El pueblo de la Costa Blanca que guarda un tesoro romano junto al mar: playas, un casco antiguo amurallado y un mítico peñón

Este municipio alicantino reúne yacimientos arqueológicos, salinas con flamencos y una de las siluetas rocosas más reconocibles del Mediterráneo

Calpe, en Alicante (shutterstock).
Calpe, en Alicante. (Shutterstock)
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El puerto de Calp, o Calpe, en la provincia de Alicante, resume en pocos metros toda la identidad de este municipio de la Costa Blanca: tradición pesquera, historia romana y un paisaje dominado por una mole rocosa de más de 330 metros que se levanta junto al mar. La reciente descarga de un centenar de peces espada por parte de un pesquero de Almería en su lonja confirma la vitalidad de unos caladeros que, según los propios marineros, “siempre trabajan muy bien”, y que ahora buscan reforzar su sostenibilidad con la creación de una reserva marina en las aguas del Penyal d’Ifac.

La referencia geográfica más evidente de Calpe es el peñón de Ifach, una montaña de roca caliza declarada parque natural por la Generalitat Valenciana en 1987. Unido a tierra por un istmo, forma parte del sistema prebético que se extiende desde la sierra de Cazorla hasta la costa alicantina. Existe una ruta de senderismo que asciende desde su base, donde se ubica un centro de interpretación de su fauna y flora, hasta la cima, con vistas panorámicas de todo el litoral levantino. En el camino se atraviesan los restos de la Pobla d’Ifac, un asentamiento medieval del siglo XIII construido por el almirante aragonés Roger de Lauria, destruido en 1359 durante la guerra de los Dos Pedros.

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Y a pocos metros del paseo marítimo de la playa del Bol se encuentran los Baños de la Reina, un yacimiento arqueológico de finales del siglo II o principios del III que funcionó como factoría de salazones, viveros de pescado y producción de garum. Sus mosaicos, que en su día decoraron un palacio de alto rango, se conservan hoy en el MARQ de Alicante. Junto a las ruinas, unas piscinas artificiales de origen romano permiten actualmente el baño, mientras que cerca se levanta la torre Molí del Morelló, un molino de viento del siglo XIX.

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Las Salinas, refugio de flamencos en pleno casco urbano

Contiguas a los Baños de la Reina, Las Salinas de Calp son un espacio protegido que en el pasado abasteció de sal para la conservación del pescado, una actividad de origen romano que se reactivó en 1918 tras un proceso de saneamiento. Hoy funcionan como humedal y punto de descanso para aves migratorias, entre ellas flamencos, en un entorno que quedó formado hace millones de años gracias a la posición del peñón.

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El centro histórico de Calpe conserva murallas del siglo XV y el torreón de la Peça, hoy sede del Museo del Coleccionismo. La Plaza de la Vila, con la parroquia de la Virgen de las Nieves, marca el inicio de un recorrido por calles empedradas que llega hasta el Forat de la Mar, una bocacalle abierta entre las murallas para que los marineros vigilaran el estado del mar. El municipio cuenta con más de 12 kilómetros de costa y una quincena de playas y calas, entre ellas la playa de la Fossa, de más de 2.000 metros y bandera azul, y la cala El Racó, con una ruta submarina señalizada para el buceo.

El despegue turístico de Calp se remonta a la inauguración del Parador de Ifach en 1935, cuando comenzaron a instalarse los primeros hoteles de playa junto a los Baños de la Reina. La localidad, que atrajo en su día a visitantes como Joaquín Sorolla, Ernest Hemingway y Camilo José Cela, vivió su mayor expansión urbanística durante la segunda mitad de los años 60, en paralelo al auge del turismo de masas en toda la Costa Blanca.

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