El bonito rincón de La Gomera entre barrancos, conventos y playas salvajes: una de las mejores vistas de la isla y más de 8 kilómetros de costa

Entre el Parque Nacional de Garajonay y la costa, este pueblo combina patrimonio, naturaleza y la magia de los relatos locales para enamorar a cada visitante

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Hermigua, en La Gomera (La
Hermigua, en La Gomera (La Gomera Travel).

En el corazón de La Gomera, la segunda isla más pequeña del archipiélago canario, los pueblos se despliegan como joyas ocultas entre barrancos, laurisilva y montañas imponentes. Esta isla, reconocida por su naturaleza exuberante y sus tradiciones vivas, seduce a quienes buscan paisajes puros y una vida pausada, donde el tiempo parece detenerse entre bancales de plataneras y senderos ancestrales. Cada localidad encierra su propio carácter, pero hay un enclave en el norte que destaca por su autenticidad y belleza serena: Hermigua.

Situado en un extenso valle del norte de la isla, Hermigua se presenta como un remanso de tranquilidad, rodeado de vegetación, terrazas agrícolas y montañas que dibujan un paisaje casi intacto. A solo 20 kilómetros de la capital, San Sebastián de La Gomera, este municipio, con poco más de 2.000 habitantes, se ha ganado la reputación de ser uno de los rincones mejor conservados de la isla, protegido por la influencia directa del Parque Nacional de Garajonay, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

El entorno de Hermigua es una invitación constante al paseo y la contemplación. Su costa, de más de ocho kilómetros, alterna acantilados, playas salvajes y piscinas naturales, mientras que el interior se adentra en la espesura de la laurisilva y en el silencio de los bancales de plátanos que tapizan el valle.

Historia y patrimonio: huellas vivas en el paisaje

Hermigua, en La Gomera (Wikimedia).
Hermigua, en La Gomera (Wikimedia).

El origen de Hermigua se remonta al Valle Alto, donde aún se conserva la iglesia de Santo Domingo y el antiguo convento dominico, construidos entre 1515 y 1520. Más tarde, el núcleo urbano se expandió hacia el Valle Bajo, en torno a la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, cuya historia comienza en 1611. Este templo, de estilo neogótico, fue terminado en la década de 1950 y en su interior alberga la imagen de la Virgen realizada por el escultor tinerfeño Fernando Estévez.

Entre los rincones emblemáticos destaca el Convento de San Pedro Apóstol, situado en la Plaza de Armas del barrio de San Pedro, que fue clave en la vida religiosa y educativa del municipio y que hoy forma parte de la iglesia de Santo Domingo de Guzmán. Igualmente, uno de los símbolos más reconocibles del valle son los Roques de Hermigua, conocidos como Pedro y Petra. Estas formaciones volcánicas, de siluetas caprichosas, protagonizan legendarias historias locales: según la tradición, eran dos jóvenes amantes convertidos en piedra por un rayo, destinados a permanecer separados para siempre. Más allá de la leyenda, su presencia domina el paisaje y atrae las miradas de quienes buscan las mejores postales de La Gomera.

Pero esto no es todo, pues la localidad ofrece algunos de los miradores más espectaculares de la isla. El Mirador de la Punta permite contemplar desde lo alto el mar de plataneras, las playas, los pilones del Pescante y, en días claros, la silueta lejana del Teide en Tenerife. Otros miradores como el de la Cruz del Viento, La Carbonera o San Juan completan la ruta panorámica, regalando perspectivas únicas del valle y el océano.

En la Península Ibérica se esconden algunos lugares únicos y llenos de historia.

Tradición agrícola y arquitectura industrial: el Pescante

Hermigua es una localidad con un amplio legado agrícola, el cual se refleja en el histórico Pescante, una de las joyas de la arquitectura industrial de La Gomera. Situado en la bahía de Santa Catalina, este muelle, hoy en ruinas, pero todavía imponente, fue construido a principios del siglo XX para facilitar la exportación del plátano y el tomate, antes de que existieran carreteras insulares. Sus pilares de hormigón, que se adentran en el mar, forman hoy una piscina natural muy apreciada por visitantes y locales, especialmente en los días de calma.

Las playas de Hermigua son otro de sus grandes atractivos. La playa de La Caleta, una cala de arena negra protegida del oleaje, es considerada una de las más bellas y tranquilas de la isla, perfecta para quienes buscan soledad y naturaleza virgen. Por su parte, la playa de Santa Catalina, de casi un kilómetro de longitud, es famosa entre surfistas y aficionados al bodyboard por su constante oleaje, aunque se recomienda cautela para el baño.