Madrid, 13 jun (EFE).- La Agencia de Meteorología (Aemet) ha atribuido al cambio climático antropogénico la denominada "burbuja fría" del Atlántico Norte, una zona situada al sur de Groenlandia que, a diferencia de la mayor parte de los océanos del planeta, no se está calentando, sino que experimenta un enfriamiento.
Este fenómeno está relacionado con el debilitamiento de la AMOC, una gran corriente oceánica que actúa como una "cinta transportadora" de calor entre las aguas situadas en latitudes bajas y las ubicadas más al norte, hasta zonas próximas al polo, según ha explicado Aemet en su red social X.
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Si esta corriente se debilita, "el flujo de calor hasta latitudes altas es menos eficaz y las temperaturas de las aguas oceánicas pueden experimentar un descenso y esto es lo que se está observando en dicha burbuja, al sur de Groenlandia".
Por ahora, la burbuja es solo una señal más del cambio climático antropogénico, pero, según Aemet, es una "señal importante", porque pone sobre la mesa que cambios aún poco conocidos y tal vez poco probables pueden tener consecuencias muy importantes en el futuro.
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La Agencia de Meteorología ha apuntado que en un estudio reciente liderado por el físico y oceanógrafo alemán, Stefan Rahmstorf, se achaca el enfriamiento observado al debilitamiento de la AMOC, tras analizar los cambios en los flujos de calor en el océano durante las últimas décadas.
Las aguas oceánicas se están calentando en la mayor parte del planeta y, además, el deshielo de Groenlandia provoca cambios en la densidad del agua en el Atlántico Norte; Esa temperatura y la densidad del agua constituyen el "motor" de la AMOC, por lo que cambios en estos parámetros modifican la intensidad de esta circulación oceánica.
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En este punto, Aemet ha incidido en que la burbuja es una señal del calentamiento global y una muestra de lo que podría suceder en el futuro: "Si la AMOC se ralentizase o se frenase casi por completo -algo sobre lo que todavía no está claro cuándo podría suceder- se detendría el transporte de calor desde latitudes bajas hacia altas".
Dicha situación provocaría cambios importantes en el clima de las latitudes altas del hemisferio norte, con "inviernos más fríos en el noroeste de Europa y una posible reducción de las precipitaciones en el sur del continente", ha concluido. EFE
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