Carlos Sadness, entre la introspección y la reflexión creativa en ‘El ruido de las estrellas’: “Parar es un lujo que no todo el mundo se puede permitir”

‘Infobae’ entrevista al músico, que lanza un nuevo libro que no es ni memoria ni biografía

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Carlos Sadness durante la promoción
Carlos Sadness durante la promoción de 'El ruido de las estrellas'.

Carlos Sadness (de apellido, Sánchez; Barcelona, 1984) lleva más de una década siendo una de las voces más reconocibles del pop alternativo en español, pero en El ruido de las estrellas (Lunwerg, 2025) cambia de escenario. El músico barcelonés publica su tercer libro, que no es una biografía ni unas memorias, sino un ejercicio de introspección en el que reflexiona sobre la creatividad, la infancia, la identidad y el exceso de estímulos que atraviesa la vida contemporánea, entre otros muchos temas.

El catalán recibe a Infobae España en su oficina de representación en Madrid, uno mes después del lanzamiento de estas nuevas 200 páginas. El artista, que próximamente publicará su cuarto álbum de estudio, reflexiona sobre la inteligencia artifical, el valor del arte, las redes sociales o la industria de la música en la actualidad. “Antes te preocupabas por hacer una canción. Cada día salen millones y ahora tienes que grabarte cuarenta reels y cuarenta TikToks para que alguien la escuche. Es un poco agotador”.

Pregunta. Llevo mucho tiempo dándole vueltas precisamente al tema de las emociones que cada uno tiene. En el libro, había cosas que pensaba: soy yo. No lo he escrito yo, pero podría haberlo hecho.

Respuesta. Un buen feedback que estoy recibiendo es ese: gente que me dice “empecé a leer el libro sin tener ni idea de lo que me iba a encontrar y me he emocionado”. Y me alegra mucho recibir eso y pensar: hostia, pues le ha sentado bien leerlo.

P. ¿Cómo se vende un libro así? Porque es introspectivo, pero no es una biografía ni unas memorias.

R. Es muy difícil. Yo creo que lo más complicado es explicar de qué va. Porque no es una biografía, pero cuenta cosas de la vida; tiene un punto creativo, pero utiliza la creatividad para hablar de la vida. Es un viaje introspectivo que va desde momentos preciosos que no quiero olvidar y explicar por qué no quiero olvidarlos hasta momentos difíciles con los que uno se encuentra y que no puede arrastrar toda la vida. Hay que hacer las paces con eso, con lo que no te gustó o con la persona que crees que te trató injustamente. Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que arrastrar pensamientos negativos o rencores es muy desgastante.

P. Imagino que tienes una capacidad de análisis emocional tremenda. No sé si vas al psicólogo, pero el tuyo debe leer esto y quedarse tranquilísimo.

R. Hay un capítulo que habla de una visita a una psicóloga muy pro, que es la que me dice eso de que estás viviendo tu primera vida. Es algo que me hace mucha gracia y que luego incluso menciono en una canción. No he ido tanto al psicólogo, pero sí he sentido que hay muchísima terapia en el arte: en escribir canciones, en escribir el libro… Hay un proceso terapéutico y de entendimiento con uno mismo muy importante. El lenguaje emocional es una de las cosas que más he trabajado en la vida, porque es la materia prima de la música, que es principalmente lo que hago.

P. También has contado que el libro lo has escrito durante cuatro años. Resulta curioso que, justo en ese tiempo, haya habido un auge enorme de la inteligencia artificial. Tú hablas mucho de creatividad. ¿Crees que la creatividad está en crisis?

R. No, porque creo que la gente sigue siendo creativa. A la IA no le puedes pedir creatividad: es muy buena recopilando, analizando y copiando. Eso, de algún modo, le da todavía más valor a la creatividad humana. No sé si algún día la IA será creativa, seguramente sí, pero ahora mismo se reivindica mucho la narrativa, y eso es difícil de sustituir. Estamos en el principio de algo y no sabemos hacia dónde va. La creatividad no se pierde. Es algo en constante evolución, muy viva, y que habla mucho de cada momento social.

La IA y la creatividad: “En el error hay algo de valor”

P. Cuánto más presente esté la IA, más vamos a valorar el arte hecho por personas.

R. Como no podemos luchar contra eso, habrá que aceptar la IA como una herramienta que facilite algunas cosas. Pero reivindicar la parte humana también es reivindicar que en el error hay algo de valor. Hay un capítulo del libro que habla del instinto y de cómo muchas veces elijo la primera idea, porque es la más espontánea. Para mí, la espontaneidad vale más que la búsqueda académica de la perfección. En un momento en el que la IA puede hacer algo perfecto, el valor no estará tanto en la perfección, sino en lo espontáneo y en lo natural. A veces una idea no es perfecta, pero es auténtica.

