
En España, los pequeños pueblos y ciudades históricas sorprenden al viajero con joyas monumentales de primer orden. Desde los cascos viejos amurallados hasta plazas donde el tiempo parece haberse detenido, cada rincón reúne siglos de historia, arte y tradiciones. Muchas de estas localidades han sido reconocidas como Ciudades Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, distinción que premia tanto su valor monumental como la autenticidad y el cuidado con que preservan su pasado. Entre todas ellas, destaca una urbe que, pese a su tamaño reducido, ostenta un lugar de honor en la historia del arte español: Baeza.
Situada en un altozano sobre el valle del Guadalquivir, y rodeada de majestuosas sierras, Baeza se erige como una de las cunas del Renacimiento español y la ciudad Patrimonio de la Humanidad más pequeña de España. La monumentalidad de su trazado urbano es el fruto de una historia intensa, marcada por la alternancia de reinos musulmanes y cristianos, y por un auge económico que dejó como legado una de las concentraciones de arquitectura renacentista más notables de la península. Declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 2003 junto a su vecina Úbeda, Baeza es, para quien la recorre, una lección viva de historia y arte.
Un mosaico de civilizaciones y poder
Los orígenes de Baeza se remontan al V milenio a.C., como atestiguan los yacimientos de Los Horneros y Los Morales. Iberos, romanos —que la bautizaron “Biatia”—, visigodos y musulmanes fueron dejando huella en su topografía y sus costumbres. La ciudad fue codiciada por diferentes taifas hasta que, tras numerosos conflictos, cayó en manos de Fernando III el Santo en el siglo XIII.
Bajo dominio castellano, Baeza se convirtió en capital de un reino fronterizo y en base de operaciones para la reconquista de Jaén, recibiendo el Fuero de Cuenca para atraer población cristiana. Esta posición estratégica y su carácter de “Nido Real de Gavilanes” propiciaron guerras civiles y rivalidades nobiliarias, pero también el florecimiento económico que, tras la conquista de Granada, permitieron la construcción de universidades, iglesias y palacios.
Una monumentalidad incomparable

El recorrido por Baeza debe comenzar en su antiguo alcázar, que albergaba la iglesia de Santa María del Alcázar y un palacio de autoridades. Aunque fue demolido por orden de Isabel la Católica, el cerro sigue siendo el mejor mirador para comprender la estructura de la ciudad. El edificio más destacado es la Catedral de la Natividad de Nuestra Señora, iniciada en 1147 sobre los restos de una mezquita y reconstruida en estilo gótico en el siglo XVI tras sucesivos derrumbes. El diseño definitivo, de marcada influencia renacentista y herreriana, destaca por sus tres naves, sus capillas —como la Dorada o la de San José— y su monumental relieve de la Natividad en la fachada principal.
A su lado se encuentra el Seminario de San Felipe Neri, del siglo XVII, caracterizado por su sobriedad y los vítores estudiantiles pintados en la fachada. El patrimonio religioso de la ciudad se completa con templos únicos como la Iglesia de la Santa Cruz, raro ejemplo de románico en la región; la Parroquial de San Andrés, de estilo plateresco y sede de valiosas tablas y esculturas; la Iglesia de San Pablo, con su órgano barroco y elementos renacentistas; y la Iglesia del Salvador, que transita del gótico al renacimiento.
Los conventos y hospitales históricos —como la Encarnación, Santa María Magdalena o San Antón—, junto a la imponente Antigua Universidad y la Antigua Carnicería, reflejan el peso de la educación y la administración en la vida local. El Ayuntamiento, ubicado en la Antigua Prisión y Palacio del Corregidor, exhibe una espectacular fachada plateresca y un artesonado mudéjar procedente del Convento de San Antonio.
Plazas, fuentes y casas nobles

La monumentalidad de Baeza se percibe también en sus espacios públicos y arquitectura civil. El Arco de Villalar y la Puerta de Jaén recuerdan episodios históricos clave, mientras que la Fuente de los Leones y la Fuente de Santa María embellecen plazas donde confluyen turistas y vecinos. Las Cancillerías Altas, la Casa del Pópulo y las Casas Consistoriales Bajas muestran la relevancia de la administración municipal, y la Torre de los Aliatares, superviviente de la muralla musulmana, es símbolo de la resistencia frente al paso del tiempo.
Entre los palacios y casas solariegas destaca especialmente el Palacio de Jabalquinto, joya del gótico isabelino con una fastuosa fachada decorada y artesonados policromados. La Casa Solariega de los Galeote, con su singular solana, y otras viviendas nobles hablan de la prosperidad alcanzada en los siglos XVI y XVII.
Cómo llegar
Desde Jaén, el viaje es de alrededor de 35 minutos por la carretera A-316. Por su parte, desde Granada el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 30 minutos por las vías A-44 y A-316.
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