
En el extenso tapiz de Castilla-La Mancha, donde la historia y la naturaleza dialogan a cada paso, hay rincones que sorprenden incluso a los viajeros más experimentados. Uno de esos tesoros es Brihuega, un pueblo de origen medieval situado en la provincia de Guadalajara que ha despertado la atención de la prensa internacional y, en concreto, de los medios británicos. La razón es sencilla: su paisaje, sus tradiciones y la explosión violeta de los campos de lavanda han logrado que se compare este enclave castellanomanchego con la célebre campiña de la Toscana italiana.
El diario británico The Express ha acuñado una etiqueta irresistible para Brihuega: “el hermoso pueblo medieval de España que es como la Toscana, con campos de lavanda”. Cada verano, más de mil hectáreas de terreno alrededor del municipio se ven cubiertas por un manto lila que transforma el paisaje y el aire con su fragancia inconfundible. El epicentro de este espectáculo es el Festival de la Lavanda, un evento que reúne a miles de visitantes deseosos de disfrutar de conciertos al atardecer, paseos entre flores y un ambiente privilegiado a solo una hora de Madrid.
Sin embargo, la magia de Brihuega no termina en sus campos. Quienes pasean por sus calles empedradas descubren un casco histórico rodeado de murallas que evocan siglos de batallas y añejas leyendas. La villa se asoma al valle del Tajuña y conserva huellas de su pasado árabe, cristiano y medieval en cada rincón.
Entre fortalezas, iglesias y fuentes centenarias
Brihuega, con una historia que se remonta a la época celtíbera, ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos que han dejado una huella imborrable en su patrimonio. Durante la Reconquista, la villa fue un importante enclave estratégico, lo que se refleja en su impresionante recinto amurallado, que todavía se conserva en buen estado. Estas murallas, construidas en el siglo XII, rodean el casco antiguo y ofrecen una visión única del pasado medieval de la localidad.
Uno de los elementos más destacados del patrimonio de Brihuega es su castillo, conocido como el castillo de la Peña Bermeja. Esta fortaleza, situada en un promontorio rocoso, fue construida en el siglo X y ha sido testigo de numerosas batallas y conflictos a lo largo de los siglos. El castillo, que en la actualidad es de propiedad privada, ha sido restaurado en varias ocasiones, pero conserva su esencia medieval y es un recordatorio de la importancia estratégica de Brihuega en la historia de la región.
Pero el patrimonio arquitectónico de la villa no se limita a sus murallas medievales ni a la célebre fortaleza. El visitante encuentra iglesias cistercienses que son testimonio del impulso religioso y artístico del siglo XIII, bajo el mecenazgo del arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada. Así, la localidad alberga un rico conjunto eclesiástico que se traduce en sus tres templos: la iglesia de San Felipe, la iglesia de San Miguel y la iglesia de Santa María de la Peña. También quedan restos de la antigua iglesia de San Simón.
Tesoro subterráneo: el mayor laberinto árabe de España
Bajo la superficie de Brihuega se esconde un laberinto de galerías que constituye el mayor entramado subterráneo árabe del país. Estas cuevas, excavadas en el siglo X, suman ocho kilómetros y, aunque solo 700 metros están abiertos al público, ofrecen una experiencia inesperada a quienes buscan ir más allá de la postal clásica. A lo largo de la historia, estos pasadizos sirvieron como refugio en tiempos de asedio y como almacén natural para alimentos, aprovechando su temperatura estable de 12 °C.
Por otro lado, una de las señas de identidad de la localidad son sus sesenta fuentes históricas, entre las que destacan la Fuente de los Doce Caños y la de Santa María. Especial mención merece la Real Fábrica de Paños, una muestra del esplendor ilustrado que llegó en el siglo XVIII bajo el reinado de Fernando VI. El complejo, que en su día fue uno de los motores industriales de la región, es hoy un hotel cargado de historia y elegancia, fiel reflejo de la transformación que la villa ha experimentado sin perder su esencia.
Cómo llegar
Desde Madrid, el viaje es de alrededor de 1 hora y 10 minutos por la carretera A-2. Por su parte, desde Guadalajara el trayecto tiene una duración estimada de 25 minutos por las vías A-2 y CM-2011.
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