P. ¿Crees que escribir el libro ha sido también una forma de parar y escucharte a ti mismo? ¿Desde la cultura se debería hacer apología a parar y a reflexionar?

R. Desde la cultura y desde todos lados. Parar es fundamental. El tiempo ha perdido su medida humana. Hay demasiada información y demasiada emoción sin procesar, perdida. Parar se convierte en un lujo que no todo el mundo se puede permitir.

Me doy cuenta sobre todo cuando hago vuelos largos a Latinoamérica. De repente hay diez horas sin acceso a nada, y escribo o dibujo. A veces incluso me pongo muy sentimental en el avión, precisamente porque he parado. Es absurdo depender de un vuelo para hacer eso, pero reflexionar, meditar o parar es algo que, en algún momento, nos va a salvar.

“Habrá que aceptar la IA como una herramienta que facilite algunas cosas. Pero reivindicar la parte humana también es reivindicar que en el error hay algo de valor”

P. La música hoy en día parece consumirlo todo muy rápido: un single detrás de otro, discos que envejecen en semanas. Hace nada leí un tuit que decía que Lux [el cuarto álbum de Rosalía] había envejecido fatal, cuando salió hace poco más de dos meses.

R. Es lo que comentaba. La medida del tiempo no es humana y el consumo tampoco. Pasar tan por la superficie de todo va a generar un vacío. Nada se queda, nada permanece. Yo como cantante desde luego que no sé cuál es el remedio a eso, pero sí lo sufro: sacas una canción y en dos o tres semanas ya no está en la conversación. No sé cuál es el límite de todo esto. Igual lo revolucionario sería no sacar nada nuevo hasta que lo anterior haya sido escuchado. “Ya he sacado suficientemente música. No quiero sacar algo nuevo hasta que la gente no escuche lo antiguo”. De hecho, muchas veces lo he pensado, que igual no quiero hacer canciones nuevas porque hay canciones actuales que están por descubrir.

P. Llevas quince años publicando música en Spotify. ¿Qué cambio has notado en la industria?

R. Quince años desde la primera, sí, que aún ni siquiera me dedicaba a la música. Pero recuerdo la sensación de ver la canción y pensar: “¿habrá alguien en algún lugar del mundo escuchando esto durante el día de hoy?“. Y ahora entro en la aplicación y pone: hay mil personas escuchándote.

No ha habido tiempo para asimilarlo. La manera de tratar la música ha cambiado muchísimo, pero la de hacerla es muy parecida. Antes te preocupabas por hacer la canción. Cada día salen millones de canciones y ahora tienes que grabarte cuarenta reels y cuarenta TikToks para que alguien la escuche. Es un poco agotador. No todo el mundo disfruta de esa parte. Antes simplemente me preocupaba de hacer la canción y ahora de lo que me tengo que preocupar, sobre todo, es de cómo hacer que esa canción llegue.

“Antes te preocupabas por hacer la canción. Cada día salen millones de canciones y ahora tienes que grabarte cuarenta reels y cuarenta TikToks para que alguien la escuche. Es un poco agotador”

P. Hay una frase del libro que dice que ya no nos basta con vivir, todo debe convertirse en contenido.

R. Ha habido semanas en las que no he publicado nada y me he sentido mal porque pensaba que no estaba trabajando. Y claro, he estado trabajando muchísimo y por eso no he publicado nada. No me da la vida para sacar contenido de mi propia vida, pero de algún modo sientes que el mundo te lo exige. Es esa sensación de: “¿cómo puede ser que me sienta mal por no haber publicado nada en una semana?“.

P. ¿Qué consejo le darías a alguien saturado por la hiperconectividad?

R. No me encanta ser consejero, pero siento que ahora estamos muy, muy, muy, muy condicionados por la vorágine de la tendencia. Nos influye demasiado lo que en cada momento funciona, pero va tan rápido que creo que llegar tarde es un error. Me parece más interesante reivindicar la personalidad propia y la naturalidad, porque perseguir tendencias nos homogeneiza.

Mirar lo ‘accesible’ con otros ojos

P. También hay un apego creciente a lo analógico.

R. Sí, pero la gente se compra una cámara analógica para explicar que está utilizando una cámara analógica. Al final es el propio sistema alimentándose a sí mismo. Creo que hay que hacer las cosas sin pensar tanto en su exposición o en pertenecer a la actualidad. Sentimos que queremos pertenecer al presente que nos parece guay. Creo que eso juega muy en contra de nuestra personalidad porque obviamente hay muchas cosas que nos pueden gustar genuinamente a pesar de que estén en tendencia, pero muchas otras acabamos adaptando nuestra personalidad a ello.

