Orejas para El Cid y Escribano con una muy notable corrida de Victorino en Santander

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Juan Antonio Sandoval

Santander, 23 jul (EFE).- Victorino Martín ha lidiado una corrida bien presentada, en sus diferentes hechuras, y de muy notable juego en la sexta del abono de la Feria de Santiago de Santander, en la que El Cid y Manuel Escribano han obtenido una oreja cada uno.

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El Cid le ha cortado una oreja al cuarto por un quehacer de más a menos, concentradas en el inicio muletero las frondosas series de naturales profundos, magníficas, ligadas, rítmicas, soportando estoico los amagos del cuatreño de vencerse hacia el diestro, hasta que un parón a la altura de los tobillos mediada la faena marcó el declive de una obra que iba para trasteo grande y que aún ofreció algunos pasajes templados antes de otro pinchazo y una estocada arriba.

El primero ha sido ovacionado de salida, largo, fino, hocico de rata, tocadito arriba de pitones, manifestación exacta del toro prototípico de Victorino, que nunca se ha entregado en el engaño de El Cid, que ha intentado empujar hacia adelante unas embestidas mentirosas y traicioneras y lo ha pinchado hasta cuatro veces.

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El cinqueño que ha hecho segundo ha tenido una nobleza extraordinaria y un poder muy limitado, lo que ha impedido a Manuel Escribano, que lo ha banderilleado con ajuste, apretarlo por abajo, siendo el muleteo un amplio catálogo de diversas alturas a las que conducir al toro, de necesarias pausas entre pases, de sutiles bamboleos de la muleta.

 Ha aflorado la versión más enclasada del matador sevillano, que ha ejecutado una obra preciosista, sutil y muy templada con poco eco en las plateas, emborronada con una estocada caída.

Escribano ha recibido al quinto con largas cambiadas de rodillas, una en los medios frente a chiqueros y otras dos al hilo de las tablas, ha vuelto a poner los palos con especial ajuste en el tercer par y ha ejecutado la estocada de la tarde y una de las mejores de la feria, volcándose sobre los pitones, que han viajado a centímetros de la bragueta, y enterrando el acero casi en el hoyo de las agujas, después de apurar mientras duró las acometidas potables del ‘victorino’, al que cortó una oreja.

El otro astado de cinco años del encierro (3º) ha regalado un gran pitón izquierdo a Tomás Rufo, que ha conseguido una serie de cuatro naturales y el de pecho sensacionales, pero no ha estado a la altura de la excelencia de unas embestidas que han prometido un paraíso y que han sido mucho más complicadas por el otro lado, por donde pedían una mano bajísima que sólo se le ofreció en una de las rondas, y lo ha pinchado.

El sexto ha enamorado de salida por colocar la cara a la altura de la arena y perseguir las telas como gateando, y Tomás Rufo ha catado su calidad en los amplios doblones de prólogo y en pasajes aislados de un trasteo que no ha llegado a cobrar el vuelo que se presentía, y que ha vuelto a pinchar.

Seis toros de Victorino Martín, bien presentados en sus diferentes hechuras. El primero de peligro sordo; muy noble con escaso poder el segundo; sensacional por el lado izquierdo el tercero; también bueno, con menos duración, el cuarto; de más a menos el quinto; de embestida muy humillada el buen sexto.

El Cid: cuatro pinchazos y estocada (silencio); pinchazo y estocada arriba (oreja).

Manuel Escribano: estocada caída (ovación tras leve petición); gran estocada (oreja tras aviso).

Tomás Rufo: pinchazo y estocada desprendida (ovación); pinchazo y estocada desprendida (ovación tras aviso).

Plaza de Cuatro Caminos. Sexta de abono de la Feria de Santiago de Santander. Algo más de dos tercios de entrada. EFE

jas/jls/jlp

(foto)

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