Robert Eggers, Bill Skarsgård y el resto del equipo de Nosferatu no tenían una tarea fácil cogiendo como referencia al monstruo de una de las películas más importantes de la historia del cine. Pensar en Nosferatu hasta hace muy poco era pensar en el Conde Orlok de Max Shreck, un personaje que a su vez estaba inspiradao en el Drácula de Bram Stoker pero que a su vez introducía nuevos elementos característicos y aun más aterradores, como sus puntiagudas orejas, sus alargadas manos o su mirada de ultratumba. Aun con todo, parece que Skarsgård ha logrado convencer con su nueva versión, pero el camino no ha sido nada fácil.
Sin estar al nivel de otros expertos como Javier Botet, Skarsgård se ha convertido en poco tiempo en uno de los grandes actores capaces de dar vida a espeluznantes criaturas, como el payaso Pennywise de la última adaptación de It de Stephen King. Tanto Botet como el sueco tienen en común haber encarnado al icónico vampiro, aunque el actor de 34 años lo haya hecho conectando directamente con la película de 1922 dirigida por F.W. Murnau. Pero el reto no se trataba solo de imitar a aquella perturbadora criatura, sino también incorporar elementos que hiciesen a su manera icónica esta nueva encarnación.
“Llevaba casi un año hablando con Robert. Tenía un molde real de Bill en casa y poco a poco fui trabajando en un esbozo de guía escultórica que marcaría el tono de la extensión de las prótesis y la profundidad del material que llevaría en el aspecto final. Además, pude explorar los elementos más importantes, como su edad, su poder y atractivo, su nobleza y el grado de su decadencia y putrefacción. Este proceso se convirtió en un taller durante los tres o cuatro meses siguientes, cuando empezamos a reunir todos los elementos y a probar el maquillaje en Bill. Una vez aprobado, produjimos los numerosos duplicados protésicos para el rodaje” cuenta David White, diseñador encargado de los efectos especiales para transformar a Skarsgård en el vampiro.
Aunque el director de La bruja y El faro ha recalcado en varias ocasiones que la película es más una relectura de Drácula que un remake de Nosferatu, lo cierto es que la trama se aproxima bastante más a esta. En ella un joven (Nicholas Hoult) que busca asentarse y formar su propia familia junto a su recién prometida (Lily-Rose Depp) viaja por negocios hasta un recóndito castillo para negociar con el Conde Orlok (Skarsgård), un viejo noble que pretende adquirir una propiedad a la que mudarse y necesita de sus servicios para formalizar los papeles. Sin embargo, pronto el joven descubre que Orlok es una criatura aterradora y, lo que es peor, que el motivo por el que él ha sido elegido no es en absoluto casual.

Una prótesis algo especial de regalo
Para dar forma a esa aterradora criatura de la noche, David White y su equipo requirieron de hasta 62 próstesis. “Tenía nueve sólo para la cabeza y la cara: cuello, nuca, barbilla, mejillas, labio inferior y superior, orejas, nariz, frente y puente nasal. También tiene prótesis en la parte superior e inferior de las manos, con ocho extensiones de dedos que incorporan uñas, y dos pulgares, cada uno con una prótesis de licuadora para disimular los bordes. En total eran 62 piezas protésicas que un equipo de seis personas tenía que aplicar”, detalla el responsable, quien añade que las jornadas podían durar hasta cuatro horas y media solo para la cabeza y las manos, y casi seis horas si se trataba del cuerpo entero.
No obstante, había dos elementos distintivo entre tanta prótesis, y no eran otros que los ojos y el bigote. Para lo primero utilizaron unas lentillas de contacto esclerales que transformaban los ojos en algo blanco y con aspecto lechoso, mientras que el bigote fue otra historia bien distinta. La pasión de Robert por las tradiciones de la época influyó mucho en el aspecto final. Como Orlok era de clase noble, Robert quería que llevara bigote y copete. Creo que este enfoque era totalmente correcto y nunca lo vi de otra manera después de eso. Cuando le quitas estos elementos, simplemente no parece Orlok”.
Pero de todas las piezas había una que merecía especial atención. Aunque Orlok se pasa la mayor parte de la película oculto entre las sombras, hacia el final revela su cuerpo en todo su esplendor, y con él algunos elementos de la anatomía masculina. Entre ellos, por supuesto, estaba un pene, que no pasó desapercibido para el reso del reparto. Tanto fue así que el director Robert Eggers cogió y al finalizar el rodaje se lo mandó a Nicholas Hoult por una vieja broma del rodaje y como recuerdo de la película. Para más inri, Hoult llevó la prótesis a ser enmarcada y asegura que ahora la tiene en su propia casa. Puede que Skarsgård haya dado vida a una nueva criatura para la posteridad, pero será finalmente su compañero de reparto quien se quedará con un pedacito de ella.
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