Treinta años de la tragedia de Dunblane, la gran cicatriz en la vida de Andy Murray

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Manuel Sánchez Gómez

Londres, 12 mar (EFE).- "Yo podría haber sido uno de los niños asesinados". Es una de las pocas frases que articula Andy Murray cuando rememora la masacre de Dunblane en 1996 en la que murieron 18 personas y de la que este viernes se cumplen treinta años. Él, con ocho años, era uno de los niños que asistió aquel día a la escuela, sin saber que un loco aparecería con cuatro pistolas a hacer famoso al pequeño pueblo escocés por las razones equivocadas. Hasta que creció Andy y se convirtió en uno de los mejores tenistas de la historia.

Thomas Hamilton era el nombre del desequilibrado que irrumpió en el gimnasio del colegio de primaria de Dunblane a las 9:30 de la mañana del 13 de marzo de 1996 con dos pistolas, dos revólveres y 700 cartuchos de balas. Disparó contra el grupo de alumnos que ocupaban el recinto. Quince infantes y una profesora fallecieron al momento. Otro niño perdió la vida camino del hospital. Hamilton, culminada su macabra obra, se metió la pistola en la boca y se suicidó.

Fueron apenas unos minutos que marcaron la historia de este pueblo dormitorio de Escocia. Un remanso de paz cuyo mayor reclamo era la catedral del siglo XIII ubicada en el centro de la localidad, la misma que estuvo abierta toda la noche en vigilia para recibir a las víctimas de la tragedia.

Hace ahora treinta años, Judy Murray regentaba una tienda de este pintoresco pueblo. Ella había sido tenista profesional, como su madre, pero agotada de viajar y de la inestabilidad de este deporte, lo dejó y se fue a Dunblane para criar a sus dos hijos, Jamie y Andy, de ocho y nueve años, respectivamente. La mañana del 13 de marzo era una más. O así lo parecía hasta que su compañera de trabajo descolgó el teléfono. "Dicen en la radio que ha habido un tiroteo en el colegio".

La madre de Judy irrumpió gritando en la tienda: "¡Ha habido un tiroteo!". Judy salió corriendo. "Solo recuerdo meterme en el coche y empezar a gritar a todo el mundo que se quitara de en medio", recuerda en la biografía de Andy "Hitting Back".

"Dejé el coche a mitad de camino y fui corriendo, pero había tanta policía frente al colegio que no nos dejaron pasar. Nadie sabía nada".

Judy fue conducida junto al resto de padres a un edificio cercano hasta que se aclarara la situación. En la espera y sin tener ningún dato, el peor momento fue cuando una persona entró en la sala y pidió que salieran los padres de los niños de la clase de la señorita Mayor. "Hubo una parte de mí que sintió un gran alivio, aunque al segundo me sentí culpable, porque una mujer a mi lado comenzó a gritar y llorar".

"¡Es la clase de mi hija!", dijo esta persona.

Judy no pudo abrazar a sus hijos hasta pasadas las 14:30. Andy y Jamie no entendían qué había pasado, porque ellos no estaban en el gimnasio cuando Hamilton comenzó la masacre. Estaban en clase, cantando canciones escondidos debajo de las mesas. Esa fue la orden que dio el director de la escuela cuando fue informado de lo que pasaba en el gimnasio. Su idea consiguió que cientos de niños nunca pudieran ver de cerca el horror.

Pero la noticia había corrido por Dunblane y ya se sabía que Hamilton, jefe del equipo de boy scouts, había sido el perpetrador del ataque. Por los nervios y las constantes preguntas de los chiquillos, Judy frenó el coche de camino a casa y les contó lo que había ocurrido. Jamie calló. Andy, no. "¿Por qué el señor Hamilton haría eso?", preguntó inocente, ya que había conocido a Hamilton en los scouts y sabía que su madre a veces le acercaba a la estación de tren después de las clases.

"¿Por qué se dispararía a sí mismo?", insistió el pequeño Murray, quien a día de hoy intenta no hablar mucho del tema y suele refugiarse en su juventud. "Apenas recuerdo nada, pero tampoco es algo que quiera recordar", señala en la biografía.

"Cuando tienes ocho o nueve años y vas en avión no tienes miedo. No crees que te pueda pasar nada. Cuando te haces mayor oyes hablar de los accidentes, un día hay turbulencias en tu vuelo y empiezas a tener miedo. Nunca me dio miedo volar hasta el 11-S. Con el tiroteo fue lo mismo. Era muy inocente y entonces se me vino el mundo encima".

"Si hubiera tenido 14 o 15 años me habría afectado mucho más. Me habría hecho una cicatriz mental, pero era tan joven que no me afectó", añade Murray.

El gimnasio fue derribado. Se construyó un memorial en su lugar y Dunblane siguió siendo conocido como el escenario de la mayor matanza en la historia del Reino Unido.

Hasta que Andy y su hermano cambiaron poco a poco la historia y los visitantes del pueblo fueron virando su mirada del colegio al buzón de oro y el banco de madera que recuerdan en forma de homenaje la medalla de oro olímpica de Murray en Londres 2012 y el Wimbledon conquistado en 2013, el primero para un británico en 77 años.

Jamie, además, ha ganado siete Grand Slams en dobles y ha sido número uno de la disciplina, contribuyendo también a la Copa Davis que ganó junto a Andy en 2015 y que fue la primera para los británicos desde 1936.

"Cuando la gente piensa en Dunblane, ya no solo piensa en los tiroteos. Ahora también dice: 'Ah, sí, de ahí son los Murray', apunta en el libro Judy, quien asistió orgullosa a la reconversión del pueblo cuando Andy escogió la catedral de la vigilia como lugar para su boda en 2015. EFE