De la pasión por el cine de dos amigos a 25 años del Festival Internacional de Benalmádena

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Fermín Cabanillas

Benalmádena (Málaga), 10 oct (EFE).- Hace 25 años, dos amigos que cenaban en Benalmádena hablaban de su pasión por el cine y, en concreto, por los cortometrajes, una charla aparentemente banal con la que arranca la historia del primer cuarto de siglo del Festival Internacional de Cine de esta localidad malagueña.

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Aquellos dos amigos, Jaime Noguera y José Ramón Martínez, pusieron sin saberlo esa noche la semilla de mucho más que una selección de cortos proyectados en su primera edición, ya que han logrado situar a la Costa del Sol como una referencia del cine internacional en varios formatos cuando el otoño se despereza.

Este sábado, el Ficcab abre su XXV edición con una gala en la que se proyectará el documental ‘Landa’, de Gracia Querejeta y Miguel Olid, una edición que arranca tras mantenerse cada año con mucho esfuerzo, ganas y más contactos que presupuesto.

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Así lo asegura Jaime Noguera, periodista gestor de proyectos culturales y crítica cinematográfica con el que basta un minuto de conversación para apreciar que es de esas personas en las que Luis Eduardo Aute se inspiró para cantar “cine, cine, cine, cine, más cine, por favor”. Pero, eso sí, apostilla que “parece que un festival es todo disfrute y jolgorio, pero lleva un gran trabajo detrás”. A pesar del cansancio, está “ilusionado por sacar lo mejor de Benalmádena y su festival”.

Recordando aquella cena en una hamburguesería, Noguera explica que no se quedó solo en una conversación, sino que se dirigieron al ayuntamiento para exponer su proyecto. Solo pedían poder proyectar cortos en un espacio y tener todos los permisos legales para ello. “Fuimos a una concejala y nos puso en las manos 50.000 pesetas de la época” y el festival comenzó a rodar.

Con el tiempo se ha reconvertido en un certamen que acoge todo tipo de formatos de cine, ya sea en largo o en corto, y que ha ido aumentando en calidad “con prueba y error”, porque desde un rincón de la costa malagueña había que convencer a cineastas de todo el mundo para que fuesen allí a hablar de sus producciones, y no siempre fue fácil.

“Aprendí ingles muy joven, de modo que pensé que podía enviar mails a gente para pedirle que viniesen. Así, por ejemplo, después de tres años intentándolo, vino Ken Loach”, explica Jaime Noguera, que añade que con ese método de trabajo, con más ilusión que euros, este año llegan Gracia Querejeta, Leo Harlem, Kira Miró, Víctor Clavijo, Pedro Temboury y el ganador de dos Óscar Asghar Farhadi.

Otro secreto es que se tarda un año en prepararlo. “Al mismo tiempo que se celebra, ya se ven cosas que se podrían hacer al año siguiente, haces contactos y vas organizando la próxima edición”, dice su director, que puntualiza que -más que el presupuesto- ayuda que “aquí en octubre hay buen clima, es un lugar con playa, es más fácil traer gente a un festival que si fuese en Pirineos”.

Se trata, al final, de “suerte, contactos, que alguien consiga algo y crear una red de colaboradores y amigos”. Tal vez por eso una vez lo calificaron “como un festival bonsái, pequeño pero muy bien cuidado”.

Porque se ofrecen películas que difícilmente se podrían ver en plataformas. “Es una falsedad” que todo el cine esté concentrado en las App que se ven en casa. En Benalmádena “se ofrece cine de Siberia, Serbia o del Kurdistán iraquí y eso, en cualquier plataforma, es imposible”.

Ese es el espíritu de la cita que arranca este sábado, un festival que permite “abrir ventanas al mundo y ver cosas que pasan en universos paralelos mientras aquí nos tomamos una cañita”. EFE

fcs/bfv/ros

(Foto) (Vídeo)

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