Jose Oliva
Barcelona, 11 ene (EFE).- "Tomás Luis de Victoria, Rameau o Skriabin merecen tanta admiración como Bach, Beethoven o Brahms", asegura el historiador del arte y divulgador Miguel Ángel Cajigal, más conocido como el Barroquista, quien reivindica además a las mujeres compositoras en su ensayo 'Otra historia de la música".
En una entrevista con EFE, Cajigal, crítico con el germanocentrismo del canon musical, lamenta que se haya extendido la creencia de que los mejores artistas son los que se enseñan en la escuela, protagonizan documentales y artículos y salen en todas las clasificaciones.
Por esta razón, señala, en la nómina oficiosa de mejores compositores se habla mucho alemán y poco español, ruso, francés o italiano. "Esto no hace que Bach, Beethoven o Brahms no merezcan admiración, pero también la merecen Tomás Luis de Victoria, Rameau o Skriabin y, sin embargo, no gozan del mismo consenso ni se les programa con tanta frecuencia fuera de sus países".
No menos crítico se muestra con la exclusión de las mujeres de ese canon y menciona que, cuando se explora el siglo XVIII, por ejemplo, se llega a la conclusión escrita de antemano de que los 'genios' musicales de ese siglo son hombres, obviando la dificultad de las mujeres para sostener una carrera en esa época.
"Sin embargo, en la Edad Media tenemos que una de las obras sonoras más brillantes de toda Europa pertenece a una mujer, Hildegarda de Bingen, y este hecho no se emplea para equilibrar la balanza; y compositoras como Francesca Caccini, Barbara Strozzi, Jacquet de La Guerre o Clara Wieck tuvieron un nivel parejo o superior al de muchos coetáneos suyos que se celebran como 'genios' y cuya música se graba y programa con más frecuencia que la de ellas", subraya.
El Barroquista comenta que tampoco se ha destinado el mismo esfuerzo en recuperar su música que la de sus colegas masculinos, "un sesgo lamentable que se prolonga también en los siglos XX y XXI, con un panorama lleno de grandes compositoras, desde Amy Beach y Florence Price hasta Gubaidúlina y Saariaho, sin que exista ningún argumento válido que justifique esta discriminación".
Para Cajigal, la desaparición casi total de la gran música española del siglo XVIII y parte del XIX del relato canónico quizá se explica por "la decadencia del poder español en el mundo, así como la adopción de géneros musicales locales que no tuvieron mucho gancho fuera del territorio hispano".
Cabe recordar, agrega el autor, que "la corona hispánica fue una gran importadora de talento, desde la querencia de los Habsburgo por la música flamenca hasta la pasión de muchos Borbones por la música italiana, quizás otra consecuencia de haber tenido dos dinastías 'importadas' haya sido el escaso vuelo de compositores españoles".
En su opinión, la industria discográfica ha jugado un papel fundamental para solidificar el canon musical, "más por las grabaciones que por las temporadas orquestales", y añade: "Hay cientos de películas en las que se utiliza música de Bach, Mozart o Beethoven; hay, literalmente, centenares de versiones de las obras más famosas de estos tres compositores".
La maquinaria discográfica nunca tiene bastantes versiones de las 'Variaciones Goldberg' o de la 'Quinta Sinfonía', mientras que para decenas de grandes compositores y compositoras apenas hay registros o solo se graban sus obras más destacadas.
En el libro, el Barroquista destaca el poder emocional del lenguaje musical y describe "el motor de historias, celebraciones y tragedias" que inspiran desde los cantos de los esclavos africanos hasta la revolución K-pop, pasando por la transgresión de Rosalía y la pureza matemática de Bach.
El historiador del arte arremete asimismo contra cierto "elitismo musical" y defiende que "la música clásica se trate en la escuela como cualquier otra música" y se despoje del "aura sagrada" que la aleja de la población. "Una sinfonía clásica no es más difícil de escuchar que un concierto de jazz o de flamenco", apunta.
Cajigal se muestra receloso de la "interpretación historicista" de la música pues "no sabemos cómo interpretaba Haydn sus sinfonías o cómo le gustaba a Mozart que se tocasen y cantasen sus óperas".
Cuando se escuchan las primeras grabaciones de música clásica sorprende que "se hacían con tempos mucho más lentos y con elementos expresivos que hoy se considerarían de mal gusto", y si eso sucede con obras de poco más de un siglo, la distorsión es aún mayor con los conciertos de Vivaldi.
"Aunque la musicología se esfuerza en reconstruir esas formas de interpretación, normalmente son más hipótesis que certezas", asegura Miguel Ángel Cajigal. EFE.

