Más esfuerzo que resultados en la terna de novilleros que abrió la Feria de Otoño

Guardar

Paco Aguado

Madrid, 1 oct (EFE).-  La terna de novilleros que ha abierto este jueves la Feria de Otoño de Madrid puso todo su esfuerzo y empeño ante unos utreros de El Retamar con más movilidad que verdadera casta, aunque ninguno llegara a concretar unos resultados más estimables en faenas demasiado largas y que fueron silenciadas por el público.

PUBLICIDAD

A los utreros, salvo dos puntuales excepciones, les faltó mayor celo y entrega ante los engaños desde que salían desentendidos del caballo, ofreciendo apenas unas buenas embestidas que los novilleros aprovecharon antes de extenderse demasiado en unos trasteos que fueron así perdiendo intensidad y conexión con el tendido.

Así le sucedió al aragonés El Mene, en la tarde de su despedida del escalafón menor antes de su alternativa en la próxima feria del Pilar. Fue a él a quien le tocó en suerte el novillo de más auténtica bravura, un primero de mucha clase pero medido de fuerzas con el que tardó un tanto en acoplarse.

PUBLICIDAD

Fue cuando dejó de intentar desplazar el impulso de las primeras arrancadas y citó más en corto, y con menos afán de ligazón, cuando ambos encontraron un mejor acople, sobre todo en una muy buena serie, ya muy tardía, que no fue suficiente para levantar el ambiente. En cambio, con el desrazado quinto, que nunca humilló ni tuvo recorrido, El Mene no logró desarrollar más que un muleteo insulso.

De la actuación de Nacho Torrejón destacó, por encima de todo lo demás, la firmeza y la seguridad con la que planteó ambos trasteos. Y especialmente el del segundo, que se movió mucho pero con una actitud incierta que no encogió al toledano, hasta el punto de que le llegó a cuajar una soberbia tanda de derechazos que ya acabó por desfondar al animal.

Al quinto, que se movió mucho aunque sin gran entrega, Torrejón le aprovechó también esas primeras inercias con un toreo ligado y fácil, pero lo mejor llegaría con la zurda, por donde más celo puso un novillo con el que siempre se recreó en los pases de remate de las tandas antes de perderlo todo con la espada.

Por su parte, Sergio Rollón, que sustituía al catalán Mario Vilau, salió muy decidido a parar a sus dos novillos con el capote, incluso lanceando al sexto con las dos rodillas en tierra. Sólo que ambos acabaron desarrollando distintas complicaciones.

El tercero, rajado a las primeras de cambio, no paró de puntear y de protestar en sus cortas arrancadas, aunque inesperadamente Rollón pudiera sacarle, mediado el trasteo, una buena serie de naturales que el animal ya no le dejó repetir en una labor que alargó, tal vez buscándolo, más de lo necesario.

Y el último de la sesión, el de más seriedad y cuajo del encierro, al que también abrió la faena de muleta con las dos rodillas en tierra, no dejó de soltar tornillazos cada vez más secos cuando perdió el impulso de los primeros arreones, desluciendo un nuevo esfuerzo del novillero madrileño.  

Seis novillos de El Retamar, de buena presencia pero desiguales de cuajo y cabezas, y muy justos de raza en su conjunto, descastados en varas y varios de ellos discretamente rajados y con poco fondo o aspereza. Para bien, destacó la clase con poca fuerza del primero, y la movilidad, sin excesivo celo, del quinto.

El Mene, de celeste y oro: pinchazo y estocada trasera (silencio); pinchazo y estocada tendida (silencio).

Nacho Torrejón, de berenjena y oro: estocada trasera, tendida y desprendida y descabello (silencio tras aviso); pinchazo y estocada caída y trasera (ovación).

Sergio Rollón, de blanco y plata, que sustituía a Mario Vilau: estocada delantera (ovación tras aviso); pinchazo hondo (silencio tras aviso)

Rollón se presentó en Las Ventas con el novillo Pamplinas, número 54, negro, de 487 kilos.

Primer festejo de la Feria de Otoño de Madrid, con más de tres cuartos del aforo cubierto (17.340 espectadores, según la empresa), en tarde agradable. EFE

pa/jlp

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD