
España es un país donde la fe y la arquitectura han dejado una huella imborrable en el paisaje, desde catedrales imponentes que desafían el horizonte urbano hasta pequeñas ermitas y santuarios escondidos en parajes remotos. Más allá de las obras maestras como la Sagrada Familia, la catedral de Sevilla o la basílica de El Pilar, existen templos humildes y discretos cuyo encanto reside precisamente en su dimensión íntima y en su conexión profunda con la historia y la naturaleza. Cada una de estas iglesias, dispersas por pueblos y montañas, forma parte del rico patrimonio que define la diversidad espiritual y artística de la península.
En el sur de la provincia de Pontevedra, cerca de la frontera con Portugal, surge uno de esos tesoros ocultos que sorprenden por su singularidad y misterio: la Ermita de Nuestra Señora de la Asunción en Pesqueiras. Este pequeño santuario, excavado en la roca y encaramado en lo alto del Monte Castelo, es una joya arquitectónica y espiritual que resume siglos de tradición, leyendas y devoción popular.
Un santuario en la cima: arquitectura y entorno
La Ermita de Nuestra Señora de la Asunción, también conocida como Capilla de la Asunción del Monte Castelo, se distingue por su ubicación privilegiada. Levantada en la cumbre de un monte desde el que se divisan los valles gallegos y, en días claros, hasta tierras portuguesas, el templo se integra en el paisaje de una forma magnífica. Su arquitectura es única: la nave principal está excavada en una enorme roca granítica, que no solo sirve de base, sino que configura paredes y techo, confiriendo al conjunto un aspecto austero y primitivo.
El acceso se realiza a través de un pórtico de piedra con arco de medio punto, coronado por una pequeña espadaña que subraya el carácter rupestre del santuario. En la entrada, el visitante percibe de inmediato la fusión entre naturaleza y fe que impregna el lugar, una característica que lo diferencia de otros templos gallegos y que invita al recogimiento y la contemplación.

Por otro lado, el origen de la ermita se desconoce, aunque existen indicios de ocupación humana en la zona desde el Neolítico y la época castreña, incluyendo la presencia de un antiguo castro romanizado y restos de edificaciones medievales. Aunque la inscripción más antigua que se conserva en la espadaña es de 1783, el lugar ha sido escenario de culto y reunión durante siglos, convirtiéndose en testigo de la evolución espiritual y social de la comarca.
En la actualidad, durante la mayor parte del año, la ermita permanece cerrada, preservando así su atmósfera de misterio. Solo cada 15 de agosto, en la festividad de la Asunción, el santuario cobra vida con una popular romería que reúne a vecinos y peregrinos en un día de celebración, música y tradición.
Leyendas y símbolos grabados en la roca
El interior de la Ermita de Nuestra Señora de la Asunción sorprende por su sencillez y por los detalles que la naturaleza y el hombre han dejado en la roca. Uno de los elementos más llamativos son los grabados con forma de herradura, cuya interpretación sigue siendo objeto de debate. El pequeño altar, iluminado por la luz que se cuela entre las piedras, añade un aire íntimo y mágico al conjunto.
Además, como no podía ser de otra forma, la ermita está envuelta en leyendas que alimentan el imaginario local. Se dice que una cruz dibujada en el techo reaparece siempre, por mucho que se intente borrar, y que existe un pasadizo secreto bajo el altar que la conecta con el castillo de Salvatierra del Miño. Pero esto no es todo, pues la ermita ofrece unas vistas excepcionales sobre el valle del río Tea y la comarca do Condado. El monte donde se asienta es un mirador natural desde el que se aprecian los contrastes del paisaje gallego: bosques, campos y pequeños pueblos que salpican el horizonte. La proximidad de la frontera añade un componente simbólico, recordando la conexión histórica y cultural entre Galicia y Portugal.
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