. Pero pasó otra semana y el silencio se repitió. “Le dije: ‘Oye, Chespirito, ¿por qué no has puesto El Chavo?’ y me respondió: ‘Porque ya se acabó El Chavo’”. María Antonieta relató que se sintió desconcertada en aquel momento. Y recordó: “Le dije a Gómez Bolaños: ‘Ya sé que los personajes fueron idea tuya, pero cada quien les metimos nuestra caracterización, nuestras ideas, nuestras formas de ser y tú ya no quieres ser El Chavo, pero yo sí quiero ser la Chilindrina”.
Por su parte, Édgar Vivar, quien dio vida al Señor Barriga y a Ñoño, ofreció una versión menos sorpresiva pero igual de contundente. El actor reconoció que la decisión fue razonable y que, incluso, él ya había decidido dar un paso al costado. “Una vez se vio en pantalla y la edad se notaba mucho (...) sus capacidades físicas ya habían mermado (...) entonces optó por hacer otro tipo de comedia y en ese momento dijo: es mejor terminar arriba”.
Según Vivar, fue una mezcla entre desgaste físico y dignidad lo que motivó a Chespirito a cerrar el ciclo. Para él, fue mejor despedirse en la cima que esperar a que el programa perdiera calidad.
En su autobiografía, Sin querer queriendo, Chespirito dejó plasmadas sus razones. Para él, tanto El Chavo del 8 como El Chapulín Colorado ya habían cumplido su ciclo. “Esto había sucedido por lo menos un par de años antes, cuando llegué a la conclusión de que ninguno de los dos personajes debía continuar en la cartelera del programa Chespirito, ya que ambos habían cumplido de manera más que sobresaliente un ciclo de vida que no debía prolongarse”. Y agregó: “Me opuse a correr el riesgo de que el Chapulín y el Chavo llegaran a dar lástima; que llegaran a exhibir los residuos en que se van convirtiendo, inexorablemente, todos los seres humanos”.
El programa El Chavo del 8 fue reconocido por la creación de personajes inolvidables como La Chilindrina, Quico, Don Ramón, Doña Florinda, El Profesor Jirafales, El Señor Barriga, Ñoño, La Popis, Doña Clotilde, Godínez y Jaimito El Cartero, además de otros que tuvieron participaciones esporádicas. La dinámica de la serie era muy simple y allí radicaba su éxito. Los malentendidos, discusiones y situaciones cómicas derivadas de la vida en la vecindad fueron aplaudidas por millones de telespectadores en el mundo.
En la actualidad los derechos televisivos de El Chavo del 8 pertenecen a Televisa, que durante los últimos años retiró el programa de su catálogo y, en su lugar, ofreció esporádicamente El Chavo Animado. No obstante, ese formato animado no alcanzó el mismo nivel de éxito que la versión original. En 2025, Televisa incluyó todas las temporadas de la serie original en su plataforma de streaming Vix, permitiendo que los suscriptores puedan acceder nuevamente a los episodios clásicos.
La vigencia del programa también se manifestó en la cultura popular, con referencias y homenajes en distintos países. La influencia de los personajes y las frases características, como el famoso “sin querer queriendo”, perduraron en la memoria de los televidentes y continúan presentes en el imaginario colectivo.
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