
La Comunidad de Madrid ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Sitio Industrial, la antigua fábrica de cerveza El Águila, situada en la calle General Lacy, en el distrito de Arganzuela. Este complejo es uno de los ejemplos más representativos y mejor conservados de la arquitectura industrial madrileña de principios del siglo XX, y actualmente acoge el Archivo Regional y la Biblioteca Regional Joaquín Leguina.
La decisión, oficializada este 18 de febrero, supone la protección legal de los elementos arquitectónicos originales de los siete pabellones que conforman el conjunto fabril. El objetivo es preservar la integridad del edificio y garantizar su continuidad como referente cultural y patrimonial de la ciudad. El complejo destaca por su arquitectura neomudéjar, obra del arquitecto Eugenio Jiménez Corera, que empleó un sistema constructivo basado en el uso expresivo del ladrillo macizo. Este elemento es característico de la industria madrileña del periodo y otorga una personalidad única al recinto. El conjunto comparte rasgos arquitectónicos y volumen con otros edificios fabriles históricos de Madrid, como los antiguos almacenes de Tabacalera (1891) y la fábrica Mahou de la calle Amaniel (1892).
El origen de Cervezas El Águila se remonta a 1900, cuando se funda la sociedad mercantil del mismo nombre. Se eligió un terreno próximo a la estación de Delicias, en una zona poco urbanizada pero con óptimas conexiones ferroviarias para la recepción de materias primas y posterior distribución. El proyecto incluyó pabellones para oficinas, portería, maltería, bodega, maquinaria, calderas, cuadras y cubería, todos ellos ubicados estratégicamente en torno a las vías de ferrocarril que atravesaban el recinto. La fábrica experimentó sucesivas ampliaciones desde 1908 hasta 1912, con la incorporación de nuevas áreas como cocheras, garaje, almacenes y una heladera. Durante la segunda década del siglo XX, El Águila alcanzó un momento de máximo esplendor, llegando a captar hasta un 25% de la cuota nacional del mercado cervecero.
Del abandono a la recuperación
El declive industrial llegó a finales de los años 60, tras entrar en funcionamiento la nueva planta en San Sebastián de los Reyes. Ambas explotaciones coexistieron hasta mediados de los años 80, cuando la fábrica de Arganzuela cesó su actividad y quedó en desuso. Tras casi diez años de abandono, en 1993 la antigua fábrica fue adquirida por la Comunidad de Madrid, integrándose en el patrimonio autonómico. En 1994 se convocó un concurso de ideas para transformar el espacio en centro cultural, y la propuesta ganadora fue la de los arquitectos Emilio Tuñón Álvarez y Luis Moreno García-Mansilla. Las obras de rehabilitación, realizadas entre 1999 y 2003, permitieron adaptar los pabellones originales a las nuevas funciones de archivo y biblioteca, así como crear zonas adicionales para usos culturales.
En la actualidad, el pabellón central de máquinas se dedica a oficinas y servicios de atención al público del Archivo Regional, mientras que la maltería alberga las salas de lectura y consulta de la Biblioteca Regional Joaquín Leguina. La heladera se ha adecuado como vestíbulo y espacio museístico, y el conjunto de silos y bodegas conserva parte de sus estructuras para el almacenamiento de fondos bibliográficos y documentales.
La protección como Bien de Interés Cultural recién oficializada garantiza la conservación de los valores patrimoniales del recinto. El complejo no solo ha preservado parte de la maquinaria original, sino que ofrece uno de los escasos espacios urbanos que reproduce la atmósfera del Madrid industrial de principios del siglo XX.
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