Alexia Putellas o cuando los galones marcan la diferencia

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Adrián Vázquez

Barcelona, 19 mar (EFE).- Tener a las mejores nunca resta. Es un seguro que no hace ruido, que puede diluirse durante 135 minutos y, de repente, irrumpir cuando el partido amenaza con encallarse como ocurrió en la eliminatoria de la Copa de la Reina que midió al Barcelona con el Badalona Women.

Las azulgranas jugaron a ratos contra sí mismas, espesas, en largo e imprecisas, como si cada pase costase el doble. El Badalona, en cambio, encontró en ese desorden una oportunidad para creer, para correr, para incomodar sin complejos, aferrado a la idea de que la historia también se escribe desde la osadía.

Y en ese contexto, cuando el partido pedía algo distinto, surgió el gesto mínimo que lo cambia todo. Un balón que se moría por línea de fondo, una carrera que parecía inútil. Pero no lo era para Patri Guijarro, que se negó a darlo por perdido, lo rescató con esa fe de quien entiende el oficio y lo devolvió al corazón del área. Allí, donde no llegan las dudas.

Ahí ya era territorio de Alexia Putellas. Apareció desde segunda línea, ese espacio que ha convertido en su firma propia, casi en rutina invisible. No necesitó más. Un golpeo seco, preciso, que rompió algo más que el marcador: quebró la resistencia emocional de un Badalona que había sostenido el pulso con dignidad hasta el borde del descanso.

Era un partido de jerarquías, aunque no lo pareciera durante largos tramos. De galones que no siempre se ven, pero que acaban pesando. El Barça cargaba con la obligación, once títulos no son solo historia, también son presión, mientras el rival jugaba con el descaro del que no tiene nada que perder y todo por estrenar.

"Hoy creo que no hemos hecho un buen partido, hemos jugado con distancias muy largas, no nos hemos relacionado bien en el centro del campo, hemos perdido balones innecesarios, nos han contraatacado por pérdidas que no tocaba hacer", dijo el técnico Pere Romeu tras el partido, con esa incomodidad honesta que delata a quien no se conforma solo con ganar.

También ahí se mide este Barcelona: en la contradicción. En llegar a otra final, la tercera copera consecutiva, y aun así marcharse con la sensación de que no basta. En exigirle al triunfo un "cómo". Y esta vez, ese "cómo" no fue un colectivo, fue un nombre propio.

Esa figura que sabe leer los momentos. Desde el punto de penalti, Putellas asumió el peso con naturalidad. Un disparo limpio, a la escuadra, de los que no admiten réplica, para duplicar la ventaja y cerrar discusiones, terminó de empujar a un Badalona que eligió morir de pie y que, durante muchos minutos, hizo creer que el guión podía ser otro.

Pero hay noches, incluso las más grises, en las que el talento no negocia. En las que basta un gesto, una llegada, un disparo, para recordarte por qué algunas futbolistas siempre deben estar ahí.

Aunque el partido deje resaca. Aunque no sea perfecto. Aunque el "cómo" siga siendo una cuenta pendiente. El Barça estará en Gran Canaria. Y, una vez más, lo estará porque, cuando todo se atasca, siempre encuentra a alguien que sabe exactamente cómo desatarlo. EFE

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