

La Catedral de Cuenca, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, sigue sorprendiendo con los descubrimientos arqueológicos que emergen dentro de ella. Gracias a las labores de recuperación y restauración, la Catedral ha logrado desenterrar secretos ocultos durante siglos. El más reciente ha tenido lugar en la Capilla de los Caballeros, donde se ha reabierto un espacio que estuvo destinado a una estancia palaciega de hace más de 500 años.
En declaraciones recogidas por Europa Press, el director de la catedral, Miguel Ángel Albares, expresó su visión para el futuro de este espacio, que podría convertirse en un museo de tejidos. Según Albares, la Catedral alberga valiosos tejidos que datan hasta del siglo XV, los cuales permanecen guardados en cajones y armarios a pesar de estar en excelente estado de conservación. La apertura de este nuevo espacio busca exhibir estas telas centenarias y ofrecer una visión única a sus visitantes.
Albares destacó: “Cada vez que la catedral ha recuperado algún espacio, ya sea una pequeña capilla, un retablo o una reja que vuelve a su policromía original, la actuación se traduce en más visitantes”. Con la inauguración de La Casa de los Capellanes sobre la Capilla de los Caballeros, se pretende ofrecer “un espacio espléndido” previamente asediado por problemas de humedades, ahora ya resueltos.
Una capilla de 800 años
La Casa de los Capellanes es una antigua estancia palaciega que, según los registros históricos, podría adoptar un nuevo papel relevante. “Mi sueño es hacer un recorrido a través de la sacristía de la capilla, subir por esa escalera de caracol preciosa, llegar a la Casa de los Capellanes y que el visitante encuentre todo rehabilitado”, señala Albares, quien desea que este espacio sea dedicado a un museo de tejidos.
Santiago David Domínguez, arqueólogo de la catedral, ha explicado que la Capilla de los Caballeros tiene su origen en el siglo XIII y fue dedicada al entierro de los linajes familiares de García Álvarez de Albornoz y Teresa de Luna. La ampliación de la girola de la Catedral, una obra ambiciosa ejecutada entre los siglos XV y XVI, impulsó también la reforma de esta capilla bajo el encargo de Luis Carrillo de Albornoz.
Este espacio palaciego, conocido como la Casa de los Capellanes, se caracteriza por sus estancias privadas con chimeneas dignas y techos artesonados de madera noble con policromías y pinturas de gran calidad. Domínguez destaca la importancia de las ventanas que ofrecen vistas a la calle San Pedro, donde las familias mencionadas tenían propiedades.
Los artesonados y frisos, pintados con calidad renacentista, aún se conservan bien, aunque requieren restauración, y reflejan el poder político y jerárquico de la familia dentro de la Corona de Castilla y de las estructuras del poder eclesiástico.
El arqueólogo también subraya las marcas históricas que han quedado en las paredes, que ahora se examinan en busca de grafitis e inscripciones que podrían revelar más secretos sobre la época. “Lo mismo nos llevamos alguna sorpresa”, augura Domínguez.
El presupuesto dedicado a estos trabajos es uno de los obstáculos para materializar los sueños de Albares. Con la actual restauración de las cubiertas del claustro, que absorbe gran parte de los recursos disponibles, el director de la Catedral ha expresado su deseo de recibir “alguna ayuda institucional” que pueda “acelerar los procesos”.
Albares confía en que la reapertura de estos espacios atraerá a más visitantes, pues ya ha observado un incremento significativo de turismo con iniciativas previas, como la apertura del paso por el triforio para visualizar la nave central desde el rosetón de la fachada. Por lo tanto, la vocación de la catedral es seguir ampliando sus espacios para mostrar otras perspectivas al visitante. Este enfoque tiene como objetivo no solo atraer a más turistas, sino también enriquecer la comprensión histórica y cultural de quienes visitan este emblemático monumento conquense.
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