Antonio García
Navalosa (Ávila), 15 feb (EFE).- El traqueteo constante de los cencerros que portan a sus espaldas los aterradores 'cucurrumachos', ha inundado las calles de la pequeña localidad abulense de Navalosa (314 habitantes), que ha vuelto a celebrar el Domingo Gordo de Carnaval manteniendo intacta una tradición vinculada a las 'festas do entroido' y ritos de exaltación ganadera.
Estos seres ancestrales han protagonizado una fiesta declarada de interés turístico regional, que año tras año atrae a muchas personas que se ven sorprendidas por una singular costumbre protagonizada por los 'quintos nuevos', que en esta ocasión han sido todas mujeres, y los 'quintos viejos', ocultos bajo las mantas pingueras que sirven de atuendo a los 'cucurrumachos'.
Su atuendo se completa con unas llamativas máscaras de madera, rematadas con una cornamenta y pelambreras realizadas con crines y colas de caballo, a lo que se suman los cencerros y unos sacos repletos de paja que van arrojando a los asistentes, en el momento en el que están más despistados.
Hasta adquirir este aspecto horripilante, los 'quintos viejos' se han preparado en los garajes y casas de los vecinos de Navalosa, que se han convertido en el escenario de un ritual observado con curiosidad por los forasteros, que este año han sido algunos más que en ediciones anteriores, por una mejora del tiempo.
A partir de ese momento, ha comenzado el estruendo procedente de los cencerros portados a sus espaldas por los pavorosos cucurrumachos, en esta localidad que conserva esta celebración cuyo punto culminante ha tenido lugar ante un gran chopo instalado ante el Ayuntamiento.
En torno al mismo han danzado estos horripilantes seres, algunos más que otros años, acompañados por las serranas y las 'quintas nuevas', que han protagonizado uno de los carnavales más llamativos de la provincia de Ávila.
El habitual silencio que cada día inunda este pueblo situado a unos 60 kilómetros al sur de la capital, ha comenzado a romperse en torno a las 17.00 horas, cuando los cucurrumachos han comenzado a salir de sus 'guaridas', una vez completada su transformación, para dirigirse hacia la plaza.
De esta manera, han vuelto a protagonizar esta tradición vinculada a los ritos de exaltación ganadera, las gallegas 'festas do entroido' o a la tradición celta.
Irreconocibles para los asistentes, los cucurrumachos solo pueden emitir sonidos guturales, con el objetivo de no ser identificados, algo que resultaba muy útil en plena dictadura, cuando este tipo de fiestas siguió manteniéndose.
Una vez en la plaza del Ayuntamiento, donde se ha concentrado la mayor parte del público en torno al gran tronco de chopo, los cucurrumachos se han reunido con los 'quintos nuevos', que este año han sido cinco 'quintas' vestidas con traje típico de serranas.
De haber sido chicos, los 'quintos' habrían acudido ataviados con dos pañuelos, sombrero negro, cintas y escarapelas, así como con un bastón que este Domingo Gordo han portado ellas.
Por la mañana, las 'quintas' han recorrido buena parte de las casas de Navalosa para recoger el dinero y las viandas -huevos, aceite, galletas, botellas de vino...- que los vecinos les han dado y que compartirán con familiares y amigos.
Ya junto al tronco de chopo, los 'quintos viejos' y las 'quintas nuevas' han girado en torno al mayo y han jugado con el público, al que han arrojado numerosos sacos de paja que portaban a sus espaldas, mientras los congregados trataban de huir de forma infructuosa.
Durante el acto central se han leído coplillas realizadas por vecinas del pueblo, mientras se bailaba y bebía limonada en torno al mayo, antes de que se produjera la simbólica muerte de la vaquilla, representada por una de las 'quintas nuevas'.EFE
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(foto)
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