Barcelona, 20 feb (EFE).- Un mes después del accidente ferroviario de Gelida (Barcelona), la crisis de movilidad en Cataluña no se ha disipado del todo, a pesar de que Rodalies ha recuperado el grueso del servicio afectado por las reparaciones de emergencia, como tampoco ha sanado el malvivir de los viajeros.
Después del trágico accidente del 18 de enero en Adamuz (Córdoba), con 46 fallecidos, todas las alarmas saltaron de nuevo la noche del 20 de enero cuando en Gelida (Barcelona) un tren de la R4 chocó contra un muro de contención de la AP-7 que, desgastado tras las intensas lluvias de los anteriores días en Cataluña, había caído sobre la vía.
Los maquinistas apenas tuvieron cinco segundos de margen para frenar el tren, insuficiente para evitar un choque que se cobró la vida de uno de ellos, un joven que estaba en prácticas; además, hubo 37 heridos, cinco de gravedad.
El trágico accidente desencadenó una cascada de reacciones que llevó a una crisis de movilidad sin precedentes en Cataluña, con incidentes de todo tipo desde desprendimientos de muros o taludes hasta fallos en el 'software' del sistema centralizado de señalización de Adif.
Tras el accidente, los maquinistas se negaron a conducir sin garantías de seguridad y posteriormente, tras un pacto con Renfe y Adif, se iniciaron revisiones de urgencias que llevaron a cortar más de una docena de tramos de la red de Rodalies -que se pasaron a hacer en autobús- y a reducir la velocidad de los trenes en decenas de puntos.
Por si esto no fuera poco, la AP-7 se tuvo que cortar en un tramo en sentido sur para retirar el tren accidentado en Gelida y reparar el muro.
Un mes después, la AP-7 funciona y se ha reabierto el grueso de los tramos cortados para las actuaciones de emergencia, excepto la R15 entre Reus y Riba-roja d'Ebre (Tarragona); el tramo del accidente, la R4 entre Sant Sadurní d'Anoia y Martorell (Barcelona); o la RL4 entre Cervera (Lleida) y Calaf (Barcelona).
Actualmente, Rodalies opera con casi el 90 % de su capacidad de red y el Gobierno y la Generalitat prevén que opere en abril sin ninguna de las limitaciones de velocidad derivadas de las obras de emergencia.
Quedan aún un centenar de puntos de reducción de velocidad y una setentena de actuaciones aún no finalizadas de las 91 que se identificaron inicialmente como puntos vulnerables, en trincheras, taludes, puentes o túneles.
Unos 400 técnicos se han dedicado estas semanas a revisar sobre el terreno todo el entorno de la infraestructura férrea, lo que ha permitido elaborar este inventario y adjudicar las obras de reparación.
"Trabajamos con la idea de que hemos tocado fondo y de que hemos tomado las decisiones para que el servicio vaya mejorando. Uno de los problemas que tenemos ahora es el exceso de actuaciones", ha asegurado este viernes el secretario de Estado de Transportes y Movilidad, José Antonio Santano, en una entrevista a TV3.
En estos momentos hay 210 limitaciones de velocidad en marcha (la mitad provocadas por las obras de emergencia), que se irán eliminando de manera progresiva.
A finales de este mes e inicios de marzo está previsto que se elimine las mayoría de las restricciones y, hasta que la situación no esté normalizada, el Govern mantiene activado el dispositivo de refuerzo de autobuses interurbanos y de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC).
En paralelo, Adif ha incorporado esta semana a la oficina técnica de Rodalies nuevos técnicos para reforzar el mantenimiento preventivo de la infraestructura.
Pese a todo ello, los usuarios siguen sufriendo un via crucis para desplazarse por el área metropolitana de Barcelona, por las numerosas limitaciones de velocidad por actuaciones o revisiones de la vía (tanto en Rodalies, Regionales como en larga distancia), que alargan los trayectos y provocan demoras.
En la esfera política, la crisis de movilidad ha sido el caballo de batalla del último mes; con el president Salvador Illa convaleciente de su osteomielitis púbica -el pasado lunes ya volvió al trabajo-. Los dardos se concentraron sobre todo en la consellera de Territorio, Sílvia Paneque -reprobada por el Parlament-, y en el conseller de Presidencia, Albert Dalmau.
En este mes han rodado dos cabezas -el director operativo de Rodalies, Josep Enric García Alemany, y el director general de Operaciones y Explotación de Adif, Raúl Míguez Bailo- y el secretario de Estado de Transportes, José Antonio Santano, se ha instalado durante varios días en Barcelona para afrontar la crisis, para la que se han destinado 90 millones a actuaciones de urgencia.
Un mes después, tanto Paneque como Santano ven cerca el final de la crisis, pero admiten que el servicio de Rodalies está lejos del nivel que debería tener, un problema que viene de lejos, de décadas de déficit de inversiones que están dispuestos a corregir, aseguran.
Ambos presentaron recientemente la renovación del Plan de Rodalies del periodo 2026–2030, con una inversión de 8.000 millones de euros (añadieron 1.700 al presupuesto que ya había) para una red de 1.100 km, 201 estaciones y 400.000 usuarios diarios.
Con estas inversiones, las mejoras llegarán con el tiempo, aseguran las dos administraciones; mientras tanto, los viajeros seguirán en esta "normalidad perversa" -como la definió Paneque- empleando lo que tanto saben hacer en los andenes: cargarse de paciencia y esperar. EFE
(foto)
Últimas Noticias
Robles reconoce fallos en el apoyo a la denunciante del DAO cuya actitud le produce "asco"
El Algarrobico, 20 años desde su paralización: una licencia aún vigente y una expropiación parcial en ciernes


