
Diego Vasallo (San Sebastián, 1966) atiende la videollamada con la calma de quien lleva más de cuatro décadas viviendo de la música. El cantante y compositor vasco estrena un nuevo disco, el primero con su nuevo grupo, Løse, de nombre homónimo, tras pasarse casi 30 años en solitario. De sus inicios, marcados por Duncan Dhu y de la mano de Mikel Erentxun, y posteriormente al frente de Cabaret Pop, reconoce que le gusta desvincularse “no porque no me guste lo que hicimos, sino porque si hago algo en solitario o formo una nueva banda, tiene que ser diferente”.
Ahora, ha formado junto al guitarrista Fer García, el batería Oriol Flores, el bajista Xabi Arratibel y el teclista Germán San Martín una banda cuyo primer disc apuesta por el rock alternativo con reminiscencias post-punk.
-Pregunta. Normalmente, los artistas se salen de los grupos con el paso del tiempo, pero aquí ha sido al revés, que has vuelto a uno después de casi 30 años en solitario. ¿Por qué? ¿Qué te atraía de empezar un proyecto así?
-Respuesta. Precisamente echaba de menos esa sensación de formar parte de una banda, de un grupo en el que se comparte todo: la creación de canciones, la producción, los ensayos, las portadas… Tenía ganas de volver a sentir esa colaboración en equipo. Además, pensé que, por edad, no iba a tener mucho más tiempo para formar grupos. Dudo que vuelva a hacerlo en lo que me quede de carrera. No descarto más discos con mi nombre, pero entiendo que esta será seguramente mi última banda. Estar en una banda de rock ha sido de las cosas más excitantes y poderosas que he sentido, y no quería dejar de sentirlo una vez más.
-P. ¿Cómo es partir de cero con una idea y un sonido nuevo?
-R. Ahí entran muchos factores. Primero, con quién trabajas influye. Esta idea surgió entre Fer García, el guitarrista, y yo. Ya veníamos trabajando juntos, él había tocado conmigo y yo había grabado un disco en su casa. Había una relación musical y una cercanía especial. Nos dejamos guiar por lo que nos estaba gustando y escuchando en ese momento, por la música que compartíamos y las influencias que veíamos. Y por otro lado, empezar de cero y no tener ninguna mochila detrás lo hace todavía más excitante: crear la imagen del grupo, el sonido, componer las canciones… Empezar de cero es algo que me estimula mucho. Y todavía estamos con esa energía del principio.
-P. Antes hablabas de esa mochila. Mucha gente te vincula inevitablemente con Duncan Dhu. No sé si ese peso te ayuda a mantener el vínculo con el público o te dificulta abrir etapas nuevas.
-R. Llegados a cierto punto, creo que dificulta más que ayuda. Sí ayuda porque tu nombre ya parte de un reconocimiento y no eres un desconocido. Pero al mismo tiempo te vinculan siempre a un pasado musical y a un tipo de canciones, y eso puede ser problemático. En mi trayectoria en solitario he tratado de desvincularme de mi grupo anterior, no porque no me guste lo que hicimos, sino porque si hago algo en solitario o formo una nueva banda tiene que ser diferente. Si no, no tendría sentido. Siempre he intentado que fueran ideas nuevas, coger influencias de otros lugares y trabajar en otra dirección.
Crear sin objetivos comerciales: una brecha generacional
-P. Y un poco viceversa: ¿qué se espera del público después de tantos años y proyectos distintos?
-R. Estamos en una etapa de nuestras vidas en la que hacemos música por el placer de hacerla y por el reto artístico de seguir creando, componiendo y produciendo canciones. No nos ponemos ningún objetivo ni ninguna meta. Todo lo que venga será bienvenido, y lo que no venga también. Queremos disfrutar y crear desde la libertad absoluta, con la máxima intensidad y pasión. Ese es nuestro planteamiento.
