Eloy Vera
Puerto del Rosario (Fuerteventura), 30 jun (EFE).- Cuando el cubano Reinaldo Flores cayó en la irregularidad pensó que no estaría mucho tiempo así, pero ya han pasado 20 años. Ahora se agarra a la regularización extraordinaria con la que espera salir de los márgenes y acceder a la prestación que necesita, tras haber sufrido un ictus.
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Flores, de 64 años, se mueve por la casa de acogida de Fuerteventura en la que vive con la ayuda de una muleta, su compañera de vida desde 2023, cuando un ictus que le ató a la cama durante ocho meses y le dejó el lado izquierdo del cuerpo paralizado.
En una entrevista con EFE, recuerda su vida en La Habana, una existencia ordenada, "sin agobios" y con un trabajo de primer oficial de cubierta de barcos.
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En un viaje de trabajo llegó a Gran Canaria, donde conoció una tinerfeña de la que se enamoró y con la se casó en 1999. Un año después, se mudó a España con la residencia y la tarjeta de familiar comunitario durante cinco años que le proporcionaba su matrimonio.
En Fuerteventura encontró empleo como ayudante de topografía. La suerte le sonría, estaba cumpliendo el sueño de todo emigrante: contar con un trabajo y dinero para enviar remesas a su país.
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Sin embargo, en 2005 cayó en la irregularidad sobrevenida. "Tenía que renovar los papeles y se me fue la olla", confiesa. El olvido le salió caro, porque nunca más recuperó el permiso de residencia.
En estos 20 años, ha intentado varias veces legalizar su situación, pero todo ha sido "un peloteo", asegura, un camino de obstáculos burocráticos sin fin.
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En todo este tiempo, siempre trabajó, pero nunca con contrato. Y cuando consiguió que lo contrataran, asegura, tampoco le sirvió para regularizarse, porque el empleador no cumplía con el requisito de estar libre de deudas en Hacienda o la Seguridad Social.
A pesar de los tropiezos, nunca se ha arrepentido de venirse a España. En Cuba siguen sus hermanos que, por teléfono, le relatan las dificultades diarias que sufre el pueblo cubano.
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Mientras España le cerraba las puertas a la regularización, Reinaldo seguía adelante con sus planes de vida: trabajaba a destajo hasta reunir lo suficiente para crear un patrimonio: adquirió dos apartamentos y hasta una discoteca, hasta que la crisis económica le obligó a vender todos sus bienes.
Su situación administrativa irregular ha hecho que se le cierren las puertas a algunos empleos. "Sin los papeles no podía trabajar y sin un contrato tampoco podía tener un alquiler", dice.
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En 2023 sufrió un ictus. Al salir del hospital, se vio sin dinero para el alquiler y sin poder acceder a ningún tipo de prestación ni ayuda por estar en situación administrativa irregular.
Con este panorama, no le quedó otra que acudir a una casa de acogida gestionada por Misión Cristiana Moderna donde le dan techo y comida.
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El día que Reinaldo Flores escuchó al Gobierno español hablar de una regularización extraordinaria que permitiría a más de medio millón de personas salir del limbo de la clandestinidad y arrancar una nueva vida, el cubano sintió "una gran alegría".
Se puso en manos de Entre Mares, la asociación que vela por los derechos de las personas migrantes en Fuerteventura, y consiguió presentar la solicitud que ya ha sido admitida a trámite.
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Hasta llegar ahí, ha tenido que lidiar algunas batallas para conseguir el papeleo, entre ellos el certificado de antecedentes penales en Cuba, un país sin apenas conexión a internet y donde "hay que pagar por todo, pero con precios desorbitados".
Al final, su hermana consiguió fotografiar y enviar por el móvil los antecedentes penales expedidos por el Gobierno de Cuba, pero sin legalizar debido a los problemas de luz y de conexión a internet, un problema del que tampoco se libra el Consulado de España, con una gran demanda de solicitudes de legalización de antecedentes por parte de los cubanos que intentan acogerse a la regularización.
Tras 26 años en España, 20 de ellos invisible, Flores espera que el permiso de residencia sea el trampolín que le permita empezar una nueva vida; dejar la casa de acogida y poder acceder a alguna prestación social debido a su enfermedad e incapacidad para trabajar.
Cuando obtenga la residencia, la noticia no tardará en llegar a Cuba, "lo primero que haré será llamar a mi hermana", con los papeles en la mano sentirá que habrá triunfado o, como "dicen aquí, me habré coronado". EFE
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