Carlos Sadness durante la promoción
Carlos Sadness durante la promoción de 'El ruido de las estrellas'.

P. En el libro te fijas mucho en lo cotidiano.

R. Más que cotidiano, me gusta llamarlo accesible. Le damos valor a lo que cuesta conseguir, como esas vacaciones en Bali o unas zapatillas caras, pero en lo accesible hay mucha calma y mucho valor emocional.

Hay un capítulo que habla de unas vacaciones familiares en un apartamento pequeño, donde íbamos todos. Solo había un baño y se formaban colas para entrar. Un día a la semana cenábamos una pizza que comprábamos fuera y repartíamos entre todos. Y pienso: fíjate que ahora tengo dinero para irme a una playa lejana y comer en un restaurante increíble, pero en realidad lo que me haría feliz sería volver a esa pizza sencilla y a ese momento. Eso desmonta la idea de que el valor está en el dinero. El valor de las cosas es mucho más emocional, lo que pasa es que estamos despistados para verlo.

P. También hablas de tu infancia y de que cuando tenías 16 años te echaron del colegio por llevar el pelo largo. ¿Crees que si tu infancia hubiese sido más normativa, te hubieses dedicado hoy al arte?

R. Me cuesta mucho pensar en las vidas alternativas. Siempre he estado vinculado a lo creativo: al arte, y más tarde a la publicidad. Por eso me resulta difícil imaginar una versión alternativa de mí mismo.

En cuanto a la normatividad, creo que en la adolescencia uno busca salirse de ella de una manera más feroz que en la vida adulta. Con el tiempo te das cuenta de que hay muchas cosas normales muy interesantes y que, a veces, la excentricidad lo que hace es disimular una carencia o servir de disfraz. No rechazo la normatividad, pero sí le doy valor a haber buscado un poco más allá en la adolescencia.

Muchas veces eso se lleva por dentro desde que naces, aunque no lo sepas. El problema es cuando se convierte en una pose. En mi caso era una forma de comunicar a nivel estético: llevar el pelo largo o vestir de cierta manera era una manera de expresar inquietudes que quizá no sabía cómo compartir con los demás. También tenía que ver con la pertenencia. Cuando eres adolescente no tienes la seguridad de que tú mismo seas un lugar en el mundo, así que estás buscando ese lugar. Ahora siento que no necesito tanto un sitio en el mundo mientras esté en paz conmigo, pero cuando eres adolescente, sí que tienes esa necesidad de pertenecer.

P. También desmitificas la figura del artista. ¿Crees que los artistas están hoy más humanizados?

R. Sí, en parte porque hay más acceso a la vida cotidiana de cada uno. Están más humanizados porque hay también mucha más comunicación veinticuatro siete.

P. Dices que la ternura es un acto de rebeldía en un mundo donde se premia todo lo contrario.

R. Vivimos en un mundo diseñado desde la dureza y el individualismo. Se habla mucho de resiliencia o estoicismo dándole un significado que se aleja un poco del origen clásico. La ternura, el cariño y la amabilidad son una rebelión contra todo eso. Nos salva de esa frialdad.

Tuchico, la nueva canción de Carlos Sadness

P. Hablas de artistas como observadores del comportamiento humano. ¿Qué nombres con los que has colaborado o no se te vienen a la cabeza cuando pensabas en eso?

R. Para mí eso es clave. Creo que el artista tiene que ser un ávido observador del comportamiento humano, porque no siempre puedes hablar solo de lo que sientes tú. Te encuentras con otros comportamientos y es muy bonito ser empático, entenderlos y aceptar que hay gente diferente a ti, que piensa de otra manera. Creo que eso es una parte fundamental del artista.

Defiendo mucho que el artista me hable de un mundo que comparte conmigo, pero que lo ve desde su propio punto de vista. Por eso, casi siempre he admirado a los artistas que tienen una personalidad muy clara, esos de los que piensas: “Esto solo lo puede decir este artista”, porque es su manera de ver el mundo.

P. ¿Y piensas en alguien cuando lo dices?

R. Si tengo que pensar en gente de España, por ejemplo, creo que a nivel de escritura tiene esa personalidad Iván Ferreiro o La Bien Querida tienen una manera suya de expresarse.

P.: Para terminar, después de escribir el libro, ¿te sientes más libre o más vulnerable?

R.: El libro me ha hecho mucha compañía. Cuando lo terminé lo eché de menos. Me di cuenta de lo terapéutico que había sido. También siento pudor, porque expone de una manera más transparente que la música, y no estoy tan acostumbrado a una exposición tan quirúrgica.