-P. La nota de prensa dice que formáis “una banda con un sonido y una propuesta muy diferentes a la actual escena nacional”. ¿A qué dirías que suena la música ahora?
-R. No sabría resumirlo, porque hay muchas cosas sonando. Quizá nos referíamos a que no veíamos ninguna banda cercana al sonido que estamos trabajando. Yo escucho cosas dispersas: unas me interesan más, otras menos, pero no creo que haya una escena global. También es cierto que, por edad, hay géneros que se me quedan lejos, como la música urbana. Me parece perfecto que haya renovación y sonidos nuevos, pero a mí ya no me alcanzan. Me he criado con el rock de guitarras, más o menos eléctrico o electrónico, y ese es mi ámbito. No sé si me moveré de ahí. Hay cosas con las que me cuesta conectar.

-P. También habrá que preguntarles a los que empiezan ahora qué harán dentro de cuarenta años. Somos hijos de nuestro tiempo.
-R. Claro, es ley de vida. Quizá el problema es que ahora las tendencias van tan rápido que imaginar qué puede haber dentro de treinta años es casi ciencia ficción. Antes también iban rápido, pero ahora vivimos en el mundo de la velocidad: todo se consume de forma voraz e inmediata. Es un buen ejercicio de imaginación pensar a qué sonará la música pop o el rock, si es que el rock sigue existiendo dentro de treinta años.
-P. Por eso quería preguntarte: tú siempre has hecho canciones largas, y empezar un disco con una de nueve minutos llama la atención, cuando muchas duran dos minutos y medio.
-R. Es verdad, pero no queremos ponernos límites. Queremos crear desde la libertad más absoluta. Sería absurdo forzarnos a hacer canciones de tres minutos. Creo que hay público para todo. Escuchar música de ocho o nueve minutos requiere tiempo y paciencia, pero hay gente que lo aprecia. Además, no hemos inventado nada: en los setenta era habitual. Ni siquiera nos lo planteamos. Creamos con absoluta libertad y, de hecho, el final de esa canción se improvisó en el estudio. No sabíamos cómo iba a terminar, nos gustó y así se quedó.
“Es un buen ejercicio de imaginación pensar a qué sonará la música pop o el rock, si es que el rock sigue existiendo dentro de treinta años”
-P. Llevas más de cuarenta años de carrera. Imagino que la industria ha cambiado muchísimo. ¿Cuál es el mayor cambio que notas?
-R. Ha ido cambiando, pero hay un antes y un después de cuando la música empezó a consumirse en streaming. Eso ha sido una brecha en la evolución de la industria. En mi opinión, ha supuesto algo bastante negativo para los músicos, porque prácticamente ha desaparecido la venta de discos físicos, que era una fuente importante de ingresos para muchos. Lo que se percibe del streaming es ridículo, por decirlo de forma suave. El beneficio se ha reorientado.
A los artistas nos quedan los derechos de autor y el directo, pero al desaparecer esta venta no solo afecta a los artistas. Había toda una industria alrededor de la grabación: estudios, técnicos, músicos de sesión, productores, que ha quedado muy debilitada. Ha sido una transformación radical. También ha cambiado mucho la tecnología en cuanto a métodos de grabación. Ahora cualquiera puede grabar en casa y subir su música a las plataformas. Cuando yo empecé, eso no existía, claro. Tenías que ir a un estudio profesional con técnicos profesionales, un productor... Era más laborioso. Tiene la ventaja de que es mucho más accesible grabarse sus canciones, pero también el riesgo de amateurizarlo todo y restar importancia al sonido. Antes le dábamos mucha importancia a cómo sonaba un disco. Hoy, si alguien escucha música en el móvil, parece dar igual. Es paradójico: cuanta más tecnología, peor sonido.
“Hay un antes y un después de cuando la música empezó a consumirse en streaming. Eso ha sido una brecha en la evolución de la industria”
-P. Ahora el dinero entra por otros lados: las redes, la publicidad o TikTok. Imagino que el contraste es enorme.
