
En el corazón del valle medio del Vinalopó, Novelda se muestra como una ciudad repleta de historia, arquitectura singular y tradiciones vivas. Sus calles, adornadas por destacados edificios modernistas, son el escenario de un pulso cultural constante, donde las fiestas populares, la gastronomía y las propuestas artísticas conviven con la hospitalidad de sus habitantes. Cada rincón de Novelda, desde plazas hasta monumentos, guarda relatos de épocas pasadas y un presente dinámico que invita al visitante a descubrir una localidad que nunca deja de sorprender.
Uno de los principales reclamos de este municipio alicantino es su capacidad para conjugar el legado patrimonial con la vida contemporánea, ofreciendo experiencias únicas que conectan el pasado islámico y cristiano con la vitalidad de hoy. Así, el viajero que se adentra en Novelda encuentra una ciudad que combina modernidad y memoria, con espacios emblemáticos como el santuario de Santa María Magdalena, joyas modernistas y, presidiendo el paisaje, la imponente figura del castillo de La Mola.
Un bastión sobre el valle

El castillo de La Mola, catalogado como Monumento Histórico Artístico de Interés Nacional desde 1931 y Bien de Interés Cultural, se erige sobre un cerro amesetado, a solo tres kilómetros del núcleo urbano de Novelda. Su ubicación estratégica, dominando el valle del Vinalopó, lo integró en la compleja red de fortificaciones andalusíes que, durante la Edad Media, servían como puntos de control y defensa ante los reinos cristianos de Castilla y Aragón.
El origen del enclave se remonta a la Edad del Bronce, cuando en la ladera sur existía ya un asentamiento primitivo. Posteriormente, en el siglo X, los musulmanes levantaron un recinto fortificado que alcanzaría su máxima expresión con la llegada de los almohades en el siglo XII. Destaca de esta época la construcción del “hisn”, o castillo, formado por dos recintos diferenciados: el albacar, protegido por una muralla y utilizado como refugio para la población de las alquerías rurales, y una fortaleza interna con murallas, torres defensivas y la característica torre cuadrangular, todo ello ejecutado en fábrica de tapial.
A mediados del siglo XIII, tras la conquista cristiana por las tropas del infante Alfonso de Castilla, el castillo experimentó un importante cambio demográfico, pasando la población musulmana a convertirse en mudéjar o a asentarse en el núcleo urbano de Novelda. El valor estratégico del castillo motivó que, en el siglo XIV, bajo el reinado de Jaime II de Aragón, se produjera una nueva ocupación por parte de población cristiana, momento en el que se construyó la singular Torre Triangular.
De fortaleza defensiva a símbolo cultural

Durante los siglos XIV y XV, el castillo estuvo vinculado a distintas familias nobiliarias, y sus torres sirvieron como puntos clave de defensa y comunicación, emitiendo señales de humo para advertir de peligros a los habitantes de Novelda y a las fortalezas cercanas de Petrer, Monforte, Agost y Aspe. Un hito fundamental se produjo en 1305 con la firma del Pacto de Elche, por el que el castillo y sus alrededores pasaron a formar parte de la Corona Aragonesa, integrándose en el Reino de Valencia.
Fue en este contexto cuando Doña Blanca de Anjou, esposa de Jaime II, ordenó la reconstrucción de la fortaleza, lo que supuso la creación de la imponente Torre Triangular de 17 metros de altura, uno de los elementos más singulares del conjunto y símbolo inconfundible en el paisaje de Novelda. Las reformas del siglo XIV consolidaron el recinto y adaptaron sus estructuras a las nuevas necesidades defensivas y residenciales.
Además, las campañas arqueológicas realizadas en el interior de la fortaleza han sacado a la luz numerosas estancias domésticas: aljibes, una cocina con alacenas y bancos corridos, espacios de almacenamiento de alimentos, sala de banquetes y un molino, entre otras dependencias. Estos hallazgos permiten reconstruir la vida cotidiana de sus moradores en distintas etapas históricas, y hoy pueden consultarse en el Museo Histórico Artístico de Novelda.
A todo este conjunto hay que sumar un emplazamiento privilegiado. Desde la cima del cerro, las vistas panorámicas sobre el valle del Vinalopó ofrecen un espectáculo natural que complementa la experiencia patrimonial. Junto al castillo, el Santuario de Santa María Magdalena contribuye a formar un conjunto monumental de gran atractivo para el turismo cultural y el ocio.
Cómo llegar
Desde Alicante, el viaje es de alrededor de 35 minutos por las carreteras A-31 y CV-832. Por su parte, desde Murcia el trayecto es de alrededor de 1 hora por la vía A-7.
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