‘Barrio Moscardó’, el libro sobre memoria y reconciliación que hermana barrios de Perú y Madrid

El escritor peruano Sergio Galarza presenta su nueva novela, una obra memorística dedicada al que es su barrio desde hace años, la Colonia Moscardó

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Sergio Galarza presenta el libro
Sergio Galarza presenta el libro 'Barrio Moscardó'.

El veranillo de San Miguel, sumado al regreso a la rutina o sobre todo al cierre parcial de la línea 6 del Metro de Madrid, está teniendo su reverso positivo en su descongestión del centro de la capital y apertura a otros barrios más periféricos. A unos kilómetros del centro —que cada vez parecen menos para los madrileños incapaces de encontrar piso en la ciudad—, al otro lado del río, brilla con luz propia la Colonia de Moscardó, un antiguo barrio originalmente para las familias más humildes de Madrid y que hoy es todo un símbolo de integración y convivencia.

Moscardó ha estado en las portadas durante los últimos meses por su equipo de fútbol —y no precisamente por el tema deportivo— y especialmente su entrenador Javi Poves. No es el exfutbolista y entrenador conocido por abogar por el terraplanismo el protagonista de estos días en el barrio, sino otro futbolero que también se ha granjeado sus propios enemigos. “Durante mucho tiempo fue uno de los escritores más odiados de la literatura peruana”, bromea Olga Martínez, de la editorial Candaya, encargada de presentar a ese escritor que durante años acaparó todos los premios a pesar de su juventud, y que ahora publica su primera novela en siete años, Barrio Moscardó. En el campo de fútbol del Moscardó, dónde si no.

Entre sillas de chiringuito, olor a ahumado y el ruido infantil de esos niños dando pelotas a un balón, la Colonia Moscardó se reúne en torno a la mesa que preside Galarza junto a Martínez y Alberto Nanclares, maestro de ceremonias en calidad de activista urbano, locutor en Mira tu calle del programa Efecto Doppler de Radio3 y, sobre todo, natural del barrio. Bajo un sol de justicia y entre el trasiego de chiquillos, familias y el propio Javi Poves, Galarza se hace oír para contar su historia de memoria y reconciliación. No con el barrio de Moscardó, sino con aquel en el que creció, el de Los Sauces de su Lima natal, Perú.

Imagen de la presentación del
Imagen de la presentación del libro Barrio Moscardó con la presencia del escritor Sergio Galarza y el activista y locutor Alberto Nanclares

De Los Sauces a Usera

“Llevé durante mucho tiempo con vergüenza el hecho de vivir en el mismo barrio con gente de aspecto amenazante”, comienza confesando Galarza. “Yo era de Los Sauces, un barrio dentro del distrito de Surquillo en Perú, pero mi madre no mencionaba nunca Surquillo”, explica el escritor. El peruano llegó a Madrid hace ya 20 años, y desde entonces ha pasado por multitud de barrios, desde la Plaza Mayor a la Chopera o la Elipa, además de Malasaña, de la que reconoce que ni era como la imaginaba ni “era tan moderna”.

Tantos años transitando por la geografía madrileña que concluyeron con su llegada a Usera, al barrio de Moscardó, donde el escritor se encuentra ya afincado con su mujer e hijos. En Barrio Moscardó, Galarza entreteje el relato actual con su yo de niño, aquel que se avergonzaba de un barrio con el que ahora siente la necesidad de reconciliarse, consciente de que uno “no es nunca tan feliz como en la infancia”. Pero más allá del relato memorístico, Barrio Moscardó es también una defensa a ultranza de la vida de barrio en oposición a la gentrificación que vive Madrid actualmente, y que fomenta esa falta de convivencia y cercanía que aún no ha llegado a este sureño barrio.

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“Poder venir los sábados y domingos aquí con mis hijos, a jugar al fútbol o simplemente verlo, es como ese capítulo de Los Simpson en el que van apareciendo todos los ciudadanos de Springfield, nos acabamos encontrando con todo el vecindario y poniendo al día, es maravilloso”, explica con una sonrisa el escritor, como socorrido ejemplo para ilustrar cómo en una mañana se pueden cruzar cientos de historias y hermanarse personas de procedencias y orígenes tan distintos, pero unidos en su amor por la comunidad a la que pertenecen. A los estuvieron, a los que llegan y a los que se tuvieron que ir, dedica el libro el autor, mientras mira con añoranza el terreno de juego a sus espaldas y recuerda sus pinitos como futbolista. Ahora vuelve a jugar sus mejores partidos sobre las páginas.