-R. Sí, vivimos en otro mundo. La aparición de las redes sociales, el streaming y el consumo digital ha transformado el mundo. Tiene ventajas y aspectos negativos, pero, para bien o para mal, el mundo es totalmente diferente al que conocí cuando empezaba.
-P. ¿Ahora se puede vivir bien de la música sin esa exposición constante en redes?
-R. Hoy es imposible salir de esa dinámica. Si te sales, directamente desapareces de la industria y de la exposición pública. Yo creo que no hay alternativa más que renunciar a llegar a muchísima gente; sin esas herramientas te quedarías en un círculo muy pequeño. Nadie se plantea trabajar sin redes o plataformas. Yo no soy especialmente activo y lo llevo como puedo, la verdad. He llegado tarde a ellas, pero entiendo que la gente joven, que ha nacido con esto, es mucho más ágil.
-P. ¿Cuál dirías que es el secreto para mantenerte dedicándote a esto durante tantos años?
-R. Hay dos esferas. Para dedicarte profesionalmente, necesitas cierta suerte y que algo funcione, y cada vez es más difícil. Pero mucha gente crea sin dedicarse en exclusiva. Para mí lo ideal es vivir de lo que haces, aunque no siempre es posible. Seguir creando consiste en no perder la curiosidad: escuchar cosas nuevas, ver cosas nuevas, alimentarte de música, cine, arte, pintura. Y mantener la pasión y el reto de hacer cosas que aún no sabes hacer. No conformarte, ir más allá y mantener esa fuerza vital de seguir avanzando.
-P. Me gustaría que explicaras el nombre de la banda, Løse. Creo que significa “resolver” en danés.
-R. Tiene varios significados: resolver, solucionar, pero también soltar, desatar. Me quedo con eso, soltar amarras, desatarte de todo lo anterior y emprender un camino nuevo. Además, me gustaba que fuera una palabra corta. El grafismo del nombre es importante. Me atraen los términos nórdicos y este me llamó la atención por su significado y contundencia.
-P. Hablando de soltar, ¿crees que nos hace falta soltarnos más como sociedad?
-R. Más que soltarnos, hace falta prestar atención al que tenemos al lado. Pero para eso hay que tener paciencia y un poco de tiempo, algo que ahora parece un lujo. Escuchar de verdad otras posturas requiere calma. Ahora vivimos en un ritmo en el que no hay ni calma, ni paciencia, ni atención. La velocidad nos devora y me parece peligroso. Además, prestar atención a los demás es la única manera de aprender. Sin embargo, parece que mucha gente se aferra a convicciones inamovibles, y eso es peligroso.

-P. Para terminar, ¿la experiencia cambia la forma de hacer canciones?
-R. Sin duda. Tanto la experiencia creativa como la vital. Por un lado, esto es un oficio como cualquier otro con métodos y trucos que aprendes con la práctica. No creo que se aprenda a escribir canciones en una escuela: se aprende escribiéndolas y escuchando música. Las primeras suelen ser ingenuas y pobres, pero con paciencia mejoras. Por otro lado, tu experiencia vital se vuelca en la escritura. Mis canciones se nutren mucho de imágenes. Me parece muy importante lo que ves, pasear, viajar, mirar. Todo se incorpora. Creo que lo normal es escribir mejor con el tiempo. En general, los artistas en su madurez crean obras más profundas, aunque hay excepciones.
-P. Cuando hablas de excepciones, ¿piensas en alguien?
-R. No en alguien concreto, pero ocurre. Por ejemplo, algunos pintores encuentran pronto un camino interesante y luego esa llama se apaga. La creación es una búsqueda constante y no siempre encuentras. Pienso en Jackson Pollock, el pintor americano del expresionismo abstracto que murió bastante joven. Encontró su camino muy pronto y quizá luego no supo despegarse de él. Eso también puede ser peligroso para un artista.
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